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lunes, 17 de febrero de 2020 · 11:00

Innecesario

En particular los villanovenses arrancamos 2020 a full tributando a nivel local. Lo que nos diferencia con la Provincia, Nación u otros municipios es el hecho de que nuestra ciudad toma como valor imponible para sus tributos la valuación real en lugar de la valuación fiscal, lo que trae como consecuencia el aumento sideral de las tasas municipales en nuestra ciudad.

“Con esta lógica no entendemos por qué desde la Secretaría de Hacienda y Finanzas, argumentan en un reportaje brindado el día martes, 4 de febrero pasado en El Diario del centro del país que los valores de referencia, no fueron actualizados desde el año 2013. Sin embargo, los impuestos durante esos años aumentaron casi un 50% en promedio interanual”. 

En noviembre de 2019, desde la Secretaría de Finanzas y Economía del Ejecutivo villanovense nos mintieron al decir públicamente que iban a afianzar la progresividad de las tasas, y que el aumento mínimo en promedio iba a ser de un 30%. En muchos casos una familia trabajadora de barrio tiene que pagar este 2020 un 90% más. Esta mentira suma nuevos capítulos en los medios al afirmar un desinterés cuando el Ejecutivo municipal no respondió ninguno de los informes solicitados y desde el órgano deliberativo no se aprobó semejante arrebato a los bolsillos del contribuyente local.

Podemos enumerar muchos tributos: Tasa de Servicios a la Propiedad, Tasa de Comercio e Industria, Tasa de Registro Automotor, Tasa por fondo de Obras, Tasa por extensión de red de gas, etcétera, etcétera, pero la cuestión real radica en que ESTE IMPUESTAZO ES INJUSTIFICADO para el caso local. Repito lo anterior, las tasas en Villa Nueva venían aumentando sistemáticamente, la presión impositiva venía siendo alta, por lo cual no hay razón ni fundamentos para aumentar desmedidamente los impuestos, sino que lo sensato sería gestionar mejor el Estado.

Como vecino villanovense, y como funcionario electo por el pueblo en mi responsabilidad de Tribunal de Cuentas no puedo dejar de remarcar esta cuasi-confiscación de los ingresos del trabajador local. Las pruebas concretas las tenemos en los innumerables comprobantes de pago de tasas municipales que vecinos nos han alcanzado, también en nuestras posiciones públicas como funcionarios a la hora de poner en voz lo que el vecino muchas veces no logra.

Lo que el intendente tiene que comprender es que estos aumentos siderales en las tasas y la excesiva presión fiscal municipal desalienta el pago real de aquellos vecinos que con buena fe destinan una gran parte de sus ingresos para hacer frente a todo el esquema impositivo, y que por la tanto puede minar su recaudación presente y futura, la que le permite retribuir estos excesivos montos tarifarios en conceptos de servicios a los villanovenses.

 

Sergio Aguilar (tribuno de Cuentas)

 

 

La masculinidad

La masculinidad habitual que culturalmente nos han enseñado y hemos aprendido, es psicológicamente dañina, y socializar a los niños para que supriman sus emociones causa daños tanto externamente, como en su interior. Esta reflexión forma parte de la guía lanzada por la Asociación Americana de Psicología (APA). Desde allí se dan una serie de pautas a les psicólogues para trabajar con niños y hombres. Se pone el centro en el peso negativo del rol del género masculino, y es desde allí de donde se desprenden datos como, por ejemplo: los hombres son cuatro veces más propensos al suicidio que las mujeres. Y aunque son más los hombres que se suicidan, las mujeres presentan mayores porcentajes de depresión. Esta información, según les psicólogues americanos, pone de manifiesto ese silencio emocional en el que vivimos los hombres, por un mandato social mal entendido, mal aprendido y nunca cuestionado por la sociedad.

Claramente referimos a la masculinidad tóxica, hegemónica, perjudicial que, tras muchos años de investigación, queda confundida en conceptos como el valor, la potencia, la agresividad, la competencia, la aptitud o el sexismo.

Tengamos claro que el peso de los estereotipos de género de ninguna manera significa desechar todos los “valores” propios de esa forma conocida de la masculinidad. Eso sí, los roles vinculados a la masculinidad tradicional, hegemónica y tóxica, desde ya suponen un lastre, que además puede producir consecuencias fisiológicas.

Tal cual como se está abordando el daño de estos roles de la masculinidad tradicional sobre las mujeres, sobre los otros géneros y las disidencias, es sumamente necesario hablar de los hombres. Ser un hombre tradicional, tiene un alto precio.

Día tras día, los hombres cometemos el 99,99% de los homicidios, el 78% de las víctimas de homicidio son otros hombres, la esperanza de vida es menor, los niños tienen más probabilidades de ser diagnosticados por déficit de atención y entre otras cuestiones, tienen muchos más números de ser castigados en el colegio y mayor fracaso escolar.

“Los hombres podemos cambiar.  Solo así lograremos un mundo más justo y equitativo”

Es con este argumento que se pide a les psicólogues que sean conscientes de que este “ideal masculino dominante” nos coarta la expresión emocional y embellece el sufrimiento ya desde nuestras primeras edades y que, finalmente, termina empobreciéndonos como personas.

Los hombres nos beneficiamos con el patriarcado pero, a la vez, estos privilegios nos dejan angostos caminos para recorrer.

Ese ideal de hombre silencioso, semitonto, estereotipado personaje de televisión, es a veces la imagen que toman algunes profesionales de la salud mental (sin perspectiva de género), no siendo éste el mejor ejemplo a seguir.

Aún hoy se pone el acento en los niños desde su corta edad a ser autosuficientes, fuertes, a minimizar sus problemas y que los resuelvan solos; ello complica en su futuro la capacidad para requerir ayuda y hasta puede provocar sentimiento de soledad, construir personalidades inseguras y con una baja tolerancia a la frustración.

Si bien no podemos hablar de hombres como categoría única, resulta difícil escapar a esa presión social, cultural aprendida y aprehendida; nuestra tarea como varones es reinterpretar esa visión limitada y cerrada.

Siempre nos enseñaron y destacaron que el liderazgo, el valor, la capacidad de mando puede salvar vidas, fuimos criados dentro del “paradigma del soldado” y ello nos ha habilitado a llevar estas nefastas actitudes a todas partes, hasta hacerlas entrar en el ámbito personal, familiar y laboral.

Aprendimos a vincular la falta de bienestar en la pareja con esos roles masculinos, hegemónicos dominantes y con ello provocar conflictos de todo tipo; demostrando que somos machos que nos aguantamos todo; por allí se ubica la importancia de implicarnos en el cuidado de nuestros hijes.

Inmersos en esta masculinidad tradicional y aún con los avances que se han producido por la gran tarea de los feminismos, no resulta fácil desprenderse, lo cual no nos exime de ninguna responsabilidad. Advertir sobre estos daños, nos indica también que los hombres somos emocionales, podemos adaptarnos y, por lo tanto, también romper estos moldes cuando tomamos conciencia de ello. El gran debate sobre el género felizmente se abrió por el lado de los feminismos; sobre cómo se violentaba a las mujeres y es desde allí desde donde se observa la necesidad de analizar también los mandatos a los que estamos sometidos los varones dentro del sistema machista.

“Los hombres podemos cambiar.  Solo así lograremos un mundo más justo y equitativo”.

Daniel Massara

DNI 10905074

Psi.Social (Esc. Psicología Social Enrique Pichon- Rivière)

Maestrando en Género y Masculinidades (Univ. Complutense de Madrid)

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