Tras el informe de aumento de casos a nivel nacional

La lupa de la tuberculosis bajo las condiciones sociales y económicas

La Argentina registra una tendencia creciente desde 2020 y las cifras más recientes mantienen la alerta epidemiológica. El médico y secretario de Salud de Villa María, Julián López, advierte que la enfermedad no puede analizarse solo desde lo biológico
lunes, 21 de septiembre de 2026 · 08:30

La tuberculosis volvió a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria argentina. Los registros oficiales muestran una tendencia creciente de la enfermedad desde 2020 y, lejos de tratarse de un problema del pasado, continúa representando un desafío para los sistemas de salud. Hasta la semana epidemiológica 22 de 2026, el Ministerio de Salud de la Nación notificó 6.482 casos en el país, 133 más que en el mismo período de 2025. Detrás de las cifras hay una enfermedad que, pese a ser prevenible, tratable y curable, sigue encontrando condiciones favorables para su transmisión y dificultades para su detección y seguimiento.

Para el médico y secretario de Salud de Villa María, Julián López, volver a hablar de tuberculosis es necesario, precisamente, porque todavía representa un problema de salud pública. “No es una enfermedad del pasado”, plantea, y destaca la importancia de que tanto la población como los equipos sanitarios mantengan una vigilancia activa.

 

Excede lo biológico

“La tuberculosis es una enfermedad infecciosa provocada por una bacteria y se transmite principalmente por el aire. El riesgo de transmisión aumenta cuando una persona con tuberculosis pulmonar elimina partículas que contienen el microorganismo al hablar, toser o estornudar, especialmente en espacios cerrados, con poca ventilación y durante períodos prolongados”, comenta.

Sin embargo, la explicación de por qué una enfermedad de estas características continúa presente no puede reducirse a la bacteria.

López pone el foco en los llamados determinantes sociales de la salud. El hacinamiento, las condiciones habitacionales, la malnutrición, las dificultades económicas y las barreras para acceder de manera oportuna a los servicios sanitarios forman parte de un entramado que puede dificultar tanto la prevención como el diagnóstico y el tratamiento.

“Hay que destacar que la tuberculosis no puede analizarse solamente desde la perspectiva biológica”, sostiene el funcionario, y remarca que esas condiciones sociales pueden convertirse en obstáculos para que una persona llegue a tiempo al sistema de salud o pueda sostener adecuadamente un tratamiento que requiere varios meses.

“La tuberculosis, en ese sentido, también permite observar las desigualdades que atraviesan a una comunidad. No se trata únicamente de detectar la presencia de una bacteria, sino de garantizar que una persona pueda consultar, acceder a los estudios necesarios, iniciar el tratamiento y mantener el vínculo con los equipos de salud durante todo el proceso”, agrega.

 

Un problema  mundial

La situación argentina forma parte de un escenario internacional que continúa generando preocupación. Según la Organización Mundial de la Salud, durante 2024 se estimaron 10,7 millones de casos de tuberculosis en el mundo y 1,25 millones de muertes por esta enfermedad.

“En este contexto, la atención primaria aparece como una herramienta fundamental. La posibilidad de detectar tempranamente a una persona con síntomas, facilitar los estudios y garantizar el seguimiento puede marcar una diferencia tanto para el paciente como para evitar nuevas transmisiones”, subraya.

 

La vigilancia en Villa María

En Villa María, López explica que el abordaje se sostiene desde la Atención Primaria de la Salud (APS), a través de los centros de salud y la asistencia pública, en articulación con el Hospital Regional Pasteur y las autoridades provinciales de Epidemiología del Ministerio de Salud.

El objetivo es identificar de manera temprana a las personas que presentan síntomas compatibles, facilitar el acceso a los estudios y avanzar en el diagnóstico. Los procedimientos de mayor complejidad se realizan en el hospital para aquellas personas que no cuentan con cobertura médica.

“Es muy importante que ningún paciente quede desvinculado del sistema de salud durante todo el proceso”, remarca López.

El seguimiento puede requerir un trabajo sostenido durante meses. En algunos casos, los equipos sanitarios realizan tratamientos supervisados, incluso con administración diaria de la medicación en el domicilio, además del control de los síntomas y de las posibles complicaciones mediante equipos interdisciplinarios.

La continuidad del tratamiento es una de las claves. La tuberculosis puede curarse, pero requiere que la persona complete la medicación indicada y mantenga los controles correspondientes.

 

Una señal de alerta

Uno de los principales desafíos es reconocer los síntomas y consultar a tiempo.

López recomienda prestar especial atención a la presencia de tos y expectoración durante más de dos semanas. También pueden aparecer fiebre persistente, sudoración nocturna, pérdida de peso, falta de apetito y, en algunos casos, expectoración con sangre.

Ante estos síntomas, la consulta permite descartar tuberculosis y otras enfermedades. El diagnóstico oportuno posibilita iniciar rápidamente el tratamiento y reducir las posibilidades de transmisión.

Un aspecto central es que no todas las personas infectadas desarrollan la enfermedad. Quienes tienen una infección tuberculosa latente no transmiten la bacteria. Por eso, cuando se detecta un caso, también resulta fundamental estudiar a los convivientes y a los contactos estrechos para identificar posibles infecciones o enfermedades y ofrecer las medidas preventivas correspondientes.

 

Sostener el tratamiento

El tratamiento debe sostenerse durante varios meses y requiere seguimiento.

En ese punto, las condiciones sociales vuelven a tener peso. Las dificultades económicas, los problemas habitacionales, la imposibilidad de trasladarse o las barreras para acceder regularmente a los servicios de salud pueden dificultar la continuidad de los controles.

Para los equipos sanitarios, entonces, el abordaje implica mucho más que indicar medicamentos. Supone acompañar al paciente, controlar su evolución y evitar que quede desvinculado del sistema.

 

La prevención

La prevención ocupa otro lugar importante dentro de la estrategia sanitaria. La vacunación con BCG continúa siendo una herramienta para prevenir formas graves de tuberculosis, especialmente en la infancia.

Pero, para López, la respuesta requiere una mirada integral. La tuberculosis es una enfermedad curable y, al mismo tiempo, una enfermedad que revela las condiciones en las que viven las personas.

En ese sentido, el aumento de las notificaciones vuelve a abrir una discusión que excede las estadísticas epidemiológicas: cómo las condiciones habitacionales, la alimentación, la situación económica y las posibilidades reales de acceder al sistema sanitario pueden condicionar la salud.

“La tuberculosis no es solamente una cuestión biológica”, plantea el secretario de Salud de Villa María. Y esa mirada resulta central para pensar una respuesta que no se limite a tratar la enfermedad cuando aparece, sino que también permita identificar y reducir las condiciones sociales que pueden favorecer su persistencia.

La vigilancia epidemiológica, el diagnóstico temprano, el tratamiento completo y el acompañamiento de los pacientes constituyen, así, distintas partes de una misma estrategia. En una enfermedad que todavía provoca miles de casos y muertes cada año en el mundo, volver a hablar de tuberculosis también significa volver a hablar de acceso a la salud y de las condiciones en las que vive la población.