El eminente infectólogo cordobés habló con elDiario sobre el avance de la nueva cepa Bundibugyo

Hugo Pizzi ve muy difícil que el Ébola llegue al país

El médico analizó el avance del virus en África Central y, aunque dijo que son “casi nulas” las posibilidades de que entre a la Argentina, advirtió de la dificultad para contener el brote. Destacó también que se está probando una vacuna
lunes, 14 de septiembre de 2026 · 08:30

El virus del Ébola volvió a encender las alarmas internacionales. Esta vez, se trata del Bundibugyo, una especie del género Ebolavirus para la que actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado. El brote permanece activo en la República Democrática del Congo, donde la transmisión continúa extendiéndose y las dificultades de acceso, los desplazamientos de población y la inseguridad complican las tareas sanitarias.

En diálogo con este medio, el infectólogo cordobés Hugo Pizzi explicó que una de las principales características del actual escenario es, precisamente, la ausencia de herramientas específicas para esta variante.

“No existen vacunas actuales para este Bundibugyo, pero no hay dudas de que ya se está probando una”, señaló. Según explicó, el personal sanitario que trabaja en las zonas afectadas está siendo sometido a una experiencia con una vacuna modificada a partir de desarrollos anteriores. “Veremos en los próximos días si dio o no dio resultado. Eso sería una gran noticia”, sostuvo.

La magnitud del brote explica la preocupación internacional. Al 7 de septiembre, la República Democrática del Congo acumulaba 6.757 casos confirmados y 3.267 fallecidos, con una letalidad cercana al 48%. Uganda, que también había registrado casos vinculados con el brote, logró declarar el fin de la transmisión luego de completar 42 días sin nuevos casos.

 

Un escenario complejo

Para Pizzi, el problema sanitario se ve agravado por las condiciones sociales y políticas de las regiones afectadas.

“Se está trabajando con muchas dificultades porque hay tropas rebeldes, hay gente que huye, hay gente que tiene mucho temor y también se escapa, inclusive gente de distintos sanitarios”, describió.

La respuesta, sin embargo, ya no parte del mismo nivel de conocimiento que en los primeros brotes. El especialista señaló que durante décadas se aprendió cómo actuar frente a una enfermedad “cuya transmisión está fuertemente asociada al contacto con fluidos corporales de personas infectadas y con los cuerpos de quienes fallecen”.

“Hay conocimientos que antes no había”, resumió.

Entre esos aprendizajes, Pizzi destacó, particularmente, el manejo de los cuerpos durante los funerales, ya que dijo, “el contacto con cadáveres infectados puede favorecer la transmisión, por lo que las autoridades sanitarias insisten en procedimientos seguros para su manipulación y entierro”.

 

Pocas posibilidades

Frente a la preocupación que genera la circulación internacional de personas, Pizzi buscó llevar tranquilidad respecto de la Argentina.

“Las posibilidades de que llegue a Argentina son remotas, casi nulas”, afirmó.

El infectólogo explicó que existe actualmente una alarma sanitaria internacional y que los sistemas de vigilancia permiten detectar y aislar a personas que puedan presentar síntomas compatibles luego de haber estado en zonas afectadas.

“Toda persona que venga y que diga: ‘Vengo de África’ y tiene cuadros febriles, es aislado y no se reintegra hasta que no tenga la seguridad de que la persona no sea un portador”, explicó.

Pizzi recordó, además, que los distintos brotes de Ébola registrados durante las últimas décadas nunca llegaron a producir una transmisión sostenida en la Argentina. El antecedente, sumado a los actuales mecanismos de vigilancia, permite mantener una mirada prudente.

“No hay que dejar de estar atentos”, parece ser el mensaje de fondo del especialista, pero tampoco trasladar a la vida cotidiana argentina una emergencia que permanece concentrada principalmente en África Central.

 

La experiencia argentina

En ese escenario, aparece también un antecedente sanitario que Pizzi considera especialmente valioso: la experiencia argentina frente a la fiebre hemorrágica argentina, conocida como “mal de los rastrojos”.

El desarrollo del tratamiento con plasma de personas que habían superado la enfermedad constituyó uno de los grandes avances argentinos frente al virus Junín. Aquella experiencia, y de la que Pizzi formó parte  de manera directa, y desarrollada fundamentalmente desde el Instituto Maiztegui, demostró el valor de los tratamientos basados en el conocimiento acumulado durante los brotes.

Para Pizzi, aquella historia vuelve a cobrar relevancia cuando el mundo enfrenta una enfermedad para la que todavía se buscan herramientas específicas.

La situación actual, entonces, combina una epidemia de gran magnitud con dificultades concretas para su control, pero también con algo que no existía en los primeros brote del temido virus: experiencia, vigilancia internacional y conocimiento acumulado.

Por eso, frente al temor que genera el nombre Ébola, el mensaje del infectólogo cordobés es claro: “Hay que seguir muy de cerca lo que sucede en África, pero el riesgo para la Argentina sigue siendo extremadamente bajo”, sostuvo.