El mismo fue encabezado por el gobernador Martín Llaryora y el intendente Eduardo Accastello, y donde desfilaron casi 250 instituciones de la ciudad y la provincia, provocando un lleno de más de 40 mil personas en la costanera

Villa María festejó 159 años con un desfile histórico

Durante más de 3 horas, el público asistente y demás autoridades disfrutaron de una gran celebración, donde no hubo ni tiempo de pestañear viendo pasar a gran parte de las y los villamarienses que hacen grande a la linda Villa
lunes, 28 de septiembre de 2026 · 07:30

Por fortuna, y a pesar de los pronósticos meteorológicos poco alentadores de este domingo, en el cumpleaños número 159 de Villa María, la amenaza de lluvia quedó atrás. Y es que aunque el cielo empezó la mañana con algunas nubes, poco a poco, el sol le fue ganando la partida al mal tiempo y la costanera villamariense terminó vestida de una manera que parecía hecha a medida para el festejo: una mañana agradable, luminosa, sin frío ni calor excesivo y, sobre todo, sin lluvia.

Desde temprano comenzaron a llegar las familias. Algunos buscaban un lugar desde donde ver pasar a sus hijos; otros llegaban con banderas, reposeras, teléfonos preparados para las fotografías y esa expectativa que tienen las celebraciones que vuelven después de mucho tiempo.

Y esta vez había una razón especial. El tan anunciado desfile por el aniversario de Villa María regresaba a la ciudad y lo hacía con una convocatoria multitudinaria. Según las cifras oficiales, más de 40 mil personas se acercaron a la costanera, mientras más de 250 instituciones participaron del paso frente al palco oficial.

A las 10.25 comenzó la ceremonia con la revista de tropas. El gobernador Martín Llaryora y el intendente Eduardo Accastello encabezaron el acto junto a autoridades provinciales y municipales. Sonaron los acordes del Himno Nacional y después del protocolo llegó el momento esperado: se solicitó autorización para iniciar oficialmente el desfile.

La Agrupación 27 de Septiembre marcó entonces el comienzo del paso. Fuerzas Armadas, fuerzas de seguridad y representantes de cientos de instituciones comenzaron a avanzar por el recorrido mientras el locutor oficial resumía, desde el micrófono, una idea que terminaría atravesando toda la jornada: Villa María es cultura, educación, trabajo y barrio; es una ciudad que mira hacia adelante sin olvidar el camino recorrido.

 

Los héroes, adelante

Los veteranos de Malvinas fueron los primeros en desfilar. La Marcha de Malvinas sonó a todo volumen y, casi de inmediato, la escena dejó de ser solamente protocolar.

Llaryora y Accastello descendieron de estrado para acercarse a saludar a los veteranos. Hubo aplausos, abrazos y una emoción que se extendió entre quienes estaban a los costados de la avenida.

Detrás de ellos avanzaron hijos de veteranos, llevando la celeste y blanca. Algunos lucieron, además, réplicas de la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” que la selección argentina mostró en el Mundial tras ganarle a Inglaterra, en una imagen que volvió a enlazar, de una manera muy particular, dos símbolos profundamente instalados en la memoria colectiva.

Fue uno de esos momentos en los que el desfile pareció detenerse, aunque la columna siguiera avanzando.

Después de los veteranos llegó otra de las imágenes fuertes de la jornada: las instituciones vinculadas a las personas con discapacidad. El Andén, Avisdown, el CEMDI, el Centro Elissalde y otras más fueron parte de una representación que también incluyó a otras organizaciones y espacios de acompañamiento.

La presencia tenía un significado especial. En medio de una jornada pensada para mostrar a la ciudad entera, las instituciones de discapacidad ocuparon también un lugar central junto a escuelas y organizaciones sociales y comunitarias.

Y entonces empezó a aparecer, literalmente, toda Villa María, con los más chiquitos adelante.

 

Una ciudad detrás de otra

Primero fueron los jardines maternales y de infantes. Después, las escuelas primarias y secundarias, con chicos que buscaban a sus familias entre la multitud y familias que levantaban los teléfonos para no perderse el momento en que pasaban sus hijos.

Desfilaron docentes, estudiantes, jubilados, centros de personas mayores, iglesias de distintos credos, comedores, merenderos, centros vecinales y organizaciones sociales e instituciones de toda índole.  También hubo agrupaciones culturales, grupos de danza y expresiones folclóricas.

Pasaron las fuerzas de seguridad, el Ejército Argentino, la Policía de Córdoba y Gendarmería Nacional. También los cuerpos y vehículos que habitualmente despiertan una atención especial entre el público.

Porque el desfile tuvo eso: cada grupo encontraba a alguien esperando su paso.

Una madre buscaba a su hijo. Un abuelo esperaba a su nieta. Un docente reconocía entre la columna a antiguos alumnos. Una familia levantaba una bandera. Los chicos saludaban. Los teléfonos se levantaban una y otra vez. El ambiente fue una fiesta. Y más que mirar un desfile, miles de personas parecían buscarse a sí mismas dentro de él.

La nueva bandera oficial de Villa María también tuvo su momento. Y detrás apareció otra de las grandes imágenes del día, y fue la de una bandera monumental de aproximadamente 250 metros, llevada por niños y familias que participan de los Centros de Promoción Familiar.

La tela avanzó y parecía no terminar nunca. Como tampoco parecía terminar la columna de instituciones.

 

La costanera, llenísima

A medida que pasaban las horas, la multitud seguía creciendo. La costanera, frente al Polideportivo Guillermo Evans, quedó colmada.

Las cifras oficiales hablan de más de 40 mil personas presenciando el desfile y más de 250 instituciones participantes, y quizás parecían más. Una dimensión que se entendía mejor mirando alrededor que leyendo cualquier número: las calles estaban pletóricas y el paso de las columnas parecía no tener fin.

También estuvieron los Bomberos Voluntarios de Villa María, uno de los cuerpos más queridos y reconocidos por la comunidad. El paso de sus vehículos, autobombas y equipos provocó otra vez aplausos y teléfonos en alto.

Parecía lógico que fueran protagonistas de uno de los últimos grandes capítulos del desfile. Pero todavía quedaba lugar para la memoria.

Después de las instituciones y los cuerpos de seguridad llegaron los autos antiguos, con sus carrocerías y formas de otra época. Y finalmente, las agrupaciones gauchas a caballo pusieron el cierre.

Caballos, jinetes, banderas y tradición avanzaron por la avenida mientras la multitud seguía allí. La tradición argenta y también villamariense se dejó sentir con la esencia misma del campo.

Los granaderos y estudiantes de las escuelas villamarienses compartieron un momento inolvidable

La ciudad se mostró

Durante varias horas, Villa María se vio pasar a sí misma.

Estuvieron quienes enseñan y quienes aprenden. Quienes trabajan en los barrios y quienes forman parte de instituciones sociales. Los chicos de los jardines y los adultos mayores. Los deportistas, los artistas, los grupos de danza, las organizaciones de discapacidad, las fuerzas de seguridad, los soldados, los bomberos y quienes mantienen vivas las tradiciones.

Y, obvio, estuvieron también las familias. Muchas familias.

Allí estuvo la verdadera dimensión del festejo. Estuvo en la gente que llegó para ver pasar a alguien querido y terminó quedándose para mirar pasar a todos los demás, y para festejar a su ciudad, su “Villa María querida”.

El desfile había comenzado con el protocolo, las autoridades, la revista de tropas y el Himno Nacional. Pero después se transformó en otra cosa. En una larga fotografía de la ciudad.

 

Fotografía en movimiento

Los veteranos de Malvinas abrieron el camino. Los niños llevaron banderas. Las escuelas llenaron la avenida. Las instituciones mostraron su trabajo. Los Bomberos recibieron el aplauso de siempre. Los autos antiguos trajeron recuerdos y los gauchos a caballo terminaron de ponerle tradición a una celebración que tuvo de todo.

Y el cielo, que durante los días previos había amenazado con aguar la fiesta, finalmente acompañó, con un azul perfecto.

Villa María cumplió 159 años con el sol encima, la costanera llena y una ciudad entera dispuesta a salir a la calle para decir, cada uno a su manera, que también forma parte de esta historia.

Los gauchos a caballo, mostrando a Lian y Loan, muy aplaudidos

Más de 40 mil personas estuvieron allí para verlo y más de 250 instituciones fueron las encargadas de mostrarlo a través de un desfile que pasará a la historia y que quedará grabado en la memoria de cada uno de los nacidos en esta ciudad, o de quienes vinieron de otros lugares y que, encandilados por su especial belleza, la eligieron para que sea su lugar en el mundo.

 

Voces de la ciudad, emocionadas y orgullosas

En una costanera colmada, mientras miles de personas acompañaban el desfile, cinco villamarienses contaron qué significa para ellos esta ciudad. Algunos nacieron aquí, otros llegaron desde localidades vecinas, pero todos sienten que Villa María también es parte de su propia historia.  Aquí, cuatro miradas sobre la Villa.

 

Mónica (trabajadora en la UNVM)

Mónica nació en un pueblo vecino, pero hace más de 30 años que su vida está ligada a Villa María. Aquí estudió, formó su familia y hoy trabaja. “Con los años, uno va tomando identidad y a la cultura villamariense nos la apropiamos”, contó. También destacó la posibilidad de participar en instituciones de la ciudad y sentirse parte de ellas. “Uno se siente con el corazón grande de pertenecer. Estoy feliz y orgullosa de vivir en esta ciudad. Ya prácticamente soy una villamariense más”.

 

Miguel Ángel (chofer de camiones)

Tiene 61 años y toda una vida en Villa María. No necesita demasiadas palabras para explicar su vínculo con la ciudad, y dijo: “Me crié acá toda mi vida. La amo a Villa María”, dice. Para él, participar del desfile es también una manera de celebrar esa pertenencia: “Es lindo. De vez en cuando se hace esto, pero es muy lindo”. Y cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta de Villa María, responde con la misma sencillez: “Todo acá. Todo. Lo que me hace falta, lo extraño acá”.

 

Elvio (docente de Nivel Medio y universitario)

Nació y se crió en Villa María y lleva 35 años dedicado a la docencia. Eso le permitió acompañar a varias generaciones de villamarienses, expresó: “Villa María es una gran familia”. Habló de caminar por la costanera, disfrutar los árboles y los espacios al aire libre, encontrarse con amigos y compartir con los jóvenes.

 

Silvia (administrativa de una obra social)

Silvia observa a Villa María, también, en relación con su vecina Villa Nueva. “Realmente están unidas, por más que las separe un río”, sostuvo. Le gusta la costanera, los comercios y esa posibilidad de vivir en una ciudad que considera pujante y, al mismo tiempo, relativamente tranquila. “Es muy linda”, resumió,

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