En el marco del 176º aniversario del paso a la inmortalidad de Don José de San Martín, elDiario lo recuerda con esta colaboración especial

Sobre el intento de borrar a San Martín de la historiografía

A continuación, un texto de un reconocido analista local sobre el intento de dejar en el olvido la obra patria del máximo prócer argento, entre otros detalles más
martes, 18 de agosto de 2026 · 08:30

Escribe: Jorge Daher ESPECIAL PARA ELDIARIO

Un grupo comandado por Bernardino Rivadavia pretendió dejar de lado la gigantesca obra del Padre de la Patria en Argentina, y también en Chile otros gobernantes, además la envidia de quienes se constituyeron en enemigos y la perturbación que implica sostener pasiones irracionales.

A tal punto que no fue suficiente la retirada de Don José de  San Martín a Europa, sino que cuando regresan los pocos granaderos, en 1826, finalizada la campaña libertadora, Rivadavia nombra a un pequeño grupo como su escolta personal. Luego, Carlos María de Alvear (también enfrentados políticamente), al finalizar la guerra con Brasil, deja disuelto el remanente del regimiento en 1828, hasta que Julio Argentino Roca recrea en 1903 al histórico grupo militar, hoy vigente.

Sin duda que eran visiones y acciones muy diferentes sobre la libertad y el gobierno que ambos tenían, pero tratar de ocultar la hazaña del general San Martín, no solo militar, considerada dentro de las más importantes de su época, sino también la de estratega, es ser "despreciable" e "infernal", tal la calificación emitida por amigos de San Martín tras el fusilamiento de Dorrego.

Este aislamiento forzoso de San Martín en Europa le hizo padecer estrecheces financieras e incertidumbre económica, además de un sentimiento de frustración y pena debido a la falta de pago puntual de sus pensiones militares por parte de los gobiernos sudamericanos, los retrasos en el cobro de alquileres de sus propiedades en Buenos Aires y los elevados costos de vida en capitales como Londres.?Esto lo obligó a mudarse a Bruselas, buscando una vida más barata. Fue fundamental la ayuda de amigos, como la de Alejandro Aguado, quien facilitó su residencia en Francia. ¡Pero su corazón latía de pena e impotencia!

Tres países liberados por su genialidad militar y estratega, además de colaborar con la independencia de Bolivia y planeamiento, tácticas y resoluciones con Colombia y Ecuador.

A pesar de todo ello, San Martín estuvo excluido por la venalidad del poder de algunos de sus CONTEMPORÁNEOS.

Objeto de múltiples calumnias por parte de la prensa adicta al Gobierno de Rivadavia en Buenos Aires, llegaron a límites insospechados cuando, en 1829, en el contexto de su frustrado retorno a la Patria, llegó a ser tratado de cobarde. Las diatribas y la calumnia se sucedieron también en Chile y en menor medida en el Perú, llamativamente, todas ellas, repúblicas liberadas por el influjo de su temperamento y su sable redentor.

FUE EL GENIO DE SARMIENTO, con su pluma y su palabra, el que recupera la JUSTICIA DE HONRAR AL HÉROE MILITAR Y POLÍTICO DON JOSÉ DE SAN MARTÍN.

 

Primer escrito

El contexto con el que se encuentra Sarmiento exiliado en Chile, perseguido por el Gobierno de Juan Manuel de Rosas, era la ausencia y “un silencio que aturdía” sobre las batallas que habían liberado al país transandino el Gran General, festividades que las autoridades celebraban, pero solo recordando aquella obra emancipadora, anulando intencionalmente la figura del principal protagonista.

Frente a tanta afrenta, escribe su primer artículo el 11 de febrero de 1841 en El Mercurio de Valparaíso, en Chile, “12 de febrero de 1817”, describiendo la batalla de Chacabuco, rescatando a su coterráneo como participe indiscutible de la victoria, haciendo homenaje a quien construyó la liberación, junto al Ejército de los Andes, donde también se destacaba Bernardo O’Higgins, y cerrando con esta frase definitiva que lo honra: "Mientras la prensa guarda un criminal silencio sobre nuestros hechos históricos y mientras se levanta esta generación que no comprende lo que importan para Chile estas salvas y estas banderas que decoran el 12 de febrero, nosotros, cada vez que pase por nuestras cabezas el sol de este augusto día, lo saludaremos con veneración religiosa".

Grande fue la repercusión que causó la aparición del artículo que trascendió fronteras. Fue elogiado por el caraqueño Andrés Bello, quien fuera íntimo amigo de Simón Bolívar.

 

Segundo escrito

Aquel joven Sarmiento, de apenas 30 años, volvió a escribir para evocar la época gloriosa de la independencia. El 4 de abril 1841 publicó, también en El Mercurio: "Los dieciocho días de Chile", en clara alusión al tiempo trascurrido entre la derrota de Cancha Rayada (19 de marzo de 1818) y la definitoria batalla de Maipú (5 de abril de 1818).

Sacudida la sociedad chilena, el entonces presidente, Don Manuel Bulnes, redactó y envió al Honorable Congreso Chileno un proyecto de ley en el cual dispuso que el general San Martín revistase en el Ejército de Chile, en actividad, durante toda su vida, y que se le abonen los sueldos que le correspondían a su clase, autorizándolo a residir en el extranjero. El mentado proyecto se convirtió en ley el 6 de octubre de 1842.

A partir de allí se inició en Chile un movimiento de revisión en el estudio de la historia de su independencia, inseparable de la figura de San Martín, que tuvo entre sus máximos exponentes a Don Benjamín Vicuña Mackenna, quien a la postre será el impulsor de la estatua del general San Martín, inaugurada el 5 de abril de 1863, día de la Batalla de Maipú.

El mismo San Martín, en correspondencia con su amigo William Miller, le expresa, ante el remiso reconocimiento de Chile, que “le era extraño haber vivido este comportamiento, puesto que Argentina y Perú lo honraron por tales batallas, mientras que Colombia y México lo declararon ciudadano de sus Estados”, y añade: “Solo Chile nunca lo mencionó, a pesar de que solo pretendía aprobación de mi conducta militar, puesto que nunca tuve la menor intervención en su gobierno interior”.

 

Encuentro personal y conferencia en Francia

Se estiman por lo menos dos visitas de Sarmiento a San Martín en Francia entre 1846/1847 y una conferencia y escrito leído en 1847 en el Instituto Histórico de Francia, donde Sarmiento exaltó la figura del Libertador frente al olvido y la ingratitud americana.

Hay versiones no confirmadas de que en esta conferencia se encontraba San Martín.

El encuentro en Grand Bourg es en ocasión de su viaje por Europa para estudiar sistemas educativos enviados por el Gobierno de Chile. Sarmiento procura cartas de recomendación para que San Martín lo reciba. No hacían falta, apenas se encuentran, el gran general le pregunta. “¿Qué es Ud. de Clemente?”... “Mi padre”, responde el sanjuanino. “Fue un gran asistente en la Cordillera”, le responde San Martín.

José Clemente Sarmiento era arriero y peón en actividades agropecuarias y también desempeñaba tareas militares y patrióticas durante las luchas por la independencia argentina. ¡Gran satisfacción de ambos próceres!

Fruto de esa larga jornada a solas, Sarmiento escribió una conmovedora semblanza publicada en cartas y ensayos.

En julio de 1847, al incorporarse formalmente al Instituto Histórico de Francia, Sarmiento leyó un trabajo donde contrastaba la grandeza moral y el renunciamiento de San Martín por su decisión de no participar en guerras civiles frente a otras ambiciones continentales.

 

Conclusión

Fue la pluma y el arrojo de Sarmiento, el gran educador americano, que vino a servir para dar un golpe magistral al corazón de la sociedad chilena, argentina y americana, para correr el velo del olvido y darle paso a la justa glorificación del Libertador, y con él, al glorioso Ejército de Los Andes, protagonistas de nuestra liberación.

Dirá Sarmiento: "Había en el corazón de este hombre una llaga profunda que ocultaba a las miradas extrañas, pero que no escapaba a las de los que la escudriñaban. ¡Tanta gloria y tanto olvido!, ¡tan grandes hechos y silencio profundo! Había esperado sin murmurar cerca de treinta años la justicia de aquella posteridad a quien apelaba en sus últimos momentos".

San Martín depositó su fe en las futuras generaciones, entendía que aquellas desprovistas del fragor de los disensos políticas de su tiempo iban a saber apreciar y valorar su legado. Le cabe a Sarmiento el noble mérito de haber evocado a San Martín en un momento particular, donde, inexplicablemente, su insigne figura estaba ensombrecida por la crueldad del olvido y la ingratitud.

San Martín quería que su corazón descansara en Buenos Aires. Pasaron 30 años para que pudiese lograr su reposo eterno dentro de la Catedral Metropolitana, hoy, sitio de permanente homenaje y gratitud al Gran General.