José Luis Bertoldi, abogado
El hombre que se negó a jurar por los postulados de la dictadura
José Luis Bertoldi fue secretario de un Juzgado en Villa María hasta el año 1976. En el inicio del Gobierno de facto, los funcionarios judiciales debían jurar por los estatutos del proceso y él se negó. Años más tarde, se alejó del partido que abrazó en la juventud porque “en lugar de principios primaba el negocio”. Entrevista con el hombre que no teme empezar de nuevo
Es, por sobre todo, un crítico. Puede ser mordaz con el sistema capitalista como con el comunismo, con el radicalismo como con el peronismo. Y no duda si tiene que dar un portazo para volver a empezar.
José Luis Bertoldi nació el 28 de mayo de 1950 en el barrio General Paz de Córdoba. Hijo de un comerciante y nieto de obreros, habla en esta nota de su infancia, juventud y del peronismo, partido al que se afilió poco después de sus 18 años.
El primario lo hizo en las Escuelas Pías, de su barrio, porque la madre era “rabiosamente católica”. Luego pasó por el Lasalle donde pasaba casi todo el día como “medio pupilo” (hoy diríamos jornada extendida) y el secundario lo hizo en el Liceo Militar.
Ese camino, el de la formación militar, fue su primera opción. “Pero como soy hijo único me resistí a dejar a mis padres en Córdoba para ir a Buenos Aires”, dijo.
Entonces apareció la segunda alternativa: la Abogacía, que hoy, a los 74 años, sigue abrazando con pasión dedicando horas de trabajo en su estudio de Córdoba o en el de esta ciudad.
La carrera
Ni bien ingresó a la Universidad Nacional de Córdoba comenzó a gestionar el acceso a un trabajo a Tribunales. “Antes, tenías que hacer dos años sin paga y después empezabas la carrera judicial”.
Se recibió, ya cobraba su salario y se anotó en una lista para ocupar un cargo en el interior. Así fue como llegó a Villa María.
“Fue justo cuando comenzaron a exigir que para ser secretario tenías que tener el título de abogado, escribano o procurador. Antes con el secundario alcanzaba”, relató.
Tribunales todavía no estaba en el actual edificio y comenzó a trabajar como secretario en el Juzgado en el que estaba Roberto Castelar Blanco como titular. “Al principio no nos llevábamos bien, porque él tenía otros candidatos para el cargo. Pero después, nos conocimos, tomamos confianza y nuestra relación fue excelente. Fue una honorable persona y un gran juez”, dijo.
Todo transcurría con normalidad hasta que un golpe de Estado cambió el rumbo del país.
“Para asumir como secretario, juré por los postulados de un gobierno democrático, pero en 1976, nos hacían jurar por los estatutos y postulados básicos del proceso”, recordó.
Sabía que no lo iba a hacer, pese a que “el 99% de los magistrados lo hizo”.
Prefirió dejar atrás una promisoria carrera y un buen sueldo, antes que “perjurar”.
“Porque eso es jurar por algo contrario a lo que ya habías jurado. La mayoría lo hizo, y después cuando volvió la democracia volvieron a jurar en el gobierno de Eduardo Angeloz”.
Su renuncia al cargo de secretario fue pensada palabra por palabra. No quería hacer un manifiesto antidictadura que le costara la vida, pero tampoco el silencio era una opción.
En el texto de la renuncia -escrita a máquina- presentada el 17 de junio de 1976 dice:
“Creo en los fundamentos éticos de toda conducta humana noble”.
“Busco el honor de que, quienes tuvieron o tienen alguna relación con mi persona, estén convencidos de que he obrado y lo haré con honestidad, lealtad y veracidad”.
También remarcó que “no he utilizado mi cargo o vinculación alguna para lograr provecho”.
“Creo que el hombre digno no es el que pretende mantenerse en el anonimato, al margen de las circunstancias para perpetuarse en los cargos, sino el que sabe discernir cuando corresponde -por dignidad y decencia- adoptar cada tipo de comportamiento. Ello sin olvidar que el cargo que todos ocupamos, no es un privilegio, sino un puesto de sacrificio y ejemplo, rectitud, trabajo y estudio”.
“Cuando renuncié, el suegro del doctor Castelar Blanco, el señor José Boiero, un hombre rabiosamente antiperonista, me cuidó. Él tenía unos campos al sur y me ofreció quedarme unos días después de la renuncia, para que no corriera peligro”, recordó.
La política
Bertoldi recuerda que en su casa se respiraba un profundo antiperonismo. Pero él, se afilió al PJ. Tal vez por los orígenes obreros de sus abuelos, por su sensibilidad social o simplemente, por “sentimiento”.
Después de la militancia en la Universidad y en Tribunales cuando era empleado (y fundó la agrupación peronista), siguió participando en Villa María muy cerca de Carlos Pizzorno (intendente desde 1973 a 1976).
“También tuve buena relación con José Manuel de la Sota y trabajé en Villa María para su lista, que no tenía mucha llegada en esta ciudad, obviamente, antes de que fuera gobernador. Me ayudó mucho Pizzorno, quien no era de la misma lista, pero creía en el recambio generacional”, recordó.
Su opositor interno en ese entonces era Enrique Sella, hasta que De la Sota le informó que habían hecho un acuerdo con él y que debían seguir juntos.
“Ahí dejé de militar activamente, no por tener problemas personales con Enrique, sino porque teníamos una visión diferente de la política”, dijo.
Volvió a las pistas partidarias cuando Eduardo Accastello lo convocó para ser parte de la lista de convencionales que tenían la tarea de redactar la Carta Orgánica para la ciudad.
“Era presidente del bloque de Unión por Córdoba y trabajamos muy bien con el presidente de la Convención, Javier Balduzzi, una bellísima persona y la titular del Frepaso, Nilda Marín, entre otros”, recordó.
Después de eso, hubo un hecho que finalmente lo hizo desafiliarse del PJ. “Me habían convocado para hacer un estudio para una comisión bicameral en la que había que analizar el manejo de la obra pública. Allí vi tanta corruptela, que decidí desafiliarme. No voy a ser parte nunca de esa visión comercial de la política, de la política negocio”, dijo.
Ahora está afiliado al GEN, partido liderado por Margarita Stolbizer. “Creo que es una mujer muy honorable, aunque sin volumen político. Me afilié porque me lo pidió un amigo”.
-¿Qué es para usted hoy el peronismo?
-Un recuerdo que paga. El peronismo como lo concibió el General, no existe más. Además, se cometió el grave error de no tener flexibilidad para adaptarnos a los tiempos modernos, nos quedamos como momias en la forma de hacer política de los 70. Pero lo que es peor, entramos en la faz de la política negocio, porque si bien siempre hubo algún acomodado, la gran corruptela empezó en los 90.
-¿Cómo ve la política hoy?
-El mundo ha cambiado. Ponemos un caso paradigmático, el comunismo en China. Ellos tienen un sistema capitalista de partido único y sin libertad. ¿Y quiénes son los privilegiados?, los elegidos del partido. En los gobiernos liberales occidentales hay capitalismo también y pluripartidismo. Pero los dueños del poder siguen siendo los privilegiados y la gran parte de la gente no vive bien. En definitiva, más allá del sistema, hay que entender que el mundo ha cambiado y que la mayoría de la gente queda afuera de los beneficios. Es lo contrario de lo que yo pensé que era la política.
