Sonia Oddino acaba de terminar un Doctorado en Pedagogía en la UNVM, cuya tesis aborda la visión política-educativa del educador villamariense

Antonio Sobral, de la visión política a la acción educativa

La licenciada en Ciencias de la Educación se dio el gusto de doctorarse, y a través de una tesis sobre un hombre que marcó a la ciudad, a Córdoba, e incluso al país, a través de su postura política, filosófica, cultural y educativa
lunes, 23 de septiembre de 2024 · 07:00

Escribe: Juan Manuel Orbea Especial para elDiario

 

Sonia Oddino (1946) cursó el primario y el secundario en su natal Hernando. Después, algo dentro de sí misma, quizá una vocación ineludible de la que en ese entonces no estaba del todo segura, pero que sin duda latía muy fuerte dentro suyo, decidió trasladarse a Villa María, donde vive desde entonces, para convertirse en docente. Una vez instalada en esta ciudad comenzó a cursar  de inmediato el Profesorado en Ciencias de la Educación en la Escuela Normal Víctor Manuel Mercante -uno de los anexos de la Biblioteca Bernardino Rivadavia-, la cual fue creada precisamente por el objeto de sus tesis del Doctorado, que hace pocas semanas terminó en la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), el doctor Antonio Sobral, quien además fue su maestro en distintas materias en cada uno de los cuatro años que duró su preparación como educadora, lo que la marcó muy positivamente por siempre y durante toda su carrera docente.

Oddino contó que durante 25 años fue docente del Instituto Bernardino Rivadavia -y también varios años en la UTN, donde comenzó a trabajar desde el segundo año del Profesorado en lo que fue el Departamento de Orientación Vocacional. Gran parte de este tiempo, Antonio Sobral fue además el director del colegio y presidente de la Biblioteca Rivadavia. Para Sonia, toda esta experiencia fue trascendental en su vida, no solo por el Profesorado, sino por haberlo hecho en los tiempos en que Sobral tenía todavía un fuerte protagonismo y presencia dentro del mismo, y toda esa experiencia la marcó por siempre. Tal vez por eso su manera de entender -y aplicar- la educación tiene la piedra basal del pensamiento educativo sobraliano, con una visión democratizadora de la educación donde lo político, filosófico, cultural e incluso religioso, y cuya obra educativa y social dejó una huella imborrable en la ciudad, Córdoba y el país.

-Sonia, ¿cómo fue haber cursado el Profesorado en tiempos de Sobral?

-Siempre digo que me formé con la ideología educativa sobraliana. A mí, la docencia siempre me gustó. En mi época nos recibíamos de la escuela secundaria como maestros normales nacionales. Así lo fue hasta el año 1969. Yo debo de ser de las últimas que quedan de esa camada. Desde entonces, la formación de los maestros pasó al Nivel Terciario y se convirtió en un Profesorado. Yo me recibí en el 63, con 17 años. Me vine a hacer el Profesorado, creo que un poco por la admiración que mi padre tenía por Sobral, a quien conocía. De hecho, mi escuela de Hernando, Pablo Antonio Pizzurno, es un poco hija del proyecto sobraliano. Era una escuela mixta, que en ese tiempo había muy pocas así. Y ahí estaba ya el germen democratizador de la educación de Antonio Sobral.

-¿Y cómo empezar a entender la visión Sobral? ¿De qué manera su visión política, y también filosófica, influye en su proyecto educativo, que de hecho es de lo que habla tu tesis de Doctorado?

-En mi tesis tomo el proyecto de la Ley de Educación que Sobral presenta siendo diputado, en el año 29, cuyo debate parlamentario que se da es sumamente rico, y donde se plantea lo que considero es histórico en la educación argentina, que es esta confrontación entre un nacionalismo católico y conservador, y estas ideas sobralianas más progresistas, que vinculo con la Reforma Universitaria de 1918, que fue tan importante y que tuvo un impacto tanto en Latinoamérica y aun en Europa.

-Precisamente, hace pocos días fue el Día del Profesor…

-De hecho, el Día del Profesor no sé si se instaura en contraposición al 11 de septiembre. Porque ese día se rememora a Sarmiento; y el 17, a Juan Manuel Estrada. Y en la historia de la educación argentina, Estrada y Sarmiento son dos posiciones totalmente antagónicas. La primera ley argentina de educación es la 1.420. Todo nació en 1884 (que entre otras cosas comprendía, según reza textualmente el texto del Proyecto de Ley Orgánica de Educación, matrícula, enseñanza, útiles necesarios, ropa, calzado y alimentación), en el Primer Congreso de Educación en Argentina, donde se confrontan el liberalismo clásico de Sarmiento con una escuela laica, libre, abierta a todo el mundo y gratuita, mientras que Estrada estaba en contra de todo eso. Sin embargo, el golpe de Estado anula la posibilidad de implementar la ley de Sobral. Y Córdoba genera una Ley de Educación hasta 1988, la 7.730.

-Acá entra de nuevo Sobral y su pensamiento político, como radical que fue, de los radicales yrigoyenistas, de insistir con su visión de la educación desde su posición como presidente de la BBR, y con la creación del colegio.

-Yo sostengo lo siguiente: Sobral fue un hombre político, que a su vez se dedica a la educación. Y como hombre político, y dentro de la ideología de un partido, el radical, traslada a la educación todos esos supuestos que parten de una ideología política, muy ligado a lo que fue el origen del radicalismo -del de Yrigoyen, aclaro-, que fue liberal y democrático. Por eso, hablar de ideología educativa, en este caso, es restringir el pensamiento sobraliano. Por eso mi tesis se llama “Pedagogía y política en el pensamiento y acción educativa de Antonio Sobral”, y hablo de política, y no de política educativa. Precisamente, insisto, parto del supuesto de que Sobral, antes que nada, fue un hombre político, y esto lo traslada a su proyecto educativo.

-¿Y esa visión política se ve materializada en el Instituto Bernardino Rivadavia? Y si es así, ¿de qué manera lo logra?

-Hay varios ejemplos. La escuela secundaria de Sobral fue organizada democráticamente. Había un consejo en los cursos que era elegido por los propios alumnos. Se presentaban listas y se votaban. Todo se resolvía en asambleas, además de haber un consejo de profesores, quienes nos reuníamos cada fin de trimestre a analizar, chico por chico, cuál era su situación. Viendo en qué se destacaba uno y otro, y en lo que no. Cada alumno era, y es, una persona dentro de un conjunto. Además, siempre nos reuníamos para discutir qué tipo de personas queríamos formar. Había una base muy filosófica en el proyecto sobraliano. Y de ahí a preguntarnos siempre por qué éramos docentes, cuál era nuestra función. Y otro de los supuestos de lo que parte, también ligado a la reforma del 18, es la libertad de cátedra. Nosotros no teníamos un programa a rajatabla al cual atenernos. Nosotros teníamos absoluta libertad en ese sentido. Y acá, lo destacado de Sobral es su profunda concepción plural. En la escuela de Sobral cabían todas las ideologías políticas, todos los pensamientos religiosos, todos los sectores sociales. En ese tiempo no hablábamos de inclusión, por ahí no se hacía diferencia. Además, había un amplio sentido de solidaridad. Durante los viajes de estudios no quedaba nadie fuera; si un chico no podía pagar, se hacía lo que sea para conseguir la plata entre todos para que ese chico pudiera viajar como todos.

-Significa que se respetaba el interés de todos los alumnos por igual, tanto desde el punto de vista académico como de las actividades sociales y culturales.

-Sobral puso énfasis por el respeto de los intereses de los alumnos. Dos veces por semana, la escuela se transformaba en un gran taller, ya no eran las horas comunes de clases, sino que había actividades extracurriculares de las que cada chico o chica quisiera participar. Había actividades para cada turno y para todos los gustos. Hoy se habla de inteligencias múltiples, pero ahí se ponían en acción muchas concepciones de los grandes pedagogos y que ahí están plasmadas y, obviamente, también la concepción de Sobral.

-¿Y cómo fue tenerlo a Sobral como profesor?

-Cuando entraba Sobral al aula no volaba una mosca, era tal el respeto que le teníamos. Lo escuchaba con enorme admiración. Él, por supuesto, daba sus clases magistrales, y en su metodología era un clásico. A mí me dio Historia del Pensamiento, Historia de la Filosofía e Historia de la Cultura. Yo tenía la gran habilidad de tomarle apuntes, porque él no daba mucha bibliografía, era su discurso, su visión del mundo. Y esas carpetas las tuve mucho tiempo, hasta que las perdí, y ahora, para la tesis, me hubieran hecho tanta falta. Era escucharlo y aprender. Te contagiaba su saber.

-¿Hay algo que a vos te marcó profundamente sobre su visón de cómo abordar la enseñanza y al alumno?

-Siendo capacitadora y docente, siempre he dicho que Sobral nos enseñó a romper las paredes del aula. Porque la realidad está afuera de la escuela. Él nos enseñó a formar personas comprometidas, capaces de analizar la realidad, que vincularan al alumno con el afuera. Llevar a la acción lo que enseñábamos.

-Ser presidente en la Biblioteca Rivadavia fue fundamental para todo lo que hizo.

-El origen de todo está en la Biblioteca, donde él llegó muy jovencito. Era una persona muy lúcida, que se recibió de abogado en 2 años. Lo eligieron como presidente de una biblioteca popular que pertenecía a los ferroviarios. Y desde ahí comenzó a gestar todo este proyecto educativo, desde su visión política, creando el primer colegio secundario de Villa María, aunque creo que había otra más, que ya funcionaba. Además de la escuela, él generó una serie de propuestas a la comunidad. Como el Plan de Desarrollo: cinco  tomos escritos que se elaboró con gente de Villa María y expertos de otras universidades nacionales. Su propuesta era que la ciudad fuera un polo de desarrollo de toda la zona, por lo que se hizo un estudio profundo de estas. Para el Plan trabajó con un consejo consultivo de toda la ciudad. Todas las fuerzas vivas estaban vinculadas a esto, todos los espacios políticos, industriales, empresariales, culturales, todos.

-¿Qué otros aportes brindó la visión político-educativa de Sobral?

-Sustentó la idea de una escuela sin dogmas, respetuosa de las creencias de cada uno de los estudiantes y de sus familias; una escuela capaz de albergar las diversidades políticas, económicas y culturales; una escuela concebida como un gran paraguas donde cabían todas las diferencias, en el ejercicio permanente de la democracia. El respeto del pluralismo de ideas como un horizonte deseable constituye el principio rector de su pedagogía.  Además, abrió cauces para la educación sexual en las escuelas y hacia la coeducación. Promovió la formación del hombre libre, autónomo y democrático; constituye el posicionamiento axiológico que define el ideario político y pedagógico sobraliano. A modo de síntesis, se puede afirmar que la concepción pedagógica de Sobral tiene un fuerte apoyo filosófico basado en la creencia del hombre y sus posibilidades de realizarse a sí mismo y transformar el mundo que lo rodea.

-¿De lo estrictamente político, él no tuvo otras ambiciones políticas, más allá de que fue diputado provincial y nacional?

-Creo que no. Sé que Sabattini le ofreció encabezar el Consejo Provincial de Educación, pero estuvo un poco tiempo. La verdad, no creo que se haya querido involucrarse en la vida política como tal, y más bien su visión y acción política la llevó a su proyecto de educación. Obviamente, tenía muchos amigos en la política, pero él, si tenía algo que dar, se lo daba  a los estudiantes y se lo dio a la sociedad entera de Villa María.  Además, él logró que todo aquel que pasó por el Rivadavia quedara ligado de por vida con la escuela, logrando un sentido de pertenencia único, prácticamente irrompible.

-¿Hoy qué queda de la visión sobraliana, de su génesis, en la educación?

-La visión político-educativa no fue un mero discurso, sino que fue llevada, y con gran éxito, a la acción. Quizá hoy la realidad cambió mucho y siento que la educación, incluido el Colegio Rivadavia, debe aggiornarse. Y aunque en varios aspectos la visión de Antonio Sobral, obviamente, sigue reflejada, pienso que tiene que haber cambios de acuerdo a la actualidad que vivimos. Yo estoy alejada de la escuela hace mucho, desde que me fui a trabajar a los equipos técnicos de la Provincia, en el Ministerio.  Me resultó difícil poder evaluar qué se conserva y qué no. Lo que sí es cierto es  que la transferencia de los servicios educativos de la Nación a Provincia restringió y limitó mucho del proyecto sobraliano, y de otras instituciones. Igual, sostengo que el pensamiento de Sobral, que siempre estuvo adelantado a su tiempo, está en una situación de crisis. La educación merece una transformación de fondo, y sus ideas pueden ayudar. Creo que las escuelas  están muy atadas a la currícula, y hay que poner más énfasis en las actividades y necesidades de los chicos en los nuevos tiempos. Me parece, estoy convencida, y mi tesis, de alguna manera, lo refleja; el pensamiento de Sobral puede ayudar a que esa transformación necesaria se lleve a cabo y, sobre todo, ligarla aún más a la comunidad.

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