Las personas de descarte, Milei y el p... amo

lunes, 18 de diciembre de 2023 · 09:03

Por Néstor Piccone* Gentileza para El Diario

 

La historia de la humanidad reconoce siglos de lucha contra la esclavitud. Además de contar por millones quienes murieron combatiendo esa forma de explotación; es bueno recordar que quienes se supieron poner a la cabeza de esa confrontación muchas veces fueron “atropellados” por quienes estaban convocados a liberarse.

Pero cuando esos millones de siervos se dieron cuenta de que ellos eran más y que el Puto Amo era uno solo o una minoría, se terminó la esclavitud. Pasaron siglos desde la heroicidad de Espartaco en el año 70 antes de Cristo, hasta la caída de la esclavitud en el siglo XIX. Pero más allá de que el Puto Amo supo reconvertirse en capitalista, en imperialista y hoy en día en megacapitalista a través de los fondos de inversión que dominan al mundo.

La toma de conciencia de las mayorías se impuso, aunque los explotados tuvieran que asumirse luego como trabajadores, asalariados, desocupados, planeros, hasta llegar al extremo de convertirse en  humanos de descarte.

 

La parafernalia

Pasada ya una semana de la Parafernalia de entronización que puso al nuevo dictadorzuelo de Argentina Colonia en las escalinatas del Congreso y los balcones de la Rosada es bueno recurrir a la historia del personaje.

Algunos podrán creer que su aparición data de los últimos dos años. Pero no es así. En el año 2016 Eduardo Eurnekian, patrón y sota por entonces del canal América y de Aeropuertos 2000, junto a Paolo Rocca de Techint se dieron a la tarea de instalar en la televisión abierta argentina a un empleado con veleidades de pensador, un outsider llamado Javier Milei. La misión de este kamikaze era correr por derecha a Mauricio Macri, quien de la mano de Alejandro Fantino llegó a ocupar un lugar importante entre los panelistas mediáticos.

Paolo Rocca y Eurnekian, desde el triunfo de su marioneta, fueron borrando los intentos que Mauricio Macri realizó para avanzar sobre Vaca Muerta, Aeropuertos y la política aerocomercial. El expresidente salió nuevamente derrotado de esta contienda.

Tampoco es verdad que Macri instaló el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo. Este personaje, lapidado por el FMI en su momento, viene de la mano de BlacRock, el fondo de inversión devenido en la tercera economía del mundo, luego de EE. UU. y China.

Conviene recordar que bajo el invento del caso de los cuadernos, Mauricio había intentado meter preso al directorio de Techint. Y que intentó birlarle a Eurnekian su dominio en aeropuertos.

Esta información sirve para comprender por qué la delegación de EE. UU. a la entronización colonial de Milei fue de bajo nivel. BlackRock le ganó la pulseada a la Reserva Federal de EE. UU. con la que compite. Por eso no es demasiado temerario decir que con Milei no asumió el imperialismo yanqui, sino la expresión más acabada de la financierización de la economía, etapa superior del capitalismo.

Esta es una línea de investigación que deberemos profundizar y que yo tomo de la tarea asumida hasta su muerte por Alcira Argumedo, y por estos días por el economista Horacio Rovelli.

Estos datos sirven para ilustrar que el golpe de Estado perpetrado por LLA (me niego a traducir que la libertad avance) por la vía “democrática” va a requerir del campo nacional y popular un esfuerzo de comprensión muy grande si pretende volver al gobierno con poder. Volver, como volvimos en el 2019 se ve que no sirve, el tema es que lo hicimos sin participación popular y, por lo tanto, sin poder.

 

La Ley Ómnibus de Menem

En los años 90, con el peronismo de Carlos Menem, se produjo el hecho fundacional del neoliberalismo en la Argentina.

 Con una sola Ley “Ómnibus”, la 23.696, de Reforma del Estado, casi la totalidad de este pasó a manos privadas. Vía concesión, venta o enajenación el Estado nacional perdió  el control de cientos de empresas estratégicas entre las que estaban YPF, Yacimientos Carboníferos Fiscales, Gas del Estado, Obras Sanitarias de la Nación, ELMA, (Empresa de Líneas Marítimas Argentina, naviera que llevaba nuestras riquezas al mundo sin depender de los monopolios de la logística internacional); ENTEL, la empresa telefónica; los canales de televisión  11 y 13 y una decena de radioemisoras; vialidad nacional; Ferrocarriles Argentinos (ramal que para ramal que cierra tal como amenazó el presidente Menem y en eso si cumplió), la Empresa Nacional de Correos, Subterráneos de Buenos Aires, Fabricaciones Militares, los puertos y la Administración General de Puertos, Junta Nacional de Granos, Casa de la Moneda, Talleres Navales… (Pueden googlearlo para completar la enumeración que implicó que el Estado perdiera todo lo que daba ganancia, lo que era rentable y que servía para controlar el capital extranjero y las inversiones extranjeras).

Semejante riqueza, patrimonio nacional, se vendió a precio vil, calculado en 6.000 millones de dólares.

Hoy ya se habla de una nueva Ley  Ómnibus destinada a enajenar Ríos como el Paraná, extranjerizar la explotación del Litio o demoler lo que queda del comercio exterior, la UIF, la aduana.

Pero volvamos para atrás. Para avanzar, a veces, hay que retroceder. Carlos Menem asumió en 1989, y un 17 de diciembre de 1991 un puñado de 200 dirigentes sindicales reunidos en  el camping del Sindicato de Obreros Navales en Burzaco decidimos romper con una CGT que cooptada por el presidente había convalidado semejante entrega. Fue la precuela de lo que años después se convertiría en la Central de Trabajadores Argentinos.

Estuvieron a la cabeza de esa travesía, Víctor De Gennaro, Mary Sánchez, Cayo Ayala, entre cientos de militantes de todo el país, entre la que estuvimos en nombre de los periodistas Raúl Delatorre y yo. La experiencia nació bien federal.

 

La síntesis de Villa María

De las construcciones surgidas de la resistencia, en paralelo y articulando con la Central, nació lo que se llamó el Grupo de los 8, un puñado de diputados cuyas figuras sobresalientes fueron Germán Abdala, Chacho Álvarez, Juan Pablo Cafiero y el Conde Ramos.

Villa María fue testigo de esa articulación político sindical, débil para impedir las privatizaciones, pero gigantesca para la soledad en la que se movía la militancia por entonces.

Mojón de resistencia a las privatizaciones, la CTA se convirtió en una referencia que unió la lucha contra el neoliberalismo.

La Central se opuso desde su nacimiento a la privatización de la jubilación que finalmente concretara Felipe Cavallo, fue con una marcha de antorchas y la recolección de un millón de firmas contra las publicitadas AFJP. Ese acto fundacional sirvió para que Amado Boudou en el gobierno de Cristina Fernández recuperara para el Estado Nacional el sistema jubilatorio. Las derrotas no son tan derrotas si álguienes construyen un ideario y lo sostienen a lo largo de los años.

Fue más breve el tiempo que se gastó en la recuperación de la jubilación que lo que invirtió la humanidad para salir de la esclavitud. Para eso es importante que la idea, convertida en causa, se mantenga en la cabeza de la gente.

Y en eso conviene señalar sobre la cuestión de los tiempos en la construcción social para la acción popular, pero también de la necesidad de articular lo político, lo sindical, y lo social. Como en las cuestiones del amor, estos encadenamientos no se hacen de la noche a la mañana; si además le agregamos que necesitan cierta perdurabilidad.

Así como el grito de Burzaco sirvió de una vez y para siempre para  que surgiera una voz que cuestionando la unicidad sindical de la CGT expresara las disidencias a un pensamiento conservador de los jerarcas cegetistas, hoy en día es necesario revertir otro pecado político que llevó al movimiento nacional a una de las derrotas más tremendas.

Se necesita pegar otro grito.

 

La mesa renga de tres patas

Ese pecado capital que no puede repetirse nunca más es el que se impuso en la rosca electoral 2023. Ese pecado reiterado, convertido en dogma por el  que se establece que quienes resisten al capitalismo en las calles luego deben dejar la dirección en manos de “la política”.

El Frente de Todos, reconvertido en Unión por la Patria, por decisión de una mesa renga de tres patas: Alberto Fernández, Cristina Fernández, su hijo Máximo y Sergio Tomás Massa condujo un mal gobierno a una derrota electoral.

Esa mesa de tres fue la que ungió a un “fullero”, según Cristina, y un arribista político, como bien describe en su libro el periodista Diego Genoud, en el candidato del pueblo. Tenemos con qué, decía el jingle.

Un ministro candidato que tenía más apoyo en la embajada y en el gobierno de EE. UU. que en las bases peronistas. Bases que nunca creyeron, a quienes le propusieron votar a “Massa para que no gane Milei,” una idea que desde el slogan se desnudó como una mentira política.

Con ciudadanos indignados, con una sociedad que estaba cansada de una dirigencia endogámica que nunca les preguntó si estaban conformes. Un Frente de Todos que nunca escuchó a nadie.

Más de 12 millones de argentinos están hoy fuera de la formalidad laboral. Muchos de ellos de a poco van tomando conciencia de que ya no son trabajadores ni desocupados, sino humanos de descarte.

Aquel grito de Burzaco y el encuentro entre los 8 diputados opositores a Menem con la militancia sindical antineoliberal que se expresó en Villa María a comienzos de los 90, debe ser el modelo creativo e inclusivo de reconstrucción del movimiento nacional.

No se debería permitir que quienes siempre resisten sean ninguneados por “la política”.

La unidad no es de los partidos y partiditos, es de clase. De esa unidad surgirá la salida a este tormento neoliberal y a la neocolonización siglo XXI.

Así podremos decir que: el puto amo no existe. ­

* Periodista y psicólogo. Exdirector de TeleSur (2007), exgerente de Noticias de Radio Nacional (2003-2008) y Canal 7 (2007).