Tristeza en el fútbol local y en muchos puntos de la ciudad y la región
Adiós, maestro
A lo largo de la historia de la ciudad, hay personas que marcan huella para siempre.
Mario Alberto Requena, el “Mario”, uno de los técnicos de fútbol más reconocidos de esta pampa húmeda, es una de ellas.
El viejo vecino del barrio Santa Ana, extrabajador del Correo Argentino, falleció ayer por la tarde, a los 88 años, y la noticia causó conmoción en quienes lo conocieron, por lo que significó para muchos en su vida.
Es que Mario no solo fue jugador (el recordado Canguro) y técnico de fútbol, sino también un maestro de vida, un amigo del “Loco” Bielsa y Carlos Timoteo Griguol, y el hermano del profe Eduardo (desaparecido en la dictadura), además del recordado “Tatá” y Silvina, con quienes se criaron en el barrio Almirante Brown. Todos hijos de Pedro Requena, un destacado atleta local en la época de Guillermo Evans.
Casado con Estela (el amor de su vida), Mario tuvo a Pablo (otro técnico) y Claudia, quienes también le dieron nietos, dos de los cuales salieron futbolistas.
En definitiva, el fútbol fue su vida, su pasión y su tema principal en cada charla y en cada reunión, aunque supo decir: “No soy un apasionado, soy un enfermo del fútbol”.
No es para menos. En la Liga Villamariense fue uno de los entrenadores más ganadores y se mantuvo siempre en actividad, desde 1963 hasta 2006, y en el medio fue muchas veces campeón, con Ameghino, Unión Central, Alumni, Alem y River. También dirigió a Almafuerte de Las Varillas, Rivadavia de Villa María, Central Argentino, Juniors de Córdoba, Rivadavia y Colón de Arroyo Cabral; Sarmiento de Leones, Bell de Bell Ville, Huracán de Tancacha, Sarmiento de Etruria, Argentino de Marcos Juárez, Ñuñorco y Concepción, ambos de Tucumán; Acción Juvenil de General Deheza, Atlético Ticino, Recreativo de Laborde, Asociación Española y San Lorenzo de Las Perdices, además de la selección de la Liga.
En cada club, con su estilo, elevó el nivel de varios jugadores y los ayudó también inculcando valores.
Entre algunas de sus gestas se recuerda cuando, por ejemplo, le dio un título a Unión Central después de 30 años de espera, o cuando en 1994, enfrentó a su hijo Pablo (por entonces DT de Rivadavia de Cabral) en una gran final que terminó ganando su River Plate, en Plaza Ocampo.
Inspirador
Al igual que Eduardo, a quien recordó siempre con un dolor que llevó por dentro, Requena enseñó porque supo aprender.
Le sacó jugo a sus charlas con Griguol y, aún retirado de las canchas, hasta viajó a Inglaterra para ver un entrenamiento de su amigo Marcelo Bielsa, quien de vez en cuando lo llamaba por teléfono.
Mario también escribió libros, dejó conceptos claros y críticos, sobre todo en la formación de los niños. De hecho, creó la primera Escuelita de Fútbol en la ciudad y fue uno de los grandes formadores de técnicos, a tal punto que muchos de sus alumnos también se destacaron en las canchas locales y regionales.
Sus conceptos siguieron vivos cuando escribió columnas muy ricas en nuestras páginas de elDiario.
“Nunca se escucha cómo se puede mejorar. Y esto no es solamente en el fútbol, es general”, apuntaba.
Considerado un “cascarrabias” o parco por algunos, Mario siempre resumía que su cara “no ayudó”, pero fue una gran persona. Y su valía en la ciudad se magnificó en 2017, cuando fue elegido Ciudadano Destacado por el Concejo Deliberante.
Sus restos son velados en la Sala Dalí, de Casa Paviotti, y serán inhumados a las 16, en el cementerio de Arroyo Cabral. Que en paz descanse. Solo queda agradecerle.
