Entrevista - Daniel Luis Vaschetto
“Necesitamos pensamiento crítico”
Nació en Villa María, peregrinó por Rafaela y Rosario... para volver a esta ciudad y cursar la secundaria en “el glorioso” Rivadavia, según su propia definición. Se considera ahora un “santafesino por adopción”Es filósofo. Especialista en Filosofía Política e Historia del Pensamiento Argentino y Latinoamericano, asesor en el Honorable Concejo Municipal de Santa Fe y asesor en la Cámara de Diputados de la Nación cuando la presidió Agustín Rossi. Actualmente, conduce la Asociación de Filosofía y Ciencias Sociales de Santa Fe
-¿Le encontraste alguna explicación al hecho de que la sociedad haya votado como lo hizo en las últimas elecciones nacionales?
-Bueno, yo creo que los pueblos y las sociedades muchas veces en la historia pasan por momentos de crisis muy profundas y este es el caso. Hay una acumulación de crisis convergentes a distinto nivel. Hay una crisis mundial civilizatoria tremenda, por supuesto, que también nos afecta a nosotros, que sería lo que Erique Dusselt llama “la crisis de la modernidad”, que según este filósofo argentino nos está llevando a una especie de gran colapso de la humanidad a nivel global. Sobre todo se evidencia en el plano de la crisis ambiental y ecológica y que pone en riesgo la supervivencia misma de la humanidad. Pero también hay una crisis del capitalismo, tal como se viene dando en esta fase, el capitalismo “financiarizado”, que tomó un auge increíble después de la implosión del socialismo real y, de alguna manera, estructuró un mundo unipolar en torno a la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, pero fundamentalmente de Estados Unidos. Eso ahora está en crisis por la irrupción, como sabemos, de un polo que disputa esa hegemonía fundamentalmente con la emergencia de China y su alianza estratégica con la Federación Rusa. Y de hecho, nos encontramos con un mundo que ya no es más unipolar, y disputa planteando la necesidad de ir hacia un sistema multipolar, además de denunciar que toda la arquitectura institucional, financiera y económica plasmada por Estados Unidos, a partir de la posguerra del siglo XX, a mediados del siglo XX, no sirve, no funciona. Es decir, las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial..., es decir, toda la institucionalidad creada a partir de la hegemonía estadounidense tiene que ser revisada y planteada desde otros principios y de otras reglas, tiene que ser reconfigurada. Y eso también de alguna manera nos afecta muchísimo. Vimos cómo el Gobierno actual decidió no ingresar a los BRICS, que es un bloque emergente, muy potente, muy interesante, donde se encuentran los principales socios comerciales de la Argentina. Particularmente, la provincia de Santa Fe, por ejemplo, de los cuatro o cinco principales mercados de destino de sus exportaciones, en los BRICS se encuentran los tres más importantes, que son Brasil, China y la India. Bueno, en una decisión de una irresponsabilidad absoluta. Esa decisión de Milei de no ingresar a los BRICS fue un error tremendo, de grandísimas consecuencias. Bueno, ¿por qué la sociedad eligió este camino? Por una concatenación de causas. Tuvo mucho que ver la falta de una dirigencia política, pero que también en el plano cultural y en el plano de las ideas haya sido capaz de dar el debate, un debate abierto, democrático y esclarecedor, sobre justamente la necesidad de avanzar hacia un modelo de país con mayor grado de autonomía y soberanía respecto de ciertos factores de poder que vienen interviniendo en nuestras realidades desde hace mucho tiempo. El viejo modelo agroexportador, casi monoproductor sojero, por ejemplo, no va más, está agotado también. Y de alguna manera los argentinos tenemos que avanzar hacia otra cosa y no terminamos de ponernos de acuerdo o de entender hacia dónde tenemos que ir.
-¿Recordás algún antecedente, en el país o en el exterior, una situación similar, en la que se vota inclusive por la pérdida de derechos?
-Respecto a la confusión y a la alienación en una parte mayoritaria de nuestra sociedad, tienen que ver procesos complejos, de larga duración, como es la pérdida de capacidad de los Estados nacionales, sobre todo de las naciones periféricas y subdesarrolladas, para decidir sobre asuntos centrales de su vida. Esto es un fenómeno que se viene dando desde hace unas décadas, a partir de la globalización; a partir, como decíamos, de ese mundo unipolar. Muy pocos estados-nación hoy en día tienen capacidad para, de alguna manera, controlar y enfrentar los poderes financieros concentrados o los poderes de las grandes corporaciones, que fluyen en un espacio global de una manera muy dinámica, muy veloz, y que prácticamente escapan de las capacidades de las naciones más débiles respecto de poder controlar esos flujos. Por ejemplo, concretamente, un fondo de inversión como BlackRock, que nosotros lo conocemos bien, maneja mucho más dinero que el PBI de muchísimas naciones. Entonces, hoy en día, ese es el poder real, el poder de los grandes bancos y los grandes fondos de inversión, y algunas grandes corporaciones tecnológicas, sobre todo en el rubro de las comunicaciones, de internet y de las nuevas tecnologías. Y eso ha generado una realidad. La revolución tecnológica, por medio del celular, ha tenido un impacto tremendo, no solo en la educación, sino en la formación de la subjetividad. Y por ser breves, tendríamos que decir que lo que nosotros estamos viendo son las consecuencias de la configuración de una subjetividad neoliberal, o sea, de personas mucho más individualizadas, privatizadas, con una pérdida del sentido de pertenencia, del sentido de arraigo y, por lo tanto, del sentido nacional. Hay una ausencia de un sentimiento fuerte de pertenencia a la Nación, a la Patria, un desarraigo a nivel emocional, afectivo, y se nota mucho en las nuevas generaciones.
“Hay una ausencia de un sentimiento fuerte de pertenencia a la Nación, a la Patria, un desarraigo a nivel emocional, afectivo, y se nota mucho en las nuevas generaciones”.
-Hay dos frases de canciones León Gieco. Una es: “Todo está guardado en la memoria”… Pero Bullrich, Caputo, Sturzenegger, Macri… vuelven a ser Gobierno. La otra frase es: “Somos un país esponja; se chupa todo lo que pasó”. ¿Cuál es la cierta?
-Yo creo que las dos frases son ciertas. Sí, puede sonar contradictorio, pero la realidad es contradictoria. Todo está guardado en la memoria... Yo creo que sí, por supuesto, todo está guardado en la memoria. Es decir, los hechos, los sucesos, los procesos que ocurren a nivel de los pueblos y a nivel de las naciones, de una u otra forma, del mismo modo que en la vida de los individuos, lo que nos ocurre, lo que transcurre en nuestra vida, las experiencias por las que vamos atravesando, están de alguna manera guardadas en el inconsciente. Y muchas veces, sorpresiva e inesperadamente, afloran, a lo mejor, de una manera sorprendente, inesperada, como decía. Pero en los pueblos también ocurre esto, los pueblos van acumulando en la memoria colectiva esas experiencias. También, a veces, los hechos del pasado, cuando son muy traumáticos y muy terribles, provocan en los que los vivieron, por ejemplo, la dictadura, la experiencia de la dictadura con el terrorismo de Estado, las desapariciones y todo lo demás, los que lo vivieron directamente o tienen una sensibilidad particular sobre estos hechos, no pueden desprenderse de esa experiencia, no pueden superarlo, y eso pasa a ser algo central en sus vidas. Justamente de ahí viene el tema de los traumas. Y a lo mejor para las generaciones más jóvenes eso ya les quedó como una experiencia muy lejana, no la vivieron en primera persona y, por otro lado, no se les supo transmitir de una manera adecuada a partir del sistema educativo, a partir de los rituales institucionales, colectivos, y entonces de alguna manera pueden adoptar una actitud hasta de enfado, de cansancio, frente a la reiteración de los grupos que son más intensos y se sienten más ligados vitalmente a esas experiencias, y puede haber una necesidad de cortar con esa constante vuelta al pasado. Nietzsche tuvo algunos pensamientos muy interesantes sobre el tema de la memoria, porque justamente lo que planteaba era que tiene que darse un equilibrio, necesariamente, porque si uno no es capaz de cortar con esos traumas del pasado, y... bueno, no tiene vida en el presente, ni puede proyectar el futuro; como que queda encerrado en un círculo vicioso. Eso también hay que tenerlo en cuenta. Por ahí, algunos sectores, a lo mejor, no han sido capaces de encontrar el punto de equilibrio entre el recuerdo de esas experiencias terribles, de esa tragedia colectiva, para que no vuelva a suceder, pero, al mismo tiempo, ser capaces de avanzar hacia otra cosa, que no sea lo único central en la discusión pública colectiva el tema de la tragedia, porque eso puede ser paralizante.
“Si nosotros ahora no realizamos un esfuerzo muy grande para volver a descubrir quiénes somos los argentinos, de dónde venimos..., solo desde ahí vamos a poder plasmar un proyecto nacional coherente y eficaz, que sea factible también de realizar”.
-Y ahí está el “país esponja”...
-De alguna manera, estaría también respondiendo lo del país de esponja que se chupa todo lo que pasó, algo que puede ser abordado de distintas aristas. Es decir, tiene que ver con un cansancio respecto del tema de volver de manera machacón y reiterada sobre una gran tragedia que es algo angustiante para las personas. Pero también puede tener que ver con lo que Lipovetsky dice de la ligereza. Vivimos en una civilización de la ligereza, que significa que, de alguna manera, en un cierto sentido, hay una tentación a escapar de las cosas demasiado serias, demasiado graves, demasiado rigurosas, hacia una vida más liviana, más de disfrute del instante. Entonces, al vivir en una civilización donde el tono lo da una especie de cultura o un imaginario que plantea que la felicidad es no apegarte demasiado a las cosas, no establecer vínculos muy firmes con nada, estar siempre suelto, libre, se pasa a una acentuación de un individualismo muy narcisista y hedonista. Entonces, en una sociedad donde la idea de felicidad tiene que ver con justamente una idea de libertad individualista, narcisista y hedonista, pierde densidad y pierde importancia absolutamente lo pasado. Porque lo pasado ya pasó, entonces no pierdas tiempo en eso, hay que vivir el presente. Y el futuro también pierde densidad, porque el futuro todavía no es, el futuro no llegó. Entonces, ¿qué te pones a pensar tanto, a proyectar, a hacer planes a mediano y largo plazo? No, no, no, hay que vivir el ahora. Esto se ve mucho en la sociedad actual y no es un problema o una situación de la Argentina, tiene que ver con movimientos profundos de larga duración a nivel civilizatorio, más global, sobre todo en el área de lo que sería Europa, Estados Unidos. Y nosotros, como países dependientes, heredamos, estamos bajo influencia cultural e ideológica de las modas de ese occidente al que Milei dice que pertenecemos. Creo que habría que poner en discusión esa pertenencia.
-Se llega a este estado de cosas (la posibilidad de la enajenación de recursos naturales y la soberanía) porque la dirigencia…
-Bueno, yo creo que en el tema de la dirigencia estamos en un problema. Creo que, en particular en la Argentina, si bien ha habido en las últimas décadas algunos casos de dirigentes que trataron de hacer algo realmente valioso por el país y se la jugaron, como por ejemplo podríamos tomar a Néstor, a Cristina, también otros. Pero, por otro lado, hay una falta de teoría, hay una falta de pensamiento nacional muy importante; hay una desorientación muy grande. Y eso se ve mucho en las universidades, más allá de que nosotros nunca abandonamos esa situación de las modas intelectuales desde el punto de vista cultural, ideológico, científico. Si bien ahora ya hay algunos núcleos interesantes en algunas universidades y en otros lugares extraacadémicos, todavía desde el punto de vista cultural, ideológico, académico, somos coloniales. Estamos fuertemente colonizados y eso se nota mucho, por lo que es indudable que afecta a la política. Porque sabemos que la universidad es el ámbito donde mayormente llegan y donde se desempeñan las clases medias ilustradas, pero también los cuadros técnicos y los cuadros políticos, que después van a nutrir el Estado, el liderazgo de los distintos partidos políticos o instituciones de la sociedad, las organizaciones empresariales, las organizaciones de la sociedad. Y entonces, tener una universidad y un ámbito cultural en general colonial, colonizado, es un problema serio. Y bueno, estamos en un momento bisagra.
Si nosotros ahora no realizamos un esfuerzo muy grande para volver a descubrir quiénes somos los argentinos, de dónde venimos..., solo desde ahí vamos a poder plasmar un proyecto nacional coherente y eficaz, que sea factible también de realizar. Necesitamos un nuevo revisionismo histórico y un debate profundo. Vuelvo a lo que Dusselt llama “la crítica negativa de lo establecido”. Pero después viene la “crítica positiva”, que es la formulación del proyecto. Hoy todavía no tenemos un proyecto alternativo a esto que existe.
“El movimiento nacional fue derrotado por Macri, porque en el Gobierno de Cristina se cometieron errores de conducción, errores políticos importantes, estratégicos”.
-¿Cómo evaluás la jornada del día 24? ¿Cambia algo a partir del paro y la movilización?
-La evaluación es muy buena en algún sentido, es positiva, sobre todo por quienes lo convocaron, ya que muestra que los afectados más inmediatamente tienen más clara conciencia de que es contra ellos y que no van a ser las únicas víctimas, porque van a ser numerosas y de todos los sectores y ámbitos de nuestra sociedad. Esta política es tremenda. Lo que se propone hacer este Gobierno es tremendo y va a haber muy pocos que realmente salgan ganando. Evalúo positivamente el paro, en primer lugar, porque muestra la hipocresía de aquellos que desde una postura inmoral y de descompromiso con la vida concreta, con la existencia concreta de nuestros conciudadanos, planteaban que era demasiado pronto, que había que darle gobernabilidad porque lo habían votado. Esa es una hipocresía y una mentira. Si vos pensás que las medidas del Gobierno nos llevan a un precipicio, tenés que oponerte inmediatamente. Si vos pensás que esas medidas van a multiplicar las víctimas y el sufrimiento se va a incrementar de manera exponencial, tenés que oponerte, no importa que sea desde el minuto uno. Entonces, veo que políticamente era necesario plantarse frente a estas políticas de destrucción del aparato productivo, de avance contra derechos fundamentales, de avance contra la Constitución, la democracia, las instituciones democráticas. Yo creo que no queda otra que oponerse y luchar en contra de esto. Y tiene mucha importancia que hayan sido las organizaciones obreras y sociales las que hayan tomado la iniciativa, porque es el núcleo duro, más organizado y consistente desde el cual se puede organizar una resistencia y desde donde se tiene que articular después con los otros sectores, medios, de empresarios Pymes, de pequeños productores agropecuarios, de sectores profesionales, etcétera, para reconstruir un gran frente nacional que hoy no existe.
-Más allá del gobierno de Milei, ¿hacia dónde creés que hay que apuntar la proa para que llegue el día en que la independencia económica y la justicia social sean parte de la realidad?
-Yo creo que la Argentina se encuentra en la situación en que se encuentra porque se descompuso hace rato, se disgregó el sujeto político que puede llevar adelante un proceso de liberación nacional. O sea, yo parto de la idea de que somos una Nación semicolonial, una semicolonia. Nuestro problema es que nunca rompimos del todo la situación de dependencia, aunque no es una palabra que esté de moda en el vocabulario político desde hace mucho tiempo, ni sea una teoría de moda en los ámbitos académicos. Creo que somos una Nación dependiente, mucho más dependiente que en otros tiempos, que décadas atrás. Hoy en día la extranjerización de la economía es brutal y la “financiarización” también es brutal. Y nosotros, además, estamos bajo el poder de una institución como el Fondo Monetario Internacional, que sabemos que no es una institución democrática ni mucho menos, y conocemos el peso que tiene Estados Unidos en ella. Y la injerencia del FMI es total en este momento. Y esto se lo debemos a Mauricio Macri. Bueno, pero eso fue posible por la derrota del movimiento nacional. El movimiento nacional fue derrotado por Macri, porque en el Gobierno de Cristina se cometieron errores de conducción, errores políticos importantes, estratégicos. Y si bien el gobierno de Cristina tuvo grandes aciertos, también tuvo grandes errores. Y algunos de esos errores llevaron a la disgregación del sujeto político que menciono como el Frente Nacional. Todos los sectores, digamos, que de alguna manera deberían estar en un proyecto de Nación con independencia, justicia social y soberanía. Me parece que eso que se construyó a mediados del siglo XX en torno a la figura del liderazgo de Juan Perón y que nos dio la década de mayor autonomía como Nación, de mayor crecimiento, de mayor calidad de vida para nuestro pueblo, debe ser recompuesto. No es una tarea sencilla, pero es lo único que puede permitirnos salir de esta ya larga pendiente de decadencia económica, social y que, si no la revertimos, bueno, sabemos que no se sale automáticamente del fondo y que siempre se puede caer más abajo. De hecho, tenemos casos de naciones que han sufrido procesos de fragmentación y de disolución. Hay naciones o pueblos que han desaparecido en la historia. No estoy pronosticando eso para la Argentina, pero quiero decir que tenemos que ser conscientes de la gravedad de la situación. Estamos en una situación de riesgo existencial como Nación soberana y debemos reaccionar. Pero necesitamos pensamiento crítico, un nuevo revisionismo histórico y líderes que puedan testimoniar en la acción lo que dicen en el discurso. O sea, necesitamos un nuevo liderazgo, generar un nuevo liderazgo y reconstruir el gran frente nacional que alguna vez tuvimos.
