Sobre el cierre de esta edición continuaba el debate
El Gobierno cedió ante los gremios y la reforma avanza
Se aguardaba una victoria de La Libertad Avanza y sus aliados, entre ellos gobernadores alentados por sindicalistas, luego que se aceptara que los gremios sigan cobrando el aporte sindical obligatorioSin contratiempos a la vista, aunque con un texto sometido a los vaivenes y tironeos de presiones políticas, económicas y sindicales y empresarias, el oficialismo libertario se encaminaba anoche a conseguir la aprobación de su proyecto de reforma laboral en el Senado, en el marco de un extenso debate que dividió al recinto de la Cámara alta entre los que apoyan las modificaciones al marco normativo impulsado por el Gobierno de Javier Milei y el peronismo, que las rechaza (ambos sumaron algunos aliados).
La última novedad, confirmada por la jefa del oficialismo, Patricia Bullrich (de CABA), es el triunfo definitivo de los gremios, que mantendrán la facultad de cobrar de manera compulsiva los “aportes solidarios” a los trabajadores por representarlos en las negociaciones colectivas.
Solo se le impondrá un tope del 2% a esos aportes. Como contrapartida, se tomó la misma decisión para los aportes que cobran las cámaras empresarias. Seguirán siendo obligatorios, pero limitados -como hasta ahora- al 0,5% mensual.
La votación en general se esperaba para después de la medianoche; y la aprobación definitiva, con los cambios que se le introducirán al proyecto en el recinto, para bien avanzada la madrugada.
Esto es así por la estrategia adoptada por el bloque Justicialista que, ante la inminencia de una derrota legislativa a manos de un oficialismo en minoría, adoptó como último recurso extender lo máximo posible el debate, anotándose 19 de los 21 senadores en la lista de oradores.
Todos se encargaban de señalar que el proyecto no contempla “ni un solo artículo que signifique un avance para los trabajadores; son todos retrocesos”.
El texto que finalmente saldría del Senado con destino a la Cámara de Diputados tenía algunas incógnitas. Lo único concreto es que se respetará la eliminación del artículo que reducía el Impuesto a las Ganancias del 35% al 31%, reclamada por los gobernadores provinciales y que terminó por darle a la jefa Bullrich los votos que necesitaba para darle luz verde a la reforma laboral en el Senado.
Mientras se agotaba la lista de 43 senadores que participaron del debate en general, en el despacho de la jefa del bloque oficialista del Senado se seguían discutiendo modificaciones con funcionarios del Poder Ejecutivo, como el ministro del Interior, Diego Santilli, como protagonistas.
Incluso los cambios anunciados por Bullrich en la tarde del martes como resultado de las extensas negociaciones que mantuvo durante las últimas tres semanas con los representantes de la oposición “dialoguista”, fueron puestos en duda durante la jornada.
También hubo fuerte presión a favor y en contra de que las billeteras virtuales puedan ser usadas para el pago de los salarios, tal como establecía la versión original del proyecto enviado por el Gobierno al Congreso y que tiene en el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, a su principal impulsor.
El PRO reclamaba que se les permita a las billeteras virtuales participar en el negocio. Pero Bullrich dijo que el pedido no se incorporará al proyecto, sino que se resolvería mediante una reglamentación del BCRA que establezca condiciones similares a las que cumplen los bancos para poder pagar salarios.
Uno de los “nuevos” cambios que se incorporarían al proyecto en el recinto sería la aprobación del convenio firmado entre la Nación y la Ciudad de Buenos Aires para el traspaso del fuero laboral al ámbito porteño. La idea que manejaba Bullrich es incluir la ratificación parlamentaria del acuerdo como un artículo más de la reforma laboral.
La medida es resistida por los magistrados, que se niegan a perder su condición de jueces nacionales y promete convertirse en polémica.
Fuentes legislativas alertaban que no puede tratarse el tema, ya que el proyecto de ley de ratificación del acuerdo que envió el Gobierno al Senado ingresó como un expediente aparte y que, además, no se encuentra habilitado para su tratamiento en sesiones extraordinarias.
El debate dividió desde el inicio al recinto en dos posiciones encontradas. De un lado, el oficialismo libertario y la oposición dialoguista, integrada por la UCR, el PRO y fuerzas provinciales, que apoyaron la necesidad de “modernizar” las relaciones laborales.
Del otro, las diferentes variantes del peronismo, con el kirchnerismo a la cabeza, que rechaza la iniciativa por considerar que desprotegerá a los trabajadores, conculcándole derechos.
“Estamos votando una ley trascendente para adecuar normas laborales, equilibrar un sistema desequilibrado y trabajar en torno a problemas que se agravan con el paso del tiempo, como la extrema judicialización del sistema”, afirmó Bullrich.
La respuesta a la exministra no tardó en llegar. Anabel Fernández Sagasti (PJ - Mendoza), calificó de “desfachatez” las palabras de la exministra de Seguridad y le recordó que se aprobó una en 2001 “cuando ella ministra de Trabajo” del gobierno de la Alianza.
“Se han arrodillado ante la caja de los gobernadores, ante los bancos, ante la CGT; lo único que hacen con esta ley es manotearle la plata a los jubilados y la dignidad a los trabajadores. Se han arrodillado ante todos los que decían que venían a combatir”, agregó Fernández Sagasti en dirección al oficialismo.
El radical Maximiliano Abad (Buenos Aires) marcó el pulso del centenario partido, al manifestar su apoyo a la iniciativa, aunque con algunas reservas en cuanto a temas puntuales.
“Creo que esta ley es necesaria y que es un paso importante para alentar el contrato formal, para incentivar la inversión y potenciar la competitividad”, aseguró Abad, quien planteó la necesidad de aplicar mejoras en los beneficios fiscales contemplados en el régimen de incentivo de inversiones para pequeñas y medianas empresas.
La radical Silvana Schneider (Chaco), en tanto, acusó a los peronistas de haber impulsado “un modelo que castiga al que quiere producir, que desalienta al que quiere invertir, que deja afuera, pero se presenta como protector”.
