El plato fuerte del día fue el Torneo de Asadores Interprovincial, que hizo las delicias de los presentes junto a las demás atracciones

La MECA 2026 cerró con todo

Con un lleno realmente impresionante finalizó ayer otra edición de esta mega exposición, cada vez más grande, cada vez con más atractivos y cada vez con más visitantes
lunes, 7 de septiembre de 2026 · 07:30

El frío de las primeras horas de la mañana dominical no hacía imaginar lo que sucedió horas después. Y es que el sol apareció con fuerza, la temperatura se volvió ideal y los caminos internos de la Sociedad Rural de Villa María (SRVM) comenzaron a llenarse. Tras el mediodía, los corredores eran verdaderos ríos de gente y, por momentos, resultaba difícil encontrar un lugar vacío.

El domingo de cierre de la Mega Exposición del Centro Argentino (MECA)?26 tuvo todos los condimentos para confirmar lo que durante los cuatro días de exposición ya se venía percibiendo: esta edición fue, por convocatoria y dimensión, un salto enorme respecto de las anteriores. La organización esperaba superar los 40 mil visitantes y el día final mostró una concurrencia excepcional.

Y en el centro de la fiesta estuvo el fuego. Y los costillares.

Más de 30 equipos participaron del Torneo de Asadores Interprovincial, con costillares vacunos a la estaca y varias horas de trabajo alrededor de las brasas. La competencia tuvo una premiación que reconoció el trabajo de los equipos, además de distinguir a los tres mejores asadores.

El primer puesto fue para Amigos de las Llamas, mientras que Somos Asado Campero obtuvo el segundo lugar y Los Vizcacheros completaron el podio en el tercer puesto. Estos últimos, además, recibieron una distinción especial: fueron elegidos como mejor stand entre los equipos participantes, reconocimiento que premió la presentación y la ambientación del espacio donde desarrollaron su propuesta.

Pero, más allá de los premios, el torneo fue un encuentro entre familias, amigos y grupos que recorren distintas fiestas y competencias del país y que se encontraron en Villa María para compartir una jornada especial.

 

Los protagonistas

Sebastián Urbani llegó desde Arroyo Cabral y representó al hospital de esa localidad junto a su compañero Damián. Habían llegado cerca de las 6 de la mañana y encendieron el fuego alrededor de las 8.30. El costillar llevaba entonces más de cuatro horas de cocción cuando comenzaba la etapa decisiva.

“Todos queremos ganar, pero lo más importante es venir, divertirse y compartir”, contó. Para él, además, la MECA representa una muestra que no deja de crecer: “Cada vez se va agrandando un poquito más”.

Entre los participantes había también verdaderos especialistas del circuito de asadores. Por ejemplo, José Orlando Fonseca, quien lleva cinco años compitiendo y ya suma cuatro campeonatos ganados. Su recorrido incluye competencias en Pasco, La Carlota, Nono, Santa Fe, La Pampa y otras localidades.

Cuando se le pregunta por el secreto de un buen costillar no duda: tiempo y buena leña.

“En competencias no tiene que ser menos de cuatro horas y media”, explicó. El fuego debe ser lento, alrededor de los 70 grados, y la elección de la leña también resulta determinante.

Carlos Franco, integrante de uno de los equipos que llegó desde Santa Fe, destacó justamente la organización. Su grupo lleva casi tres años participando en competencias y ya consiguió un primer puesto en Las Rosas y un tercer lugar en Funes. En Villa María, aseguró, encontró “todo prolijo” y una experiencia que esperaba poder repetir el año que viene.

También para Alejo Ballín, de Alcira Gigena, la competencia fue, antes que nada, una experiencia compartida. Llegó junto a su padre, Hernán, y destacó “el ambiente que se genera alrededor de los campeonatos y, sobre todo, compartir”, dijo.

 

Una competencia seria

El espectáculo del fuego tuvo detrás una evaluación rigurosa. Natalia Barrionuevo, sommelier de carnes y jurado con experiencia en competencias nacionales e internacionales, fue la jefa del jurado y explicó que no se trataba simplemente de determinar qué costillar “gustaba más”. Y señaló: “En la mesa se busca una cocción pareja de lado a lado, que se observa especialmente a través del jugo de la carne. También se evalúan el sabor y el aroma, obviamente”.

En el campo, dijo, “se analizaba desde el encendido del fuego hasta el manejo de las herramientas, las buenas prácticas de manufactura y el desenvolvimiento general del asador durante la competencia”; es decir, la evaluación combina la técnica frente a la estaca con el resultado final

Y a juzgar por la expresión de Barrionuevo durante la jornada, los participantes habían puesto la vara alta: “Va a estar difícil”, anticipó.

Uno de los costillares que acababa de ser retirado de la estaca también daba su propio veredicto. La carne estaba en su punto, jugosa y tierna. El asado, por unas horas, dejó de ser solamente comida para convertirse en espectáculo.

 

Campo, tradición y tecnología de punta

El concurso fue apenas una de las caras de una MECA que durante cuatro jornadas mostró la amplitud que alcanza hoy una exposición del campo.

En los distintos sectores convivieron maquinaria, tecnología, emprendimientos, instituciones, propuestas productivas y demostraciones vinculadas con la actividad agropecuaria. Uno de los atractivos fueron los grandes drones destinados a aplicaciones agrícolas, una imagen que sintetizó buena parte de la transformación que atraviesa actualmente el sector.

Desde el cielo, estas máquinas permiten realizar aplicaciones de productos fitosanitarios y otras tareas con una precisión cada vez mayor. En la misma expo donde se mostraba esa tecnología aparecían, a pocos metros, las tradiciones más antiguas del campo: el caballo, la estaca, la leña, las destrezas gauchescas y el asado.

También estuvo presente la producción ganadera y, particularmente, la actividad lechera, una de las identidades productivas centrales de Villa María y su región. La presencia de ejemplares Holando Argentino y las actividades vinculadas con la producción mostraron otra dimensión de una zona que ocupa un lugar destacado dentro de la cuenca láctea del país. También los búfalos acapararon la atención de todos.

 

Caballos, destrezas y una multitud

Mientras los asadores terminaban sus costillares, el público también se concentró alrededor de las demostraciones de destrezas gauchescas. La carrera de sortijas, las demostraciones de monta y otras suertes ecuestres convocaron a una enorme cantidad de espectadores.

Para muchos chicos, los animales fueron otra de las grandes atracciones. La exposición volvió a ofrecer así una experiencia particularmente familiar: mientras los mayores recorrían maquinaria, emprendimientos y propuestas productivas, los más pequeños encontraban caballos, animales de granja y espacios especialmente pensados para ellos.

La gastronomía, los puestos comerciales, la feria de artesanos y las distintas propuestas recreativas completaron una jornada en la que la exposición rural terminó funcionando como una gran fiesta popular.

Padre e hijo, una familia y un equipo juntos frente a su costillar 

Un cierre a toda música

La multitud no se fue después del asado. Al contrario, la jornada continuó durante toda la tarde y se extendió hacia la noche.

La Villa María Big Band abrió la programación musical del domingo al mediodía. Más tarde, cerca de las 17, llegó el turno de Arrasa como Topadora, la banda local que llevó su cumbia al escenario y volvió a poner a bailar a buena parte del público. El cierre quedó en manos de Los Quara, formación folclórica de Ticino. La programación oficial había previsto esos tres grandes momentos para la última jornada.

Así terminó la MECA 26, la cual parece haber encontrado una nueva dimensión.

La exposición ya no es solo una muestra de maquinaria o de ganado, ni una mera feria comercial. Es tecnología y campo, producción y entretenimiento, innovación y tradición, grandes empresas y pequeños emprendedores, animales, gastronomía, música y familias.

Y sí, hubo una imagen capaz de resumir todo eso, fue la del domingo: enormes drones mostraban hacia dónde va el agro y, a pocos metros, cientos de personas se reunían alrededor de una estaca para celebrar una de las tradiciones más arraigadas del campo argentino.

Fuego y tecnología. Campo y ciudad. Tradición y futuro. Todo junto, en una MECA 26 que cerró con una multitud. Y ahora, dejando la vara muy alta de cara la edición 2027.

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