La balanza, la razón del equilibrio

Si no creyera en la balanza en la razón del equilibrio si no creyera en el delirio si no creyera en la esperanza Fragmento de “La maza”, de Silvio Rodríguez
lunes, 8 de marzo de 2021 · 09:05

Escribe Nancy Musa

DE NUESTRA REDACCION

La balanza, el equilibrio, la razón. La balanza, dos platillos oscilando buscando el punto justo, el punto medio. Igualdad o desigualdad. Privilegio o vulnerabilidad. Codicia o generosidad.

Imposible reconstruir un país sin la razón del equilibrio. Imposible instalar nuevas estructuras sin los pilares de la justicia. Transitamos por el camino de la sinrazón, la autopista de la injusticia.

Parafraseando a Confucio “mejor que el hombre que sabe lo que es justo es el hombre que ama lo justo”.

Si no creyera en el delirio, si no creyera en la esperanza. La semana que pasó fue atravesada por el “reclamo de una mejor justicia”. El poder que no es elegido por el voto popular, el que se protege a sí mismo, el que se siente intocable.

Hay excepciones, hay funcionarios judiciales honestos y responsables. Pero, están los que desequilibran la balanza, los que han dejado de amar lo justo.

A nadie escapa que la injerencia de la Justicia en la política vuelca la carga más pesada en un solo platillo.

Dos hechos tuvieron esa marca. El 1 de marzo, el presidente presidió la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso. Paradójicamente, un tribunal citó a la vicepresidenta para ese día. ¿Un desliz, una burla, una estocada, un error de cálculo?

Parte de uno de los tres poderes ha decidido enfrentar a los otros dos. Inconcebible en democracia.

El presidente Alberto Fernández dedicó parte de su discurso a la necesidad de reformar ciertos aspectos de esa balanza que vive oscilando.

"El Poder Judicial de la Nación está en crisis, parece que viviera en los márgenes del sistema republicano. Sus miembros disfrutan de privilegios de los que no goza ningún miembro de la sociedad.

En la Argentina de hoy hay un fiscal procesado por delitos tan severos como el espionaje ilegal de ciudadanos o el de extorsión que sigue en funciones como si nada de esto lo afectara. A él no se le aplica aquella doctrina que recomendaba la detención preventiva de personas cuando su poder residual pudiera afectar la investigación”.

El mandatario envió el año pasado el proyecto de reforma al Congreso. El Senado le dio la media sanción y en Diputados quedó en pausa. La oposición se niega a dar los votos y el oficialismo no tiene la mayoría necesaria para su aprobación.

Cabe preguntarse, ¿cuáles son los motivos para que la minoría se niegue a debatir la norma?

Hasta el momento, los fundamentos no tienen demasiada consistencia. A la luz de los acontecimientos, todo hace suponer que Juntos por el Cambio no quiere que algo cambie. Le negaron el voto para aprobar el procurador general de la Nación. Es grave, dejaron a un gobierno con un procurador interino nombrado por la administración de Mauricio Macri.

El partido gobernante no puede disponer de un procurador que considera que hará su tarea con la responsabilidad que se requiere. El pliego de Daniel Rafecas, enviado por el presidente al Senado, duerme en el platillo sin peso.

Es imposible reconstruir un país con opositores que no aceptan las reglas elementales de la democracia.

Si no creyera en la balanza, en la razón del equilibrio.

 

Una demanda impostergable

“La reforma del Poder Judicial en su más amplia dimensión es una demanda impostergable de la sociedad en su conjunto. Yo anuncié mi convicción de la necesidad de cambiar el funcionamiento del sistema judicial el mismo día que asumí mi cargo. Empecé mi Presidencia interviniendo la Agencia Federal de Inteligencia y esperaba que con eso se iniciara un derrotero que echara luz en los sótanos de la democracia, pero no fue así y lo lamento”. Palabra presidencial ante los legisladores.

El folclore político estuvo presente, con algunas interrupciones de diputados convencidos de que están en un campo de batalla y no entienden, o no quieren entender, el crítico momento que se está viviendo aquí y en el mundo.

Es lamentable y preocupante ver el constante ataque a cualquier decisión del oficialismo. La ausencia de códigos que siempre existieron, en los principales partidos, es notable. Da la sensación de que el virus anda por los pasillos del poder inoculando la insensatez.

Las críticas son saludables y necesarias, pero cuestionan todo, se oponen a todo, marchan en contra de todo. ¿Qué intereses defienden?

Es para reflexionar. Si no creyera en el delirio.

 

Sin la contaminación de los poderes corporativos

En la apertura de sesiones, el presidente anunció que enviará un proyecto de ley que reformule el funcionamiento del Consejo de la Magistratura.  “Es necesario despolitizar ese ámbito para que los mejores y más capaces funcionarios lleguen a ocupar sus funciones sin condicionamientos, sin favores que devolver y sin la contaminación de los poderes corporativos”.

Otra vez la balanza. El platillo inclinado a favor de los grandes poderes económicos y mediáticos. Los dueños de las “pesas” de mayor valor.

El sistema está bien aceitado para favorecer ese sector minoritario y privilegiado. Romper esa maquinaria es una tarea titánica. Es la política la que debe “unir fuerzas” para equilibrar las cargas.

El problema es que un sector importante de esa política ya eligió el camino contrario a los intereses de las mayorías.

¿Qué cosa fuera? Un testaferro del traidor de los aplausos, un servidor de pasado en copa nueva. Otra estrofa de la canción de Silvio Rodríguez “La maza”.

 

El diablo metió la cola

El discurso político del presidente fue el prólogo. Días después le llegó el turno a la vicepresidenta Cristina Fernández. Su alegato ante el Tribunal Oral, por Zoom, fue preciso y directo al ángulo de la cámara.

Recordó que el primer presidente acusado y encarcelado fue Hipólito Yrigoyen. El gran partido popular de los inicios del siglo XX. Traicionado por sus propios correligionarios aliados con los conservadores de siempre. Los abuelos de los nietos de hoy, como diría Discepolín.

Cristina hizo un repaso por la historia del siglo pasado, los golpes civiles militares, las persecuciones, la proscripción y todas las armas usadas en contra de los intereses del pueblo.

Fue una oratoria apasionada, punzante y clavando el aguijón en la “complicidad de parte de la Justicia” por los padecimientos de los argentinos.

En un punto se refirió, específicamente, a la causa del dólar futuro. Una causa con delito inexistente, según coincidieron los peritos.

¿Quién la inició y cuándo?, es la prueba que el diablo metió la cola.

¿Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera? ¿Qué cosa fuera la maza sin cantera?

 

En medio de una contienda electoral

“Esta causa se inicia por una denuncia del entonces presidente de la Unión Cívica Radical, de diputados, Mario Negri. Actualmente sigue siendo el diputado, el presidente y diputado del bloque de Juntos por el Cambio, y el otro denunciante fue Federico Pinedo, entonces presidente del bloque del Pro. Era la alianza de la Unión Cívica Radical con el macrismo que se presentaban a elecciones. ¿Y cuándo fue esa denuncia? Esa denuncia se produce el 30 de octubre de 2015. ¿Les suena? 30 de octubre de 2015. Cinco exactos días después de la primera vuelta electoral presidencial”. Apunte de Cristina ante el Tribunal.

Cinco días después de la primera vuelta y 23 días antes del balotaje. Si no creyera en la locura.

Más claro, imposible. Venía un proceso definitorio para elegir el nuevo presidente.

“El 17 de noviembre de 2015, martes 17 a las 12 en plena rueda cambiaria, abierta. Irrumpe, en un allanamiento en el Banco Central, en la mesa de dinero del Banco Central, Bonadío. Obviamente imagínense. ¿Cuál era el objetivo? Provocar una corrida, una devaluación, un desastre para todos”.

El dato de Cristina no es menor. Es el hilo conductor del triunfo de Cambiemos, cinco días después.

Es el hilo conductor de todo lo que el país vivió después. Endeudamiento, devaluación, tarifas por las nubes, cierre de Pymes, desempleo, regreso al FMI, grandes negocios para los más privilegiados. La balanza con todo el peso en un platillo.

¿Quién juzgará estas acciones que afectaron a millones, quién pondrá la pesa para equilibrar la balanza?

Si no creyera en lo más duro

si no creyera en el deseo

si no creyera en lo que creo

si no creyera en algo puro.

¿Qué cosa fuera, corazón, que cosa fuera la maza sin cantera?

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