Por la vuelta
Hace un tiempo, Eduardo Accastello, confesó en una reunión íntima que su sueño era volver al Palacio Municipal y dedicar sus últimos años de militancia política “a la ciudad que amaba”.
Algunos de sus allegados más cercanos le dijeron que era una locura, y que podía aspirar a puestos más relevantes con su trayectoria. Dicen que el actual ministro de Industria los miró, sonrió y simplemente dijo: “¿Qué puede ser más relevante que ser intendente de mi ciudad en el tramo final de mi militancia política?”.
Eso fue hace un par de meses, la veracidad de esa conversación quedó flotando en el espacio. Hoy, tiene un significado. Eduardo está caminando los barrios, está hablando de un proyecto nuevo a futuro para la ciudad y se puso el “traje” y las “zapatillas” de candidato.
Comentan, entre bambalinas, que su decisión ya la habló con el gobernador electo Martín Llaryora. Dicen las lenguas afiladas que algunos “adversarios” cordobeses empujaron a Marcos Bovo a la pista para “molestarlo”.
Se dicen muchas cosas, es la política y su juego interminable de idas y vueltas. Es el fuego ya conocido de la hoguera de las vanidades. La cuestión, por estas horas, es que Eduardo, el primer intendente peronista desde el regreso de la democracia, está dispuesto y entusiasmado de volver a competir por el Sillón de Viñas.
“Viene con nuevas ideas, continuar con la transformación de la ciudad y hacer cambios acordes a los tiempos que corren”, expresó uno de sus allegados en una charla informal.
Dice una conocida canción “que uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida”. A fines de los 80, Accastello llegó a Villa María con una mochila “cargada de ideales” (según comentó en esos tiempos de recuperación de la democracia).
Tiempos complejos para el peronismo en la ciudad y en la provincia. Eduardo Angeloz era el gobernador y Horacio Cabezas el intendente local. El radicalismo era protagonista de la política. Con 25 años empezó a trabajar para construir un espacio en el centro del país, en la localidad de Amadeo Sabattini, y en poco tiempo fue presidente de la Juventud Peronista en un partido que jugaba sus internas con mucha “emotividad”.
En 1991 llegó a una banca de concejal por la minoría. La ciudad seguía en manos de la Unión Cívica Radical con la elección de Miguel Ángel Veglia. En 1995, Accastello peleó por la Intendencia y perdió por estrecho margen con Veglia, pero siguió en el Concejo Deliberante.
Siguió trabajando y logró, junto a Veglia y otros actores importantes, bajo la Presidencia de Carlos Menem la aprobación de la Universidad Nacional de Villa María. Con 37 años logró cumplir uno de sus sueños: llegar al Sillón de Viñas.
La provincia había hecho un giro, José Manuel de la Sota había llegado a la Gobernación y en la Nación asumía la Alianza con la fórmula: Fernando de la Rúa-Chacho Álvarez.
Toda una historia de idas y vueltas. Es la política.
Veinte años ¿no es nada?
Pasaron 23 años y un par de meses, Eduardo ocupó varios cargos, fue tres veces intendente, llegó al Congreso, hoy es ministro de Industria de la provincia, pasó por momentos buenos y malos (como la mayoría de los políticos) y hoy, a los 61 años, quiere volver a desafiar el destino, quiere volver a sus orígenes.
Su decisión está tomada. Ya tuvo una reunión con el actual intendente Martín Gill y está dialogando con diversos sectores para conformar “un equipo de gente joven que pueda ser parte de la renovación del peronismo”.
Mientras tanto, la alianza Hacemos Unidos por Villa María no definió un candidato hasta el momento. Los rumores dicen que la idea es presentarlo después de las PASO y ver el termómetro de las primarias nacionales.
Históricamente, el peronismo prioriza la unidad más allá de las diferencias. La regla tradicional es “el que mejor mide es candidato y los demás acompañan”.
Las encuestas dejaron de ser “palabra santa” hace tiempo, pero sin Martín con posibilidad de reelección, no se vislumbra en el panorama un dirigente con más “conocimiento” en la sociedad que Accastello.
Sin duda, hay diferencias entre el sector de Eduardo y el de Martín. Muchas diferencias. La pregunta es: ¿qué será prioridad, el proyecto en la ciudad o las relaciones personales?
Eduardo acompaña la precandidatura a presidente de Juan Schiaretti, Martín apoya la precandidatura a presidente de Sergio Massa. ¿Es una ventaja o una desventaja estas miradas diferentes en lo nacional?
En los últimos años las elecciones locales han sido independientes de los resultados nacionales. Hay un porcentaje significativo de votantes que no se inclinan por ningún partido en particular y eligen de acuerdo a sus preferencias por el candidato.
También, hay un porcentaje muy significativo de personas desencantadas con la política y que optan por no votar o inclinarse a los sufragios no válidos.
Muchas cosas cambiaron en estos 23 años del siglo XXI.
Un espacio de unidad
“Vengo manteniendo reuniones con los precandidatos del PJ de la ciudad. Hay una fuerte voluntad de construir un espacio de unidad y de hacer no solo una propuesta en términos de nombre, sino también de poder trabajar en una propuesta en términos de ideas, de innovación, sobre lo recorrido, pensar lo que falta, lo que se debe continuar, el cómo, teniendo la convicción de que es una propuesta electoral que va a tener un fuerte apoyo de quien va a ser el próximo gobernador de los cordobeses y esto va a tener la posibilidad de una materialización efectiva de cada una de las ideas y proyectos que llevaremos a la práctica”, indicó Martín Gill días atrás.
Al mismo tiempo, el precandidato Juan Pablo Inglese declinó de su postulación y afirmó que trabajará para la candidatura de Eduardo Accastello.
Las piezas se fueron acomodando en el tablero. Uno de los tres “jefes” del peronismo local decidió regresar al ruedo en un escenario con más incertidumbre que certidumbre.
Horas después, Gill estuvo reunido con los demás precandidatos y Nora Bedano hablando “sobre los proyectos de la ciudad”. Frente a un adversario que va dividido, el oficialismo priorizaría la unidad y aun con tensiones llegarían a un acuerdo.
Difícil que a esta altura, y con una campaña corta por delante, alguien quiera patear el tablero.
En campaña
?“En el corto plazo, hay tres cosas centrales. Una con la mejora de ingresos, tenemos que resolver el tema de Ganancias, que va a mejorar el salario de muchos, resolver el tema de la suma fija, porque va a resolver sobre todo la situación de los salarios más bajos y tenemos que tener recursos para fortalecer la situación de los jubilados”.
Sergio Massa, ministro de Economía y precandidato a intendente de Unión por la Patria
“Es posible que quienes hoy tienen un plan social hayan perdido sus capacidades de trabajo con tanta tecnología y en tanto tiempo, por eso hay que dar capacitación en oficios. Las que generan empleo son las Pymes. Hay que tener una legislación que no impida si se ve obligado a despedir, con un Fondo de Garantía de Trabajo, bajando cargas sociales para el empleador”.
Juan Schiaretti, gobernador de Córdoba, precandidato a presidente de Hacemos Unidos por el país
“Nosotros somos el espacio peronista para reivindicar desde la doctrina los buenos gobiernos peronistas, entre ellos el de la década ganada”.
Guillermo Moreno, precandidato a presidente de Principios y Valores+
“Hay unas ganas de cambio muy fuertes. Lo percibo en cada lugar de la Argentina al que voy. Mucha energía positiva. La gente nos dice ‘no aflojen’. Es lo que escucho en todos lados. Por eso tenemos tanto entusiasmo y pedimos que nos sigan acompañando”.
Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno de CABA y precandidato a presidente de Juntos por el Cambio.
Necesitamos de un pueblo coraje para salir de esta Argentina destruida.
Quiero ver un país con gente sonriendo, con gente feliz, en donde los jóvenes, en vez de irse por un aeropuerto, almuercen todos los domingos con sus padres y abuelos”.
Patricia Bullrich, precandidata a presidenta de Juntos por el Cambio
“Nosotros estamos por impuestos progresivos y que la plata no se la lleven los ricos. Pero para esto, los trabajadores somos los que tenemos que controlar los bancos y así evitar la fuga de capitales y la especulación”.
Myriam Bregman, precandidata a presidenta del FIT
