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La urgente necesidad de la comunidad, en agenda

Señor director:

Estamos atravesando un escenario nacional, provincial y local complejo en términos microeconómicos y de calidad de vida. Las posibilidades de conseguir empleo se reducen, al igual que las de habitar dignamente una vivienda (costo de alquileres) o acceder a los alimentos básicos. En sintonía con esto, la política impositiva se torna totalmente recaudatoria, mientras aumentan sistemáticamente el costo de los servicios que determinan nuestra cotidianeidad. Vivimos, de esta forma, un tiempo de incertidumbre y falta de herramientas públicas que acompañen concretamente las necesidades que son esenciales para la integralidad de la ciudadanía. Lamentablemente, la profundización de esta crisis impacta en cada uno de nuestros vecinos, quienes se ven ante la necesidad de ajustar gastos para llegar a fin de mes.

Como respuesta a este panorama encontramos desde la dirigencia, en sintonía con diferentes actores legislativos y representantes del sector, un discurso fundamentado en la naturalización de la precarización laboral y empobrecimiento del sector trabajador. Una especie de "prácticas del espanto" que intentan generar miedo y obediencia plena. La principal excusa que se utiliza es mostrar un escenario nacional en crisis total, que habilitaría luego a tomar decisiones en detrimento de la promoción de herramientas que resuelvan esta situación. De esta forma, se potencia el bloqueo de la expresión, intentando llevar a las personas a situaciones miserables como conflictuar/confrontar en su espacio de trabajo por subsistir y sostener la dignidad.

El Gobierno local termina siendo el ejemplo más cercano de lo anteriormente expuesto, dejando en evidencia una manera de concebir la sociedad, un diseño de ciudad. En estos tiempos, donde podríamos considerar necesaria una mayor presencia, más situada y enfocada, de políticas públicas que resuelvan situaciones puntuales, se potencia la incertidumbre y la falta de certezas. Para no dejar el espacio público vacío, aparecen la "ventana", el "convenio", la "reunión", el "acuerdo", la "foto" que, de más sabemos, son instancias ineludibles (en todo caso), pero endebles y pocas prácticas para lo que demanda la hora. No es tiempo de programas enlatados llenos de claves administrativas, burocráticas y poco resolutivas. Es menester de los Gobiernos locales la cercanía con la población, el diálogo, el abordaje de situaciones concretas y la búsqueda de soluciones palpables.

Estamos asistiendo a un momento de la historia donde se intenta instalar la idea de la desvalorización absoluta por lo público, pretendiendo mostrarlo gastado (obsoleto), falto de elementos, de recursos, y lleno de falencias en el funcionamiento. A este argumento, muestras no me faltan. Sin embargo, debemos profundizar herramientas que nos involucren y, al mismo tiempo, gestionar cada vez mejor las instituciones, con transparencia, responsabilidad y vocación de servicio.

Entendiendo la gran crisis de imaginación en la que está orientado este tipo de escenarios me parece necesario, en primer lugar, abandonar la conflictividad personalista e individualista que obnubila y enceguece a la hora de tomar decisiones que impactan directamente en la calidad de vida de la ciudadanía y, en segundo lugar, avanzar en el diseño, retomando de una manera seria y responsable las temáticas, problemáticas y cuestiones que nos incluyen a todos y van en consonancia con la realidad de nuestra hermosa ciudad.

Jorge Luis Argüello - DNI 30.267.964