Uber, taxis y remises en una olla política y a fuego lento

La pelea de pobre contra pobre

sábado, 14 de septiembre de 2019 · 10:00

Escribe Roberto Zayas
Fotógrafo de El Diario
(aunque para esta nota, ciudadano de a pie)

Una nueva contienda entre pobres se avecina a la Villa. La llegada de Uber a la ciudad trae malestar a los taxistas y, si uno escarba en la memoria, la historia conlleva una cierta continuidad: recuerdo que los actuales taxistas son los antiguos remiseros. Al mirar en retrospectiva, es inevitable el deja vú (a esto ya lo vi, ya lo viví).

Recuerdo que los taxistas de los 90 -otra época de crisis- mantuvieron una lucha que duró muchos años, ya que los expulsados del sistema de trabajo formal de aquel momento decidieron invertir sus indemnizaciones en la compra de algún auto para transformarse en remiseros.

A modo de anécdota de ese tiempo, un compañero de trabajo me comentaba que él era muy joven y que con su padre habían tomado un taxi que, al llegar a un paso a nivel, fue detenido durante algunos minutos por el paso de un convoy ferroviario. En ese lapso, el taxista comentó que “por fin se iban a acabar esos vagos”, refiriéndose a una situación del momento (el Gobierno de Carlos Menem acababa de desguazar los ferrocarriles y comenzaba a echar e indemnizar a los trabajadores estatales). A ello, el padre de mi amigo respondió: “Te vas a arrepentir de lo que pensás”. Todo quedó ahí, pero la realidad hizo que cientos de indemnizados, que no eran vagos y querían trabajar , buscaran una salida que los llevó a transformarse en remiseros.  Muchos recordarán que la gente decía, casi en modo burlesco, que en las calles había “más remises que autos”.

Los actuales muchachos del volante que con sacrificio pasan muchas horas de su vida sentados en el vehículo, que todo el día sintonizan Cadena 3 y que al escucharlos uno reconoce a librepensadores liberales, hoy reclaman contra Uber, un extranacional que, además, no paga impuestos.

Lamentablemente, esta vez les toca a ellos, ya que el nuevo sistema de plataforma foránea encontró la veta de la mano de obra barata, básicamente en la clase media que se quedó sin trabajo. A las herramientas se las dio o les permitió actualizarlas, la anterior política económica: un autito más o menos nuevo, un monotributo y un teléfono móvil. Solamente con eso pueden generar algún ingreso para palear la situación desde el “cuentapropismo”...

En fin, la guerra sigue siendo, como siempre, pobre contra pobre. En algún momento deberemos ponernos a pensar como sociedad en conjunto, porque solo no se salva nadie.

Y como decía el cantautor de Cerro Colorado, “las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas”.

 

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