Entrevista - Ortencia Basconsela, mamá de Paolo Lafurcada, el niño asesinado un 4 de agosto de 1997

Un duelo difícil de cerrar

Ortencia Basconsela habla de su vida después de enterrar a su hijo asesinado y de las violencias que vinieron después
domingo, 2 de agosto de 2026 · 07:50

Hace casi 29 años mataron a un niño en Villa María. La principal homicida, Ramona Cabrera, falleció. Había sido condenada a prisión perpetua con su pareja, Carlos Torchio.

La tapa del diario del miércoles 6 de agosto de 1997, cuando buscaban a Paolo. No sabían que ya había sido asesinado dos días antes

Ambos, mientras estaban en la vivienda que ocupaban en el barrio San Martín, asesinaron a Paolo Lafurcada (12), lo metieron en una caja de televisor y tomaron un remise para abandonar el cuerpo a la vera de la ruta 4.

La edición del 14 de octubre de 1998 refleja el fin del juicio contra los culpables y la máxima sentencia del tribunal

La herida sigue abierta. Así lo manifestó la mamá de Paolo, Ortencia Basconsela.

En diálogo con elDiario, cuenta que tiene presente el rostro de su hijo de 12 años. Hoy tendría 41, y no imagina cómo se vería ahora, convertido en hombre.

“Todos los años siento este recuerdo vivo, lo siento todos los días de mi vida. En especial en un año como este, en el que transito con muchos problemas, cosas tristes que me han pasado, todo eso acentúa el gran dolor y la gran pérdida”, dijo.

“Siempre quiero recordarlo riéndose, de la mejor manera, pero es tan grande el dolor que es difícil”, señaló.

El año del crimen, ella vivía con Hugo García, el padre de su segunda hija, en una casa que habían construido al fondo del terreno de quien fue su suegra, Ramona Cabrera, la misma que asesinó a su hijo.

“Nunca lo hubiera sospechado de ella, no se mostraba con ese nivel de maldad, siempre decía que lo quería a Paolo, que lo aceptaba”, agregó.

 

Despojo

A Ortencia y a su hija no solo le quitaron a Paolo, sino que también las dejaron sin techo. “Nosotros habíamos empezado el trámite de subdivisión de la casa que construimos, pero no llegamos”, informó.

Quien era su suegra, le pagó a los abogados que la defendieron por matar a Paolo, con la escritura que incluía el terreno y las dos viviendas. “Desde entonces, con mucho esfuerzo, alquilo”, dijo.

Cualquier pérdida o cualquier despojo parece mínimo después de haber enterrado a su hijo; sin embargo, suma para dejarla más vulnerable.

 

Violencia

“Muchos me preguntan por qué seguí al lado del padre de mi hija, si era de la familia que asesinó a Paolo”, dijo. Así suele ser la gente, cuestiona al inocente, a la víctima.

Y si bien no tiene por qué hacerlo, lo explica: “Yo le prometí a Paolo, en su tumba, que su hermana se iba a criar con su padre, lo que él no tuvo”.

Así pasó 25 años al lado de Hugo García, el hijo de Ramona.

“Solo yo sé lo que pasé con él cuando empezó con lo de las drogas”, mencionó, para referirse a un sinnúmero de violencias padecidas.

García figura como condenado en varias causas, una de ellas, vinculada a estupefacientes. “Igual, siempre lo acompañé, me prometí que mi hija iba a criarse con su padre. No sabía el costo que estaba pagando”, lamentó.

Recuerda que un día del año 2020 o 2021, llegó la Policía a la medianoche y se llevó detenido a García. Cuando preguntó el motivo, le dijeron que había incumplido una orden de restricción con otra mujer, con la que mantenía una relación paralela. Cuando llegó el juicio, supo que no era solo eso: había abusado sexualmente.

“Hasta acá te acompañé”, le dijo a García, y procuró cortar todo contacto. Algo que nunca pudo hacer.

 

Hostigamiento

A partir de ese momento, comenzó a recibir de manera constante, llamadas telefónicas desde la cárcel y también, mensajes de texto. “Si no sos mía no sos de nadie”, le decía.

Pasados unos años, conoció “a un hombre bueno”, pero cuando García se enteró lo hostigó también a él y su familia.

“No nos dejaba vivir, ni a mí, ni a mi hija”, remarcó.

Cada vez que recibía una amenaza o un llamado procuraba ir a la Justicia. Les decía que se sentía atemorizada, que hasta una noche llegó un hombre que su ex había enviado para controlarla. Todas esas denuncias cayeron en saco roto.

“Nunca pude poner un abogado porque vivo con lo justo”, señaló.

En una oportunidad, con el oído atento de un funcionario judicial, decidieron escuchar a la hija. Ella contó que su padre le había dicho que mataría a su madre y que desde entonces, vivía con miedo.

Por esa amenaza, lo juzgaron y condenaron a ocho meses de prisión. Hicieron al juicio mientras estaba preso por el abuso sexual, cumpliendo la condena de seis años.

En este mes, podría estar en condiciones de salir en libertad.

“Y yo sigo acá, con miedo,  esperando una respuesta, una ayuda, para poder vivir con seguridad de una vez por todas”, concluyó.

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