Las calles - Manuel Quintana
El amigo de los ingleses que quiso bombardear Rosario
La denominación de la calle fue impuesta por Ordenanza Nº 949, con fecha 13 de septiembre de 1954, bajo la gestión de José PerazoloManuel Pedro Quintana nació en Buenos Aires el 19 de octubre de 1835, en el seno de una familia patricia. Sus padres fueron el estanciero Eladio de la Quintana y María Manuela Bernardina Sáenz de Gaona.
Se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires a los 20 años y dos años más tarde iba a dirigir la cátedra de Derecho Civil de la misma casa de estudios. En 1861 contrajo matrimonio con María del Carmen Susana Rodríguez Viana, con quien tuvo 10 hijos.
Participó en política desde su juventud y en el año 1860 fue elegido diputado de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, por el partido de Bartolomé Mitre.
Posteriormente, se pasó al Partido Autonomista de Adolfo Alsina para oponerse al proyecto de Mitre de nombrar capital de la República a la ciudad de Buenos Aires.
En el año 1862 fue elegido diputado nacional por la provincia de Buenos Aires y presentó un proyecto de ley para nombrar a Rosario como capital de la Nación, el cual sería aprobado, pero vetado por el Poder Ejecutivo. En 1870 fue elegido senador nacional, y en 1871, el presidente Domingo Faustino Sarmiento lo envió a Asunción del Paraguay a negociar el tratado de paz que puso fin a la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay.
En 1877 ocupó el rectorado de la Universidad de Buenos Aires hasta el año 1881, en que terminó su mandato.
Al regreso de un viaje por dos años por Europa se dedicó a la actividad privada como abogado, obteniendo un gran éxito.
Tras el fracaso de la revolución radical de 1893, el presidente Luis Sáenz Peña lo nombró ministro del Interior.
Durante su gestión se intervinieron las provincias de Santa Fe y San Luis, y se declaró el estado de sitio en todo el país.
A finales de la segunda Presidencia de Julio A. Roca, el Partido Autonomista Nacional estaba dividido en dos facciones: la dirigida por Roca y la que lideraba el expresidente Carlos Pellegrini; por ello, Roca buscó la alianza con el partido de Mitre, proponiendo una fórmula de alianza que llevara como candidato a presidente al mitrista Manuel Quintana, quien resultaría, finalmente, triunfante.
Su Presidencia se desarrolló en el ámbito del período denominado la "República liberal" o "República Conservadora", marcado por el Gobierno elitista del Partido Autonomista Nacional y el fraude electoral.
El Gobierno de Quintana fue una continuación de los anteriores: sus políticas exteriores y económicas siguieron las de Roca; la economía siguió mejorando, impulsada por el aumento del intercambio comercial y se siguió extendiendo la red ferroviaria.
Entre sus gestiones de gobierno, cabe destacar la nacionalización de la Universidad de La Plata, la reglamentación del ejercicio de las profesiones liberales, la sanción de la Ley de Descanso Dominical, propuesta por el diputado socialista Alfredo Palacios, y la llamada "Ley Láinez", de creación de escuelas elementales en las provincias.
Quintana no estaba de acuerdo con el sistema uninominal, establecido por la ley electoral de 1901, ya que no se había modificado el sistema de clientelismo ni la presión sobre los votantes. De modo que envió al Congreso un proyecto de ley, proponiendo un padrón único y universal basado en los registros del Servicio Militar y la obligatoriedad del voto. El proyecto original fue tan modificado que lo único que tuvo en común con el presentado por el presidente fue la eliminación del sistema uninominal; resultó un completo regreso al sistema anterior, con todos sus defectos.
Desde la derrota de 1893, y más aún desde la división entre “bernardistas” y seguidores de Hipólito Yrigoyen, nadie tenía en cuenta seriamente a la Unión Cívica Radical como un partido con posibilidades de acceder al poder. Pero, repentinamente, la UCR reapareció mostrando una organización política y territorial muy superior a la del oficialismo y una gran decisión de lucha en la revolución radical de 1905, en que estuvieron implicadas varias unidades del Ejército.
Estallada el 4 de febrero de ese año, tuvo un éxito relativo en Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Bahía Blanca y Mendoza, pero fue rápidamente sofocada.
El estrés sufrido por el presidente durante este conflicto dañó su salud. Como consecuencia, redujo al mínimo su jornada laboral, lo que complicó su gestión de gobierno.
Posteriormente, Quintana sufrió un atentado contra su vida por parte del anarquista catalán Salvador Planas, quien disparó defectuosamente contra el carruaje que lo transportaba. Finalmente, Quintana murió el 12 de marzo de 1906 en Buenos Aires.
No bombardeen la cuna de la bandera
En junio de 1876 se produjo un incidente entre el Gobierno de Santa Fe -en ese entonces, a cargo de Servando Bayo- y la sucursal del Banco de Londres, en Rosario, por no haber acatado esta ley que ordenaba la conversión a oro de todas las emisiones de papel moneda realizadas por el Gobierno provincial. A raíz de esta situación se ordenó la detención del gerente de la sucursal y la intervención de la misma.
Quintana, por entonces, era senador nacional y, a la vez, el asesor legal del banco al momento de la crisis, y no dudó en renunciar a su banca por “razones de salud”. Sin embargo, Quintana viajó a Londres, donde propuso al Gobierno de Gran Bretaña el bombardeo de la ciudad de Rosario si el Gobierno de Santa Fe no dejaba sin efecto la intervención del banco. Estanislao Zeballos, testigo presencial del incidente, relató lo que ocurrió luego: apenas el abogado Quintana anunció en forma intimidatoria la presencia de una cañonera inglesa en el puerto de Rosario, el canciller, con digna reacción, se puso de pie y se negó a continuar hasta que Quintana se retirase del despacho, no aceptando que un argentino fuese portavoz de una acción intimidatoria extranjera. La enérgica posición de Bernardo de Irigoyen, ministro de Relaciones Internacionales del presidente Nicolás Avellaneda, detuvo la acción bélica.
En 1983 quiso atacar Rosario nuevamente: esta vez, para sofocar las tropas populares que respondían a Leandro N. Alem, quien finalmente se rinde, pero Quintana, tras ser interpelado en el Congreso, debió renunciar a su cargo.
