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Una licenciada y docente hace preguntas sobre la salud mental en estos tiempos de pandemia, mientras un abuelo nos aporta su pasión por la poesía para graficar este momento, agradeciendo al sol
martes, 14 de abril de 2020 · 08:00

La situación actual, que tanto ha impactado en nuestro cotidiano, nos obliga a preguntarnos (no importa cuánto nos resistamos) qué hemos hecho con nuestra vida diaria.

¿Tal vez el mayor impacto se vivenció  por la época del año? Cuando todos estamos dispuestos a apretar el acelerador tras los proyectos que empiezan a ser la gran zanahoria tras la cual correr.

El ritmo creciente de los estilos de vida actuales, en el cual las personas saltan de una ocupación a la otra, asociada a altos niveles de estrés, se ha visto abruptamente interrumpido.

¿Qué hacemos con este estado de alerta y resolución constante? ¿Y ahora? Todo se detuvo de repente y ya no hay problemas que resolver; más que la rutina.

Y aparece un nuevo fenómeno (al menos para una parte de la sociedad) la no rutina. “...Gran parte de lo que hacemos se asemeja a lo que hemos hecho antes…”, señala Gary Kielhofner. ¡Eso es la rutina! ¡Lo conocido! ¡Lo seguro! Donde la incertidumbre se aquieta en cada actividad diaria.

¿Cuánta energía psíquica gastamos para hacer el café de la mañana o recorrer el camino para ir a trabajar... poco, no?  Las rutinas son estructuradas de modo repetitivo a los días previos, a los itinerarios, personas y tareas. Estas rutinas son realizadas de modo automático, sin necesidad de planear o reflexionar lo que estamos haciendo.

¿Por qué no ha sido fácil adaptarnos a esta no rutina? Porque representa un esfuerzo cognitivo de adaptación.

Porque cuando repetimos una conducta en un contexto constante, aprendemos a filtrar aquello irrelevante y a prestar atención selectivamente, cambia mi vida diaria... debo prestar más atención.

La modificación brusca y la reconstrucción de una nueva rutina, en un entorno que impone estímulos (sujetos, objetos, sonidos, olores) y nuevas formas de realización de tareas (tiempo-espacio) provoca un impacto en nuestras capacidades cognitivas y en nuestro sistema inmune. Podemos presentar manifestaciones conductuales y signos de angustia o ansiedad ante esta nueva situación.

¿Qué dicen los que saben de nuestro cerebro y su relación al estrés?

Las funciones ejecutivas donde la corteza prefrontal juega un papel principal en su control y monitoreo, no solamente participan en planificar, organizar, anticipar, inhibir, sino también juega un papel fundamental en la coordinación de la cognición y la emoción. Estas funciones son muy susceptibles al estrés.

¿Esto quiere decir que si estamos estresados nuestra emocionalidad se vuelve frágil?

¿Nos volvemos más impulsivos? ¿Medimos menos o mal las consecuencias de nuestras acciones o decisiones?  ¿Nos cuesta organizar,  planificar y resolver?

¿Ahora podemos entender por qué no ha sido fácil el home office, educar en la casa, mantener el ejercicio diario y todas las demandas sociales que pretenden para estar sanos?

¿Por lo tanto el estrés es una “respuesta esperada a una situación inesperada...”? (Dr.  Hugo Cohen).

Tal vez. Ya que la sensación de control y  previsión que podamos tener de la situación hace a la magnitud de la respuesta de estrés.

Tal vez este tiempo es una posibilidad de transformar-nos a través de la ocupación, a partir de un hacer-con-sentido cotidiano. El sentido se refiere tanto al modo como se hacen las cosas (¿por qué y para qué hago las cosas?), como al modo como se es cuando se hace algo (¿quién soy cuando hago algo?, ¿quién soy si, para ser quien soy, debo hacer?). Finalmente el sentido se anuda en los vínculos (¿para o con quién/quiénes hago lo que hago?).

¿Y por qué al inicio ofrezco más cuestionamientos que certezas? Porque si cambiamos la pregunta aparecen nuevas respuestas.

Licenciada María Verónica Nardelli (matrícula 10.697) - Servicio de Salud Mental Estrés (Villa María) - Docente Lic. en Terapia Ocupacional UNVM

 

 

Gracias sol

Hola Sol… buen día

¿cómo nos ves desde arriba?

Parecemos hormigas... que vienen y van

nos tropezamos, caemos... y volvemos a caer

sin corregir nuestros pasos...

sin ton ni son... nuestro andar.

 

Sol amigo... ¿Te vienen a visitar?

-Sí, el bueno del “Principito”  siempre viene a dialogar me decía en estos días... te acordás de esta canción?:

“Piececitos desnudos azulosos de frío...

cómo os ven y no os cubren. Dios mío...”.

 

Que pena los de la Tierra...

tanto dolor y aflicción.

Ojalá que pronto cambien y abran grande el corazón...

Me da pena algunos ricos

de piedra su corazón

y de barro su razón...

...por no pensar en los pobres

que duermen sin una manta...

sin tapados ni colchón...

 

Para qué tanta riqueza...

corrupción y ambición.

 

Para qué tanto tener

si cuando vuelvan a casa

nada se pueden traer.

“¿Amaos los unos a los otros”

cuándo lo vamos a hacer?

 

Animate a hacer un cambio:

abraza pronto a tu hermano...

decile que lo querés... que puede contar contigo... decile

que lo querés.

Pedí perdón si hace falta... no te vas a arrepentir

que este sol que nos alumbra

no dejará de alumbrar.

 

Sol amigo... la noche te está llamando.

Ya te tienes que esconder

gracias por las enseñanzas.

Que todos nos encontremos

que haya más amor y paz...

así nos ves desde arriba

más felices caminar...

más sereno nuestro andar.

Gracias Sol

Gracias Sol

Gracias Sol.

Horacio  - 6.514.917

 

El aprovecha cada rayito de sol

lo deja entrar a su corazón

y escribe una canción.

Convierte situación de cualquier estación

en una reflexión con aires de primavera.

Ay, ojalá todos tuvieran

un abuelo poeta.

Agostina, nieta de Horacio

 

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