Comercio - La crisis del consumo golpea a uno de los rubros más históricos y de calidad de la industria nacional

“Casi no se venden zapatos”

Con seis décadas ligado a la venta del calzado, Elvio Belletti aseguró que el sector vive una situación inédita. Para él, la caída de las ventas, el avance del calzado importado y el mal funcionamiento de la otrora exitosa cuenta corriente aparecen como combo explosivo
lunes, 3 de agosto de 2026 · 07:50

La industria argentina del calzado atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. La caída del consumo interno, el incremento de las importaciones y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios configuran un escenario que preocupa tanto a fabricantes como a comerciantes.

Los números reflejan esa realidad. De acuerdo con datos de la Cámara de la Industria del Calzado, durante 2025, la producción nacional se redujo de 120 a 80,4 millones de pares anuales, un 25,6 % menos, mientras que el ingreso de calzado importado alcanzó niveles históricamente altos. Referentes del sector estiman que entre enero de 2025 y mayo de 2026 ingresaron al país 67 millones de pares provenientes del exterior, una cifra que pone una presión creciente sobre la producción local.

En ese contexto, distintas voces de la industria y el comercio comenzaron a advertir que la actividad atraviesa una crisis de una profundidad inédita.

Incluso en los últimos días, un fabricante llegó a afirmar públicamente que “la industria del calzado está terminada” y que la ruptura de la cadena de pagos amenaza, literalmente, con acabar con la industria misma.

 

Larga y exitosa historia

Con ese panorama nacional como punto de partida, elDiario dialogó con uno de los comerciantes del calzado de mayor trayectoria de Villa María, Elvio Belletti, quien lleva 62 años vinculado al rubro, primero, como empleado, y luego, como propietario de una zapatería que este año cumple 43 años.

Su historia comenzó a los 13 años y medio, cuando recorría Villa María y Villa Nueva como cadete de una zapatería, repartiendo los zapatos que los clientes compraban antes de que existieran las bolsas de plástico y el comercio moderno. Más tarde fue encargado de depósito, vendedor y, finalmente, decidió independizarse con un pequeño local que con los años se transformó en un comercio tradicional de la ciudad.

Durante ese recorrido atravesó las grandes crisis económicas argentinas. Sin embargo, asegura que la actual tiene características diferentes.

Belletti señaló que el principal problema no está en las fábricas ni en los comercios, sino en el bolsillo de los consumidores.

“Mi cliente es la clase media y la clase media está muy, pero muy apretada”, resumió.

Además, dijo que, históricamente, su negocio se sostuvo gracias a familias donde trabajan uno o dos integrantes y que utilizaban la cuenta corriente del comercio para comprar. Hoy, dice, ese mecanismo, prácticamente, dejó de funcionar.

“Todos los días le pido a mi empleada que me separe cinco cuentas buenas para llamarlas. Les digo: ‘No me debés nada, pero quiero que me debas. Hace siete u ocho meses que no te vendo un par de zapatos’. Y la respuesta es siempre la misma: ‘No llegamos a fin de mes. La última semana comemos arroz y fideos para volver a cobrar el sueldo’.”

Para Belletti, esa respuesta resume el verdadero problema que atraviesa el sector. Cuando las familias apenas logran cubrir alimentos, servicios, alquileres y medicamentos, la compra de un par de zapatos deja de ser una prioridad.

“No es que la gente no quiera pagar. Es que directamente dejó de comprar porque no sabe si después va a poder cumplir. Hoy, el calzado brasileño cuesta un 40% menos, no podemos competir con eso. Y si llega entrar el chino, nuestra histórica industria de un calzado de calidad estaría acabada” dijo.

 

La cadena se resiente

Todo parece indicar que ese cambio en los hábitos de consumo repercute sobre toda la actividad. Y es que el comerciante aseguró que observa jornadas completas en las que prácticamente no ingresan ventas por cuenta corriente y que las promociones bancarias o de tarjetas apenas logran sostener parte del movimiento comercial.

Beletti señaló que “hay promociones, seis cuotas, descuentos, pero el cliente de siempre, el que era buen pagador, se cuida porque no sabe qué puede pasar el mes que viene”, y según explicó, esa situación termina impactando sobre proveedores, fabricantes y toda la cadena comercial.

 

Del crecimiento al achique

La historia de Belletti también refleja cómo cambió el comercio local. Porque cuando abrió su negocio, a comienzos de los años ochenta, comenzó con un pequeño local y fue creciendo de manera sostenida.

“Vendía un par y compraba uno y medio. Vendía otro y volvía a comprar. Así fui creciendo”, dijo.

Recordó que llegó a tener cuatro empleados, incorporó valijas, indumentaria y otros productos, y durante más de cuatro décadas logró consolidar una clientela fiel. Pero hoy, la realidad es distinta.

Actualmente trabaja junto a un solo empleado y a uno de sus hijos. Además, después de más de dos décadas en su actual ubicación, deberá trasladar el negocio a un local más pequeño como consecuencia del incremento de los costos comerciales. Lejos de interpretarlo como un hecho aislado, considera que muchos comerciantes están buscando nuevas formas de sobrevivir: reducir superficies, bajar gastos fijos y adaptarse a un mercado mucho más chico que el de años anteriores.

 

“Nunca vi una crisis así”

Belletti afirmó haber atravesado todas las crisis económicas argentinas desde que comenzó a trabajar, y señaló: “Sufrí todas. Me arrodillé muchas veces, pero las pasé. Pero hoy casi no se venden zapatos”.

Sin embargo, sostiene que la diferencia de la actualidad está en la duración y en la profundidad del deterioro del consumo.

“Lo que estoy viviendo ahora es una agonía demasiado larga. Nunca vi una crisis igual. Tampoco nos ha beneficiado el tema del estacionamiento medido, ya que nos ha sacado mucha gente local y de la región del centro.”

 

Autocrítica personal

Durante la entrevista también realizó una reflexión política. Contó que, proveniente de una familia de tradición radical, en las últimas elecciones decidió apoyar a Javier Milei convencido de que podía representar un cambio para el país. Incluso recomendó a sus hijos y al resto de su familia acompañar esa decisión. Hoy reconoce públicamente que aquella expectativa no se cumplió.

“Pensé que podía ser la salvación. Hoy mis hijos me dicen: ‘Mirá cómo estamos’. Y tienen razón. Me equivoqué”, sostuvo.

Belletti asegura que no volverá a acompañar con su voto al actual presidente y que el desencanto también alcanza a su entorno familiar. Pero más allá de esa definición y de afirmar que no lo votaría de nuevo, insiste en que el problema excede lo político.

“Lo que veo todos los días es que la gente no llega a fin de mes. Y cuando la gente no llega a fin de mes deja de comprar zapatos. Ahí empieza a frenarse toda la rueda.”

Este testimonio pone rostro local a una realidad que ya describen los fabricantes y las cámaras empresarias. Detrás de los indicadores de producción, de las estadísticas sobre importaciones o de los problemas de la industria hay historias concretas de comerciantes que llevan toda una vida detrás de un mostrador y que hoy observan, con gran preocupación, cómo el consumo se achica y pone en jaque a negocios como el suyo.

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