UNVM - La Diplomatura en Formación?Sociolaboral para Personas son Discapacidad Intelectual entra en una etapa muy importante

Una propuesta muy positiva

La iniciativa destinada a personas mayores de 18 años, que comenzó en abril y culiminará en noviembre, es la primera propuesta de estas características que lleva a cabo la casa de altos estudios, y se ha convertido en una experiencia muy buena para sus participantes y para la institución
lunes, 31 de agosto de 2026 · 08:30

La experiencia comenzó en abril y a pocos meses de su inicio ya transita una de sus etapas más significativas.

La Universidad Nacional de Villa María (UNVM) lleva adelante por primera vez una Diplomatura en Formación Sociolaboral para Personas con Discapacidad Intelectual, una propuesta destinada a mayores de 18 años que hayan culminado sus estudios secundarios y que busca abrir nuevas posibilidades de participación y autonomía en el mundo del trabajo.

Actualmente, son 15 los estudiantes que cursan la Diplomatura, en su mayoría, provenientes de Villa María y también de otras localidades.

La formación se desarrolla de manera presencial dos veces por semana en el Campus Universitario y se extenderá hasta fines de noviembre.

“Está siendo una linda experiencia dentro de la universidad”, resumió Liliana Pagola, coordinadora del área de Accesibilidad, así como de esta Diplomatura, que surgió luego de más de un año de trabajo conjunto entre profesionales del espacio que está a su cargo, Derechos Humanos de la Secretaría de Bienestar, el Instituto de Extensión y la Escuela de Formación Profesional OBRA.

Cabe señalar que la iniciativa forma parte del Programa Universitario de Formación Integral para Personas con Discapacidad y representa una experiencia inédita para la institución.

“Es la primera experiencia dentro de la Universidad de formación para personas con discapacidad y eso ya la convierte en un éxito”, destaca la coordinadora.

Pero el desafío va más allá de ofrecer un espacio educativo específico. Y es que la propuesta fue pensada para que sus participantes puedan adquirir herramientas que les permitan construir de manera progresiva una trayectoria hacia el mundo laboral. Por eso, la formación no está orientada a un oficio determinado, sino al desarrollo de capacidades que permitan acceder, sostener y proyectar experiencias de inclusión laboral.

En ese recorrido se trabajan tres dimensiones. Una está vinculada con los saberes sociolaborales: derechos y obligaciones como trabajadores, organización del trabajo y herramientas para desenvolverse en distintos ámbitos. Otra aborda habilidades necesarias para la vida adulta, como la gestión del tiempo, el uso del transporte público, la administración económica personal, el cuidado de la salud y el ejercicio de los derechos ciudadanos.

La tercera dimensión apunta a las competencias relacionales. Allí se generan espacios de socialización, expresión emocional, resolución pacífica de conflictos y construcción de redes de apoyo entre pares.

“Los objetivos tienen que ver con diseñar una propuesta formativa específica, implementar las condiciones institucionales para que los estudiantes puedan tener una participación plena y promover formaciones para el trabajo en el ámbito de la discapacidad”, explicó Pagola.

 

Hacia los espacios reales

Ahora llega uno de los momentos centrales de la Diplomatura. A fines de septiembre comenzarán las prácticas profesionales, una instancia en la que cada estudiante cumplirá diez días de experiencia en un espacio de trabajo.

La elección de esos lugares no será aleatoria. Se están definiendo ámbitos dentro y fuera de la Universidad de acuerdo con los intereses, capacidades y potencialidades identificadas en cada estudiante, en un trabajo conjunto con el equipo docente y técnico.

La práctica representa, de este modo, el puente entre la formación recibida durante estos meses y una experiencia concreta en un ámbito laboral real.

Entre las instituciones que participarán estará también elDiario del Centro del País, que recibirá a uno de los estudiantes desde el 22 de septiembre y hasta fines de octubre, durante dos horas semanales. La persona que realizará allí su práctica todavía no fue designada.

La incorporación de instituciones y organizaciones de la comunidad amplía así el alcance de una experiencia que nació dentro de la Universidad, pero que busca proyectarse hacia afuera: que la formación pueda convertirse en oportunidades concretas de participación social y laboral.

La Diplomatura continuará hasta fines de noviembre. Para entonces, sus primeros 15 estudiantes habrán atravesado una experiencia que, además de incorporar conocimientos y herramientas para el trabajo, plantea una pregunta mucho más amplia: cómo generar condiciones para que las personas con discapacidad intelectual puedan ejercer efectivamente su derecho a trabajar, desarrollar su autonomía y construir sus propios proyectos de vida.