Mano a mano - Diego Vilches - Secretario general de Apuvim

“Hoy nos resignamos solo a comer y pagar servicios”

lunes, 1 de julio de 2024 · 08:20

El máximo dirigente de los trabajadores nodocentes de la UNVM e integrante del gremio nacional cuenta cómo llevan adelante los reclamos y admite que pueden venir medidas más fuertes ante la falta de respuestas del Gobierno. Reconoce que es el peor momento de los laburantes desde la creación de la casa de altos estudios

 

Los gremios de docentes y nodocentes de las universidades nacionales afrontaron, la semana pasada, tres días de visibilización del conflicto que atraviesan, ante el Gobierno nacional, por la falta de actualización de los salarios.

Las jornadas se sintieron en la Universidad Nacional de Villa María, sin llegar al paro, pero la falta de respuestas no parece avizorar un horizonte claro para los trabajadores.

Diego Vilches, secretario general de Apuvim e integrante de la Mesa Ejecutiva nacional de FATUN, puede dar por cierto aquello de que lo peor, quizás, todavía no llegó, aunque la realidad indica que es el momento más preocupante de los trabajadores, al menos desde que se creó la UNVM.

-¿Cuál fue el balance que hicieron de estos días de reclamos?

-El balance, creo que tiene que darse en dos líneas: el balance interno y el impacto que tiene el objetivo que uno busca.

En lo interno, creo que hay una conciencia clara, que va en aumento, de la situación que estamos viviendo como trabajadores nodocentes y como sistema universitario.

Internamente buscamos, desde el primer día, que todos los compañeros puedan ir tomando la debida conciencia, pero no conciencia en términos de clases, sino una sensibilización sobre lo que es el conflicto, sobre qué estamos hablando.

Uno habla de pérdida del poder adquisitivo, de recesión, de inflación… Son términos que parecen como muy obvios, muy naturales, pero hay que traducirlo al impacto de la vida cotidiana. Y en ese sentido, creo que todo este tiempo de trabajo ha servido para eso. Vamos a seguir trabajando en ese mismo horizonte, que es la sensibilización interna, entendiendo que la pérdida del poder adquisitivo es que no se tenga para pagar el alquiler, para pagar los servicios, que elija qué medicamento tomar o no de los que debe tomar, que posponga cuestiones que son esenciales. Porque cuando uno habla de la pérdida de dignidad del trabajador, lo que dice es que en el fondo la esencia es que un trabajador no solo tiene que trabajar para comer o pagar servicios e impuestos. La dignidad del trabajador es poder tener aspiraciones a una vivienda, a un vehículo, a vacaciones piolas, a que sus hijos tengan acceso a estudios de calidad... Debe tener la posibilidad de una vida integralmente.

En momentos de crisis, lo que ocurre es que nos resignamos solo a comer y pagar servicios. Entonces, en ese camino de la sensibilización interna, creo que el balance ha sido altamente positivo. El compromiso de los compañeros ha sido muy alto en la participación, en la discusión… Creo que hay que profundizar todo, pero estamos por buen camino en ese sentido. Entendemos también que hay un Gobierno que está hace seis meses. No es un Gobierno que esté desgastado con años de mandato. Pero en seis meses, precisamente, se ha dado una crisis abrupta, con todo lo que eso implica en términos de sensibilizaciones políticas.

-¿El sector del trabajador universitario es uno de los que más siente esto de pasar de ser clase media a estar en la línea de la pobreza?

-Creo que todos los que trabajamos en la universidad lo sentimos. La diferencia es que los nodocentes, en la mayoría de los casos, este es nuestro único trabajo. En el caso de los docentes, muchas veces, la docencia es el complemento de su profesión en la Universidad. Entonces tienen otras herramientas como para afrontar algunas crisis. No obstante, el docente que solo vive de la docencia la está pasando muy mal, peor que un nodocente.

Nuestro trabajo principal siempre es el nodocente, entonces, cuando tenés pérdida del poder adquisitivo, lo sentís mucho.

-¿Es una de las peores situaciones de los trabajadores desde que está la UNVM?

-Sí, totalmente. Pero esto no tiene que ver con una cuestión ideológica. El otro día le decía a los compañeros que, ideológicamente, estamos en las antípodas de este Gobierno. Pero acá lo que se analizan son datos.

Con el Gobierno de Macri, que claramente no hizo medidas a favor del pueblo, en cuatro años perdimos aproximadamente el 35% del poder adquisitivo. Con el Gobierno de Alberto, por la pandemia, la sequía, la inflación, etcétera, en cuatro años, perdimos aproximadamente el 20% del poder adquisitivo. Y con este Gobierno, midiendo inflación contra aumento salarial, en apenas seis meses perdimos entre el 50 y 60% del poder adquisitivo.

 

Sin respuestas

-Es sabido que este Gobierno no escucha mucho a los gremios. A nivel nacional, ¿los escuchan a ustedes de FATUN?

-La realidad es que este Gobierno no escucha a nadie. No somos la excepción. Y no solo no escucha a nadie, sino que no tiene códigos. Si no, fijate que con parte de la oposición dialoguista terminan acordando una ley en el Senado, pero a los 15 días se dan vuelta y la desconocen en Diputados ante el mismo sector político. Ese es el parámetro de este Gobierno. Acuerdan un paquete fiscal, una reforma, Ganancias… Lo acordaron, pero después lo votan en contra, con el mismo sector. Entonces estamos ante un problema que es económico, pero eso es la consecuencia de la visión de Estado que tiene este Gobierno.

Un ejemplo es que los Gobiernos de Macri y Alberto subsidiaron transportes, combustible, servicios… y los dos Gobiernos, con todos los errores, pudieron tener crecimiento económico y consumo interno. ¿Por qué? Porque ese subsidio que el Estado le ponía en el bolsillo del trabajador, que es un subsidio directo, hoy se lo está quedando la empresa.

En estos días salió la estadística de la desigualdad económica. Es la mayor desigualdad en 30 años. Aumentó la desigualdad ente los ricos y los pobres. Eso indica que toda la transferencia de recursos es de los pobres y de la clase media hacia los ricos. Todo ese subsidio, que ya no está en los bolsillos de los trabajadores, se queda en algún sector, no se va a otro lado. Eso está yendo a los más ricos. Entonces, este Gobierno está claramente gobernando para el sector más poderoso de la población. Aunque quieran disfrazarlo de mil maneras, los datos indican eso, como las declaraciones del presidente.

Cuando declarás héroes de la Patria a empresarios que lo único que hacen es aumentar su rentabilidad sin derramar trabajo y distribución de la riqueza, y le estás diciendo a los trabajadores que son una lacra, que van a tirar piedras al Congreso y los metés en cana, acusándolos de terroristas porque defienden los derechos del trabajo, son actos objetivos de la realidad. Y lo que pasó en el Congreso es el dato más acabado de la intención de gobernabilidad de este Gobierno.

En Diputados, sin ningún prurito, le bajaron los impuestos a los ricos y se lo subieron a la clase trabajadora. Si eso no es un ejemplo de qué intención política tiene este Gobierno, ¿cuál es?

-Al mismo tiempo se está limitando la lucha o la protesta…

-Es que los modelos de ajustes cierran en todos lados con una sola cosa: con represión. Cierran con recesión, hambre y represión. Milei no está inventando la pólvora y los argentinos no estamos viendo una película que no hayamos visto antes. La diferencia es la promesa profética de la esperanza. Y eso es una falacia. No hay ni V en aumento, ni luz al final del túnel, ni segundo semestre, ni brotes verdes. No hay porque no lo demuestra ningún dato; no se refleja en los parámetros microeconómicos ni de la macroeconomía. La baja de la inflación es una receta heterodoxa. Es el enfriamiento total de la economía, menor consumo… Y obviamente que cuando hay menor consumo baja la inflación, pero no se ha solucionado una cuestión de fondo.

-En ese contexto, ustedes saben que las actividades en contra de las medidas del Gobierno van a seguir…

-Sí. Estamos en estado permanente de alerta y movilización. En el pos-receso a nivel nacional se evaluará cómo sigue el plan de lucha. Nuestra intención, claramente, es el diálogo. Le hemos pedido al Gobierno, con un petitorio llevado adelante por el Frente Universitario de gremios,  que abran las paritarias y el diálogo. Estamos totalmente dispuestos al diálogo, no queremos paralizar la actividad académica ni las universidades. Nos encierran hacia ese camino. No nos dan opciones para hacer otra cosa, pero estamos abiertos al diálogo. Si eso no ocurre, o las respuestas son insuficientes, seguramente que el plan de lucha se va a profundizar, habrá medidas de fuerza de acción directa, habrá nuevas marchas universitarias a nivel nacional, habrá lo necesario que tenga que haber hasta que el Gobierno tenga una actitud que nos permita recuperar el salario. Porque, como dice el lema que hemos usado en estos tiempos, sin salarios dignos no hay universidad de calidad posible. Y aquí, lo que hacemos no es en contra de los estudiantes ni de las familias de trabajadores que tienen a sus hijos estudiando en la universidad. Es a favor de la universidad y de sus estudiantes. Si nosotros no defendemos el presupuesto universitario, si no defendemos el salario de los trabajadores, no habrá una universidad posible.

 

Diferencias

-La marcha grande fue por el desfinanciamiento de las universidades. Tuvo un impacto y el Gobierno dio marcha atrás, intentando apagar un poco el fuego con el 270% que se solicitaba. ¿Ese principio de solución quiebra la situación entre las partes dentro de la universidad o hay un compromiso también desde las universidades para con los laburantes?

-En ese sentido, lo que pasa es que las universidades tienen una promesa de pago, pero todavía no se hizo efectivo el pago. Además, nosotros le pedimos a las autoridades de todas las universidades, particularmente a la nuestra, que no nos dejen solos en el desierto, si no, las tensiones van a ser hacia adentro. Necesitamos que las autoridades universitarias sigan acompañando el reclamo salarial porque, si no, será una pelea de nosotros contra todos. Y en definitiva, primero, no es justo que habiendo peleado por el presupuesto universitario nos encontremos solos en un futuro, peleando por el salario. Somos una comunidad, tenemos que cuidarnos como tal. Y hay una predisposición de parte de la gestión en acompañar los reclamos.

-¿En las obras sociales, la situación también está impactando negativamente?

-Sí, porque las obras sociales funcionan con un sistema contributivo que son los aportes de los trabajadores y los aportes patronales. Pero no es el problema de las obras sociales universitarias, sino del sistema. Mirá, en este semestre se cayeron 330 mil cuentas sueldos. Eso indica que se cayeron 330 mil puestos de trabajo y son 330 mil aportantes menos al sistema de obras sociales, cualquiera sea. Y eso tiene una consecuencia directa, porque todo lo que se cae del sistema de obras sociales termina yendo al sistema público. Conclusión: el sistema público está colapsado. Basta con ir al Hospital Pasteur y ver la cantidad de personas que se cayeron del sistema. Esas son las consecuencias de las crisis económicas.

Obviamente, nuestra obra social no es la excepción, porque vive de los trabajadores, en medio de una inflación que hace un efecto pinza. Por un lado tenés los prestadores exigiendo lo que corresponde, y por otro lado tenés un aporte que es menor. No obstante, en el plan nodocente, hemos mantenido todas las prestaciones tal cual la venimos trayendo. No es menor por el esfuerzo que se hace”.

Más de