DR. NEREO HÉCTOR MAGI
El villamariense en el caso María Soledad Morales
La magíster María Magi de Quevedo envió un texto a nuestra Redacción para recordar a su hermano, el doctor Nereo Héctor Magi, al cumplirse hoy el decimoprimer aniversario del fallecimiento.
En la carta, la conocida “Nuna”?da cuenta de un caso “muy poco conocido en nuestra su ciudad”, pero que se manifiesta con alto impacto por lo ocasionado en su momento en todo el país, por el horror de los hechos sobre la desaparición de María Soledad Morales, en Catamarca.
Nereo Magi fue parte de la investigación en medio de un clima hostil para quienes buscaban la verdad.
Así lo describe “Nuna”:
A las 9.30 del lunes 10 de setiembre de 1990, en una zona conocida como Parque Daza, a unos siete kilómetros de la capital catamarqueña, se produjo el espeluznante hallazgo del cuerpo mutilado de la joven María Soldad Morales, desaparecida desde la madrugada del 8 del mismo mes.
Desde el comienzo mismo del caso, las investigaciones se vieron demoradas y manipuladas presuntamente por factores de los poderes policial y político, pero el gran clamor del pueblo, rebelándose contra esos intentos de desviarlas, hicieron que, al cabo de dos meses, el entonces presidente Carlos Menem designara al Dr. Luis Prol como interventor de la Justicia en Catamarca. Este, a su vez, ordenó la formación de un equipo de reputados funcionarios judiciales de Córdoba para acompañarlo en la ardua tarea que les tocaría realizar. Entre ellos podemos mencionar a los doctores Víctor María Vélez, Nereo Héctor Magi (posteriormente y respectivamente, presidente y vicepresidente de la Asociación de Magistrados de Cba.), el juez Juan Manuel Molina, Juan Manuel Ugarte, y Juan Carlos Vega, entre otros. Ellos debieron residir durante casi un año en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, donde estuvieron sometidos a constantes amenazas de muerte que involucraban también a miembros de sus familias y, además, debieron soportar intimidaciones y persecuciones constantes.
Como corolario de este difícil período de su carrera, Nereo, movido por su sentido del deber y su responsabilidad profesional, había aceptado renunciar a su cargo en la Justicia cordobesa, ante la promesa de las autoridades competentes de que este lo estaría esperando cuando terminara su labor en Catamarca. Esta promesa no se cumplió, habiéndose designado a otro para reemplazarlo en el cargo de asesor letrado que él había ocupado. Es así que debió permanecer sin trabajo por nueve meses, al cabo de los cuales rindió concurso y fue designado como juez de Menores en la ciudad de Alta Gracia. Unos años más tarde, rindió un nuevo concurso para acceder al cargo de camarista, el que ocupó hasta su deceso, ocurrido el 14 de agosto de 2013.
