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Alberto, ¿una bisagra para el feminismo?
En la arena política ha irrumpido un movimiento de mujeres que tensionan el actual modelo y ponen en juego una nueva mirada acerca del mundo, con preguntas tales como: ¿por qué las mujeres no pueden ejercer el derecho a decidir sobre sus cuerpos?, ¿por qué están obligadas a ser madres?, ¿por qué si deciden interrumpir un embarazo deben hacerlo en la clandestinidad?, ¿por qué las creencias religiosas deben interferir en la decisión de cuándo ser madre?, ¿verdaderamente existe un Estado laico?, ¿por qué el Estado no le garantiza a las mujeres la posibilidad de elegir?, ¿por qué las mujeres no ocupan los mismos espacios de poder que los hombres?
Las luchas por la conquista de los derechos de las mujeres tienen sus orígenes siglos atrás, desde la ilustración a esta parte, desde el momento en que la mujer asume una postura política, para lo cual plantea la necesidad de desarticular una mirada biologicista para poder descubrir el género.
Ya en el siglo XXI el movimiento feminista articuló diferentes discursos, estableciendo relaciones contingentes y variables, lo que propició la construcción de una cadena de equivalencia entre diferentes luchas, que brindó la posibilidad de realizar una articulación entre las demandas de las mujeres, pero también de aquellos sectores excluidos como las y los homosexuales, las y los negros, constituyendo así una nueva estructura discursiva.
En Argentina, en 2005, surge la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, gestada por organizaciones feministas, a partir del Encuentro Nacional de Mujeres (movimiento que se realiza anualmente en Argentina desde 1986, es un espacio de debate y reflexión en torno al feminismo y el camino para la emancipación de la mujer) del año 2003 y 2004; la campaña logró dar visibilidad y organización al histórico trabajo realizado por todas las organizaciones involucradas. La articulación de ésta permitió posicionar a la campaña como la interlocutora válida para expresar sus demandas frente a los tres poderes del estado, movimientos sociales, partidos políticos, universidades, etcétera; así se constituyó en un destacado actor social.
El 03 de junio de 2015, irrumpe en el escenario público la convocatoria a una marcha en repudio a la muerte de Chara Pérez (14 años santafesina, su novio la mata estando embarazada), este hecho produjo un cambio, a través del cual emergerá el colectivo Ni Una Menos en Argentina el que, a la manera de un significante vacío, permitió que una de las demandas (la legalización del aborto) se impusiera sobre otras, configurando un nuevo discurso hegemónico, que ha puesto en tensión dos visiones sobre el sujeto mujer.
La primera de ellas, impulsada por las y los defensores de las dos vidas, representados en los pañuelos celestes, proponen pensar el cuerpo de la mujer solo como territorio de la relación madre-hijo, que es lo que se debe proteger, reduciendo a las mujeres a un estado de objeto material. En oposición a esta realidad, aparece una segunda visión, un nuevo discurso, el feminista, representado por un pañuelo verde, el cual comienza a interpelar la realidad existente, sosteniendo como principal argumento la posibilidad de decidir sobre sus cuerpos.
Esta disputa puso a la mujer en un lugar diferente, en el centro de la arena política, exigiendo al Estado que tome decisiones a través de los representes del pueblo (diputados y senadores) sobre una política pública de salud, que implique bajar el número de muertes de mujeres por abortos realizados en la clandestinidad.
Implica también que las mujeres desafíen al sistema patriarcal, a las normativas sociales, culturales y legales con las que se decide sobre sus cuerpos, según Martha Rosenberg “el primer territorio para el ejercicio de la soberanía”, rompiendo con el modelo de la naturaleza, en el cual se sitúa a la mujer solo como un cuerpo-incubadora, encargada de las tareas del hogar.
Durante los últimos años fueron construyéndose las condiciones de posibilidad para que el proyecto de ley fuera tratado en el Congreso de la Nación, durante el año 2018 fue tratado por ambas cámaras y no logró aprobación, esto constituyó un escenario diferente. Durante 2019 en pleno año electoral, los candidatos a presidente (varones todos) debieron emitir una opinión en relación al tema, tanto en la campaña política, como en ambos debates presidenciales.
En una Argentina dividida entre pañuelos celestes y pañuelos verdes, lo que provoca un alto nivel de conflictividad (siempre moral), el actual presidente de la Nación, expresa un posicionamiento a favor de la aprobación de una ley que permita la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), como así también reconoce que el feminismo ha puesto en la agenda política otras demandas, desde donde se exige al Estado (re)pensar la elaboración de las políticas públicas con una perspectiva de género, por lo cual ha puesto en funcionamiento el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad.
Las acciones del presidente Alberto Fernández están en consonancia con lo que está sucediendo en la sociedad, en este contexto de conflicto, en donde el movimiento de mujeres desafía el sistema establecido, el patriarcado. Fernández, pone en discusión las normas culturales de dominación del hombre sobre la mujer, como así también la institución de la familia y las heterónomas reinantes.
Es claro, que ha llegado a la Argentina un tiempo diferente, abismalmente distinto a los últimos cuatro años de aplicación de políticas neoliberales, pero en un contexto de crisis a nivel latinoamericano; por lo tanto, las miradas de los grandes grupos económicos y de los hacedores de golpes de Estado están centradas en qué pasa en el gobierno de Fernández–Fernández, por lo cual, los y las argentinas tendrán la responsabilidad de poder sostener un proyecto político que permita pensar las relaciones sociales desde un lugar distinto.
Muchas y muchos han comenzado a pensar que Alberto Fernández no será un presidente tradicional, ya que no solo se proclama a favor de la implementación de una la ley de interrupción voluntaria del embarazo; sino que es el primer presidente que asume sin estar casado, por lo tanto, la figura de la primera dama está ocupada por “su novia”. Mayor revuelo aún ha causado el hecho que su hijo Estanislao sea una fuerte figura del movimiento drag queen en Argentina. ¿Será el Gobierno de Fernández, una bisagra que permitirá avanzar hacia un nuevo modelo?
Se va a caer.
Melina Mosquera Díaz
DNI 28.064.228
Estudiante de Ciencia Política
Universidad Nacional de Villa María
