El país se movilizó para manifestar su repudio a la decisión de la Corte Suprema de Justicia en una jornada histórica
Cristinazo: más de un millón de personas en la Plaza de Mayo
Un aluvión de gente acudió a la histórica plaza pese al hostigamiento, las amenazas y el apriete policialLa Plaza de Mayo volvió a ser escenario de una jornada histórica. No solo por la magnitud de la convocatoria -que según los organizadores alcanzó el millón de personas, sino por el contexto en el que se desarrolló. Desde temprano, el Gobierno de Javier Milei desplegó un operativo que recordó a los momentos más oscuros de la democracia argentina: retenes en rutas, requisas arbitrarias, amenazas con el protocolo antipiquetes y hasta la confección de listas negras de manifestantes.
Sin embargo, nada pudo frenar la marea humana que llegó desde todos los rincones del país. Micros desde Santa Cruz, Córdoba, San Luis, Río Negro y Neuquén desafiaron los retenes de Gendarmería que los pararon "tres veces en 300 kilómetros", como denunció una militante que viajó desde Mendoza. Los efectivos no solo demoraban a los manifestantes: filmaban, fotografiaban listas de pasajeros y requisaban vehículos en una operatoria que evocaba los peores momentos del terrorismo de Estado.
"Nos tienen encapsulados, tanto la Gendarmería como la Policía de San Luis", relató una mujer desde un micro en Villa Mercedes, mientras el vocero presidencial, Manuel Adorni, amenazaba con aplicar el protocolo antipiquetes y el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, justificaba las requisas hablando de "listas de agitadores". Un lenguaje que no es novedoso: es el que suele utilizar el poder que se siente acorralado por su propio fracaso.
Hartos ya de estar hartos
La multitudinaria movilización no solo fue una respuesta a la condena judicial contra Cristina Kirchner -esa maniobra jurídica que ni siquiera los más entusiastas defensores del lawfare pueden defender con argumentos sólidos-, sino también una expresión del hartazgo social ante un modelo económico que, como dijo la propia expresidenta, "se cae porque es insostenible en términos económicos. Tiene vencimiento como el yogur".
El mensaje literal y gestual fue potente: Cristina habló desde su prisión domiciliaria -con restricciones que no se le imponen ni a los genocidas- (ver recuadro aparte), mientras una multitud puso el cuerpo llenando la plaza histórica donde nacieron los movimientos populares más importantes de la Argentina.
El despliegue represivo previo a la marcha anticipa el tratamiento que el Gobierno propone frente al creciente malestar social.
El decreto que Patricia Bullrich firmó junto a Milei un día antes de la movilización habilitó detenciones arbitrarias, retenes para evitar manifestaciones públicas, espionaje ilegal y la confección de listas negras. Todo en flagrante violación de la ley de Inteligencia Nacional y de compromisos internacionales que la Argentina había asumido después de ser sancionada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por prácticas similares.
La respuesta popular, sin embargo, se sobrepuso a los aprietes con pasión y organización, el antídoto más efectivo contra la fragmentación que propicia la campaña oficialista. Desde temprano, militantes de todas las provincias comenzaron a concentrarse en las inmediaciones de la casa de Cristina y luego se trasladaron a la Plaza de Mayo. Estuvieron los gobernadores del peronismo, como Axel Kicillof, quien denunció la "violencia de la persecución".
Todos unidos
Estuvieron presentes en la marcha Máximo Kirchner, Sergio Massa, Juan Grabois y Guillermo Moreno, en gestos de unidad que no pasan inadvertidos. Estuvieron los sindicatos, aunque la CGT fuera "con reservas" y una "columna acotada", evidenciando las tensiones internas que el lawfare busca profundizar.
Otra vez, “vamos a volver”
“Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están, queridos compatriotas, en esa maravillosa e histórica Plaza de Mayo? Bueno, yo acá, en San José 1111, firme y tranquila. Eso sí, con prohibición de salir al balcón. Dios mío, qué cachivaches que son”, arrancó entre risas, conectando al instante con su público. Cristina se tomó un momento para agradecer: “Los he escuchado cantar consignas, la marcha, el himno. Pero lo que más me gustó fue escucharlos gritar otra vez 'vamos a volver'”.
La expresidenta sostuvo que quiere de nuevo un país donde los pibes coman cuatro veces al día, donde en las escuelas haya libros y computadoras, donde los laburantes lleguen a fin de mes y los jubilados reciban sus remedios. “Ese país no fue ninguna utopía. Lo vivimos. Fueron 12 años y medio en los que eso pasaba. Y además lo dejamos desendeudado, como a las familias y a las empresas”, subrayó.
“Increíble lo que han hecho, cómo han destruido todo”, señaló. Y disparó: “Como aquello fue una realidad, les quiero decir que este modelo que ahora encarna Milei no es distinto a los de antes. Se cae, compañeros. Y no se cae solo porque es injusto o inequitativo, se cae porque es insostenible en términos económicos. Tiene vencimiento, como el yogur”.
“Ya lo vimos con Martínez de Hoz en el 76, con Cavallo en los 90…, siempre termina igual”. “¿Cómo se sostiene un país donde la gente tiene que tarjetear la comida y después no puede pagar la tarjeta? Mientras tanto, el impresentable de Caputo alquila dólares para simular que tiene reservas. ¿Realmente hay alguien que crea que esto es sostenible? Mi Dios, más chanta no se consigue”.
“No sé qué me depara el futuro inmediato, no tengo una bola de cristal. Pero ya viví una dictadura que desapareció a 30.000 compañeros, viví intentos de saquear el país, viví el sacrificio de Néstor, y también un intento de asesinato. La verdad, no me ha faltado nada en estos años. Y a pesar de todo, acá estoy”. “Voy a seguir haciendo todo lo que esté a mi alcance para estar junto a ustedes. Lo vamos a hacer porque tenemos algo que ellos jamás van a tener, ni aunque compren todo: tenemos pueblo, tenemos memoria, tenemos historia y tenemos Patria. Vamos a volver. Una y mil veces vamos a volver. Los pueblos, finalmente, siempre vuelven”.
