Las consecuencias de la reforma a la Ley 25.542 para referentes de Expolibro
“Cuando cierra una librería, pierde toda la comunidad”
Eduardo Omar “El Piojo” Perrotta y Antonella Leulen Nale advirtieron que la medida podría acelerar el cierre de librerías independientesLa intención del Gobierno nacional de avanzar con una reforma de la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera, que desde 2001 establece el precio único para la venta de libros en todo el país, volvió a abrir un fuerte debate dentro del sector.
La iniciativa plantea, entre otros cambios, eliminar ese esquema para que cada comercio pueda fijar libremente el valor de los ejemplares, bajo el argumento de “promover una mayor competencia y beneficiar a los consumidores”. Sin embargo, quienes sostienen librerías independientes desde hace décadas aseguran que el efecto sería exactamente el contrario y afirman que la medida otorgaría una ventaja determinante a las grandes cadenas y a las plataformas de comercio electrónico, capaces de absorber pérdidas o negociar condiciones imposibles de igualar para un comercio del interior.
elDiario continúa recabando opiniones sobre el tema. Esta vez, libreros de Expolibro analizaron el escenario y coincidieron en advertir que la eventual reforma podría acelerar un proceso que ya viene golpeando al sector: la caída de las ventas, el aumento permanente de los costos y la dificultad para sostener negocios que históricamente funcionaron también como espacios culturales.
“La gente sigue leyendo”
Con 74 años y cuatro décadas al frente de su librería, Eduardo Omar “El Piojo” Perrotta conoce de cerca las transformaciones que atravesó el mercado editorial argentino y, al analizar la propuesta del Gobierno, lo primero que hace es explicar cómo funciona actualmente el sistema de comercialización: "El libro, tradicionalmente, es un objeto que sale con un precio de venta desde la editorial. La editorial nos dice a nosotros a cuánto hay que vender ese libro. No nos recomienda ni nos obliga, pero sí nos indica que ese libro, por ejemplo, vale 50 mil pesos".
“El librero cobra aproximadamente un 30% de ese precio que fija la editorial. De ahí podemos hacerle al cliente un descuento del 5 o del 10%. Más no podemos hacer porque después tenemos que traer el libro desde Buenos Aires y las encomiendas son carísimas”, detalló. En la misma línea, mencionó que “ya se habían acostumbrado, pero como el libro es una cosa de venta masiva, que no tiene clases sociales, esta fue una aventura perfecta hasta que duró, hasta estos últimos años”.
Asimismo, para Perrotta, el verdadero problema hoy no es la regulación del precio, sino la situación económica del país, porque "la gente sigue leyendo, claro que sigue leyendo". “El problema es que ya no puede comprar un libro. Hoy hablamos de libros de 30, 40 o 50 mil pesos, incluso personas que podrían pagarlos terminan priorizando otras cosas", sostuvo.
Esa realidad, dijo, modificó profundamente los hábitos de consumo, ya que muchos lectores optan por retirar ejemplares en bibliotecas públicas, otros recurren al intercambio o a los libros usados, mientras que las librerías intentan adaptarse para no perder clientes: "Nosotros recibimos libros usados para que la gente pueda llevarse uno nuevo u otro usado en muy buen estado".
Una crisis que lleva años
El librero reconoce que el contexto económico viene deteriorándose desde hace tiempo y que cada vez resulta más difícil sostener un comercio independiente. "La situación es complicada, pero nosotros queremos seguir con el libro”, confesó.
Según explicó, haber logrado construir su local durante los años de mayor actividad es lo que hoy les permite seguir abiertos. "Aquel librero que, en vez de viajar o gastar el dinero en otras cosas, pudo hacerse su propio local, más o menos está zafando. Pero tener empleados hoy, prácticamente, equivale a pagar otro alquiler. Nosotros llegamos a tener tres empleados y hoy solamente queda uno", relató.
Las grandes cadenas
Perrotta considera que eliminar el precio único no hará que haya más competencia, sino que terminará consolidando el poder de los grandes jugadores del mercado. "Las librerías grandes van a ser las más favorecidas", resumió.
Para explicar esa afirmación, describió cómo operan actualmente las principales cadenas nacionales. "Una librería como El Ateneo o Yenny puede pedir dos mil ejemplares de una novedad editorial apenas sale. Si una editorial imprime tres mil ejemplares, dos mil ya quedan para ellos y el resto se reparte entre todas las librerías del país, que compramos uno, dos o tres ejemplares", indicó.
Aunque reconoce que el crecimiento de las plataformas digitales también representa un desafío, aclara que entre las librerías independientes nunca existió una lógica de competencia feroz. "No sucede porque las librerías son un poco el otro recurriendo a vos por algo y vos ayudando o no al otro por ese algo. Entonces, no hay una animadversión entre los libreros de la zona, al contrario, antiguamente se hacían ferias de libros y estábamos todos juntos”, aseguró.
"No competimos únicamente por precio"
La postura de la librera Antonella Leulen Nale coincide en gran parte con la de su padre, aunque pone especial énfasis en el rol cultural que cumplen las librerías. A través de un texto compartido a este medio expresó su rechazo al proyecto oficial y explicó que su posición trasciende la defensa de un comercio: "Hoy no hablo solo como comerciante. Hablo como librera".
“Desde que estoy en la librería vi cambiar gobiernos, crisis económicas, tecnologías y hábitos de consumo. Pero hay algo que nunca cambió: la importancia de que cualquier persona, viva donde viva, pueda acceder a un libro en las mismas condiciones que alguien de una gran ciudad”, indicó.
En ese sentido, sostiene que el precio único cumple justamente esa función: "Se nos dice que eliminar el precio único traerá más competencia y beneficiará a los consumidores. Sin embargo, quienes vivimos todos los días la realidad del mercado editorial sabemos que la competencia no siempre significa igualdad de oportunidades. Cuando desaparecen las reglas que equilibran el mercado, los actores más grandes concentran las ventas y los más pequeños quedan en desventaja".
Para la librera, reducir el debate únicamente al precio también implica desconocer el trabajo cotidiano que realizan las librerías independientes. "No competimos únicamente por precio. Competimos con conocimiento, cercanía, atención personalizada y un compromiso permanente con la cultura de nuestras comunidades", sostuvo.
Y agregó: "Somos quienes recomendamos un libro a un chico que empieza a leer, quienes acompañamos a docentes, organizamos presentaciones de autores y mantenemos vivo un espacio de encuentro. Ese trabajo no puede medirse solamente con una etiqueta de precio".
Una mayor concentración
Leulen Nale considera que, si la reforma avanza, las grandes cadenas y las plataformas digitales podrán ofrecer descuentos imposibles de sostener para un comercio del interior.
"Tal vez, al principio, algunos libros sean más baratos en determinados lugares, pero el costo puede ser mucho mayor: el cierre de librerías independientes, la concentración del mercado y una menor diversidad cultural", advirtió.
En ciudades como Villa María, remarcó, las consecuencias excederían el plano económico, ya que “cuando una librería cierra, no desaparece solamente un comercio, desaparece un espacio cultural, una fuente de trabajo, un lugar donde circulan ideas y donde los libros encuentran lectores”.
Aunque aclaró que toda ley puede ser revisada y actualizada, sostuvo que la desregulación “no debería implicar abandonar mecanismos de protección para quienes sostienen el entramado cultural del país”. Incluso planteó que la discusión tiene una dimensión política y cultural: "Creo que hay actividades que cumplen una función social y cultural que merece ser protegida. El libro no es un producto cualquiera. Es una herramienta de educación, de pensamiento crítico, de memoria y de construcción democrática".
Hacia el final de su documento resumió la idea que atraviesa todo su planteo. "Defender la Ley 25.542 no es defender un privilegio. Es defender el derecho de que existan librerías en todo el país, de que los lectores tengan acceso a una oferta diversa y de que la cultura no quede concentrada en unos pocos actores", puntualizó. Asimismo, convocó a “todos quienes valoran el libro, la lectura y el trabajo de las librerías independientes a defender una ley que durante años contribuyó a mantener viva una red cultural federal”.
“Porque cuando cierra una librería, pierde un comerciante. Pero, sobre todo, pierde toda la comunidad”, finalizó.
