Entrevista a Bruno Wilfrido Soria De Mesa
Cómo desmantelar el Estado en función de la política económica
Este catedrático ecuatoriano estuvo trabajando e investigando en la Universidad Nacional de Villa María hasta el 12 de diciembre. Ya de regreso en su país, atendió telefónicamente a El Diario para dialogar sobre la tremenda crisis que detonó allíBruno Wilfrido Soria De Mesa es doctor en Sociología y Ciencia Política por la Universidad Central del Ecuador y actualmente se desempeña como docente y coordinador de la carrera de Sociología en la Universidad Estatal de Bolívar (UEB). Fue consultor de la Organización de Estados Americanos (OEA) y asesor en la Asamblea Nacional y en la Procuraduría General del Estado en su país. Durante 2023 permaneció en Villa María en el marco de un convenio de cooperación entre nuestra casa de altos estudios y la UEB. Soria De Mesa trabajó aquí para su tesis del Doctorado en Análisis de Problemas Sociales, que realiza en la UNED, de España.
-Profesor, ¿por dónde cree conveniente comenzar la explicación de lo que sucede en Ecuador?
-Nosotros en este momento estamos enfrentando una estrategia que ya se empieza a revelar; empezamos a ver con claridad que la declaración de Estado de Guerra Interno es, en realidad, parte de la estrategia de la doctrina del shock en materia económica. El miércoles último se acaba de aprobar una ley para privatizar el sector eléctrico aquí en el Ecuador y estoy seguro de que en los próximos días vamos a tener más medidas en este sentido. Mientras el pueblo está preocupado, mientras todos estamos en nuestras casas resguardándonos de la violencia, de la delincuencia, el Gobierno está aprovechando ese mecanismo, esta situación de temor de la población, para desmontar lo poco que queda, lo poco que tiene de la débil estructura productiva ecuatoriana. Están por aprobar, quieren aprobar, por ejemplo, el trabajo por horas, algo que está prohibido por nuestra Constitución desde 2008 y que es una medida de precarización del trabajo. Esperemos que esto no prospere.
-En cuanto a la escalada de violencia, ¿podemos retroceder un poco en el tiempo para entender su origen?
-Sí, en realidad, este es un problema que lleva el Ecuador desde antes de la pandemia y tiene que ver la desinstitucionalización del Estado cuando Rafael Correa sale del gobierno y asumen gobiernos neoliberales. Desde 2018 para acá se vive un proceso de desinstitucionalización y de desmontaje de los procesos de seguridad y, en sí, del Estado que se había desarrollado en la década en que Correa fue presidente, cuando hubo toda una política pública destinada para la seguridad ciudadana. En 2008 teníamos una tasa de 21,27 asesinatos por cada 100.000 habitantes, que ha sido una de las tasas más altas en nuestra historia. Tras la promulgación de la Constitución, desde 2008 y hasta 2017, se tomaron medidas que apuntaron a disminuir ese problema de inseguridad que tenía el Ecuador: por ejemplo, la creación del Ministerio del Interior y la separación del Ministerio de Gobierno, que se encargaba tanto del control del sistema de seguridad pública como del accionar político. Entonces se empezaron a desarrollar una serie de medidas de desconcentración del sistema de seguridad y pasamos a tener mecanismos de videovigilancia, se creó el ECU 911, se trabajó en la prevención de los asaltos en colectivos interprovinciales y en los taxis, que ahora tenían cámaras y botones de pánico… Toda esa serie de medidas para fortalecer el accionar de la Policía, que pasó de tener menos de 30.000 agentes a más de 60.000, atendiendo estándares internacionales y dotada de logística, de equipamiento, con construcción de cuarteles, de tal manera que en 2017 Ecuador pasó a ser el segundo país más seguro de la región; el primero era Chile en ese momento. Y de los 21,27 asesinatos por 100.000 habitantes pasamos a tener 5,6. Pero se produce el cambio de gobierno, asume Lenin Moreno y se inicia todo un desmontaje de lo que se había hecho antes. No solo en cuestión del sistema de seguridad, sino que empieza el desmontaje del sistema de salud, del sistema educativo y se elimina el Ministerio de Justicia, que era el encargado de todo el sistema carcelario y del sistema de prevención para combatir los homicidios. Todo eso se desmonta… Claro que también parte del éxito en la disminución de la tasa de asesinatos obedece a que en ese período se creó empleo. Hubo toda una serie de políticas orientadas a la generación de empleo con inversión pública. Se construyeron hidroeléctricas, carreteras, cuarteles, nuevas cárceles. Había obra pública por todos lados. Eso mejoró las condiciones y calidad de vida de las personas.
-La cuestión social y la económica van de la mano…
-Claro, en los gobiernos neoliberales no se continúa con la construcción de obra pública y se empiezan a dar medidas para favorecer a los empresarios. Se empiezan a producir despidos. Como parte del proceso de desmontaje del Estado se empiezan a desregular algunos controles que antes los hacían funcionarios y empleados públicos. Eso hizo que se incremente el desempleo y se deterioren las condiciones y calidad de vida de la población. A esto le sumamos que, por ejemplo, al no construirse establecimientos educativos y no contratarse más profesores, tenemos una buena cantidad de jóvenes y niños que no ingresan al sistema educativo. Se calcula que este año no ingresaron 30.000 niños al sistema educativo.
-Hago un alto en lo que tiene que ver con la economía. Lo consulto concretamente por la dolarización, que allí existe y que aquí está incluida en el ideario de los gobernantes actuales…
-El Ecuador está dolarizado desde 2001, pero tenemos una inflación permanente que es superior a la que tiene Estados Unidos. Las tasas de interés nuestras, para cualquiera que va a hacer un crédito básico, van del 10% hasta el 25%. Entonces, esto hace difícil que se pueda hacer inversión desde el ciudadano común y corriente y aún más de pequeños empresarios. Además, tenemos precios internacionales, precios inclusive más caros que en Europa o en Estados Unidos, y eso tiene su impacto en el salario. Además, algunos analistas económicos plantean que en la economía ecuatoriana circulan aproximadamente 3.500 millones de dólares como resultado de las actividades delictivas, del narcotráfico, sobre todo. Porque nosotros estamos entre los dos más grandes productores de cocaína del mundo, que son Colombia y Perú, y nuestros puertos y playas son utilizadas para el embarque de cargamentos hacia Europa, como los puertos de Guayaquil y Puerto Bolívar, que son de donde más cantidad de productos exportables salen, como los plátanos. Ecuador es el más grande productor del mundo de plátanos. Tenemos 150.000 hectáreas de plátanos que van a todos los puertos del mundo. Entonces, por allí sale una buena cantidad de cargamentos de cocaína y también desde nuestras playas que salen lanchas rápidas o semisumergibles que llegan hacia Centroamérica y México. Entonces, como consecuencia de desmantelar el Estado en función de una política económica, tenemos todo un segmento, un sector de la población desempleada que ha sido cooptada por estas organizaciones delictivas.
-¿Todo diseñado por la derecha ecuatoriana o forma parte de un plan que trasciende sus fronteras?
-Hay toda una estrategia continental de Estados Unidos para mantener sometidos a nuestros países. Ya tenemos bases militares de Estados Unidos en casi todos los países. Ecuador es uno de esos que no tiene bases militares por la Constitución de 2008, que las prohibió. Pero, sin embargo, tenemos sectores de ultraderecha fascista que piden que Estados Unidos tenga una base militar en el Ecuador, cuando la estrategia de ellos es por el control de los recursos naturales que tenemos en nuestro continente. Ecuador es exportador de petróleo y está iniciando algunos proyectos minería, sobre todo de cobre y de oro. Existe la presencia de algunas empresas transnacionales canadienses, australianas, que están invirtiendo en estos nuevos proyectos de minería. Y hay toda una intención de Estados Unidos por controlar estos recursos con la complicidad de sectores nacionales y países que están a las órdenes y dispuestos a entregar su propio territorio y su soberanía a capitales internacionales.
-¿Cuál es la alternativa para nuestros países? ¿Qué debería hacer a su criterio de observador internacional, la dirigencia política con raíces nacionalistas? ¿Cómo debería actuar ante estos embates?
-Bueno, lo primero es recomponer el tejido institucional. Nuestros países llevan varias décadas enfrentando a la desinstitucionalización, el embate neoliberal, la privatización de los servicios públicos, la destrucción de los mercados internos y la ruptura de los nexos de comunicación entre nuestras naciones. Por ejemplo, se me ocurre en este momento que podríamos pensar en tener un tren de alta velocidad que salga de Buenos Aires, atraviese Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y que llegue a Panamá, por ejemplo. O tener una empresa tipo Embraer para que tengamos nuestros propios aviones, similar al Airbus. El Embraer es un interesante proyecto de los brasileños. Sin embargo, el Gobierno de Jair Bolsonaro lo estaba por entregar a la Boeing, cuando ese podría ser un proyecto continental. O que tengamos el desarrollo de ciencia y tecnología alternativa, ciencia y tecnología propia; desarrollar nuestros propios vehículos. Tenemos ahí toda la materia prima, tenemos el coltán, tenemos para la miniaturización de los equipos electrónicos, tenemos el litio en Argentina, en Chile y Bolivia, aunque no debemos dejar de tener presente que a Evo Morales prácticamente lo sacaron del Gobierno por el control del litio en su país. Entonces, cuando logremos fortalecer estos espacios propios, dejaremos de ser países dependientes como ahora. Lo contrario es continuar siendo neo colonias.
