Opinión - El tratamiento de la información

Sobre Amazonas, edificios, el ego y la culpa

sábado, 24 de agosto de 2019 · 11:30

Es interesante observar el fluir de las comunicaciones en estos tiempos de selfies. La cibermilitancia en las causas afines a los sistemas de creencias y posturas ideológicas de cada cual. La comunicación desde las empresas comunicacionales. La comunicación desde las organizaciones. La comunicación desde el clic en el botón compartir. La defensa de ciertos contextos. La denostación de otros tantos. El “amor” hacia aquello que se cree pertenencia. El odio hacia lo ajeno, lo otro, la otredad.

Dice el filósofo surcoreano Byung-Chul Han que “estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!” Aunque en este caso, lo igual es lo único que duele. Duele solamente cuando lo que arde en llamas es un edificio religioso/histórico. O duele solamente cuando los fuegos azotan la naturaleza. Según quien sea el doliente.

¿Qué es lo que duele? Duele el ego. En pocas horas se reunieron millones de euros (218, para ser precisos) cuando la Catedral francesa de Notre Dame ardió por causa de la negligencia (la Justicia no halló el origen del incendio, aunque descartó intencionalidad). Ese producto de un arquitecto, duele. Duele porque lo que duele es el ego destruido como la obra de un humano; duele que la creación material sea atacada.

Amazonas, el mayor pulmón del planeta Tierra, arde hace 18 días. Las llamas (provocadas, o no, acá la Justicia no investiga ni busca culpas), devora la naturaleza. Pero no duele. ¿No duele porque no lo creó un arquitecto? ¿No duele porque no genera millones de ganancia? ¿No duele porque no se forman largas colas de turistas cámaras en mano para visitarla? ¿Cuánto dinero se juntó en estas dos semanas para salvar Amazonas?

En el primer caso las empresas comunicacionales lloraron ríos de tinta en las tapas, calentaron las pantallas con las llamas de la cúpula del jorobado, tejieron en las redes sociales la telaraña del dolor. En el segundo caso, la noticia es menor.

Desde tiempos inmemoriales, las culturas manifestaron a sus dioses como creadores, constructores, arquitectos. Si el gran arquitecto diseñó y creó Amazonas y la naturaleza toda, esta obra también debería doler a los dolientes de las creaciones. La que arde es nuestra casa, casa que habitamos todos, los dolientes de las catedrales y los dolientes hijos de la Pachamama.

Claro que un edificio histórico duele, no se trata de que no duela. Pero no impacta en la vida de todo un planeta; en cambio la destrucción de este pulmón natural impacta en tu respiración, la mía, la de los otros, en miles de especies animales y vegetales, en el efecto invernadero, en el calentamiento global… Duele, duele el ego que no valora más que la creación del humano indolente.

 

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