LAS CALLES - Thomas Alva Edison

­El padre de la luz ­y de otros mil inventos

La denominación de la calle fue impuesta por Ordenanza Nº 1.618, con fecha 18 de octubre de 1977, bajo la gestión del comisionado Adolfo Jaca
domingo, 26 de julio de 2026 · 09:49

Thomas Alva Edison nació en Milan, Ohio, en los Estados Unidos, el  11 de febrero de 1847.

Su recorrido se inicia en la prolongación del bulevar Italia y concluye en los fondos del Hipódromo local, tras atravesar tres cuadras irregulares en el barrio Roque Sáenz Peña

Fue el séptimo y último hijo de Samuel Ogden Edison Jr. y de Nancy Matthews Elliott.

Al poco tiempo su familia se desplazó a Port Huron, (Michigan), cuando Thomas tenía solo 8 años y el chico empezó la escuela primaria. Sin embargo,  no duraría más de tres meses, al ser­ expulsado porque no mostraba interés y se lo veía distraído y receloso a aprender.

De esta manera su madre tomó la tarea de formarlo: cada mañana, tras encargarse de las tareas domésticas, ella le enseñaba a leer, a escribir, nociones básicas de Matemática, Aritmética, Historia, Geografía y, sobre todo, Literatura. Si bien era un hogar humilde valoraba mucho los libros y los conocimientos que transmitían. Se dice que, incluso, su padre lo premiaba con 10 céntimos cada vez que el pequeño terminaba un libro.

Con tan solo 10 años, instaló en el sótano de su casa un pequeño laboratorio artesanal para experimentar todo aquello que leía en los libros de ciencia.

A los 12 años fue vendedor de periódicos en los trenes y en plena Guerra de Secesión el pequeño Edison convenció entonces a los empleados de los ferrocarriles que expusieran en los tablones los mejores titulares de cada día. Como resultado, su pequeño empleo le concedió más ganancias de las esperadas: los periódicos le volaban de las manos.

Aprendió código morse y cómo telegrafiar. Esto le permitió dejar de vender periódicos y empezar a editar su propio diario: un noticiero humilde y de escaso éxito. Sin embargo, los conocimientos de telegrafía le aseguraron su primer contrato con 15 años como telegrafista.

 

Su primer invento

Siendo telegrafista desarrolló un repetidor automático que permitía transmitir señales de telégrafo entre estaciones sin necesidad de personal. Curiosamente, fue una idea que nunca llegó a patentar.

Fue en esos años que trabajaba como telegrafista y reparador de telégrafos que la compra de un libro en específico le cambió la visión de futuro. Se trataba de un ejemplar de Experimental Researches in Electricity, de Michael Faraday, una obra que le permitió, por primera vez, educarse en las bases de la innovación eléctrica del momento y contar con una base científica que complementar con su “don natural”.

En el año 1868 obtuvo su primera patente con un invento que sufrió gran rechazo en su momento: un instrumento para el recuento de votos durante las elecciones. Desarrolló un mecanismo que se colocaba en la mesa de cada candidato y que contaba con dos botones: uno para votar a favor y otro para votar en contra. Sin embargo, los miembros del Congreso a los que les presentó la idea la detestaron al momento, afirmando que era un método que favorecía el fraude electoral.

Posteriormente, se instaló en Nueva York, en los sótanos de una compañía de comunicaciones, arreglando telégrafos. Los amplios conocimientos de los que dotaba en ese ámbito impresionaron a los gerentes, los cuales le aseguraron un puesto en el mantenimiento técnico de la compañía. Fue una época en la que trabajó también como inventor y reparador en Western Union, lo cual le aseguró una moderada reputación.

 

La fábrica de inventos

En 1876 reunió a un grupo de ayudantes, ingenieros y mecánicos interesados en la labor de inventar y desarrollar nuevos proyectos y se mudó a Menlo Park, a las afueras de Nueva Jersey, para fundar su propia “fábrica de inventos”.

 Fue justamente allí donde elaboró gran parte de sus inventos. Comenzó entonces desarrollando un transmisor telefónico pues, a su parecer, el patentado por Bell era insatisfactorio y no podía usarse para la vida cotidiana.

En el año 1877 le llegó el turno al fonógrafo, pero no fue una tarea difícil: un cilindro, una aguja, un diafragma y otros mecanismos más pequeños fueron más que suficientes para que, en tan solo un año, Edison desarrollara un dispositivo que permitía, bajo un mismo principio, la grabación y reproducción de sonidos, así pronunció las primeras palabras que se grabaron: “Mary had a little lamb” (María tenía un corderito).

Luego pasó a ocuparse de la luz eléctrica, desarrollando un filamento que alcanzara la incandescencia sin fundirse, utilizando para ello bambú carbonatado y, de esa forma, perfeccionando la bombilla incandescente.

El 21 de octubre de 1879 conseguía, por primera vez en la historia, que una bombilla alumbrase durante 48 horas seguidas y, tan solo dos meses después,  instalaba el primer sistema de alumbrado público: 53 focos radiantes que iluminaban las calles de Menlo Park. Durante los años siguientes, mejoró su invento, tratando de acercarlo a la mayor cantidad de gente posible y trabajando en conseguir la mayor eficiencia energética. Fue un proceso que le llevó a descubrir un fenómeno puramente científico relacionado con la liberación de electrones en un electrodo al que se apodó Efecto Edison, en su honor.

Su “fábrica de inventos” ya gozaba con más de 400 patentes a su nombre, y fundó un gran centro tecnológico al que llamó Edison Laboratory, que daba trabajo a casi 5.000 empleados.

La electricidad seguía ocupando gran parte de su tiempo, pues era el encargado de producirla y distribuirla a la zona.

Sin embargo, durante esta época también se centró en otros sectores diferentes, como fue la producción de material de obra, de sustancias químicas, la fabricación de baterías o, incluso, de piezas específicas para vehículos. En total, su actividad como inventor se prolongó más de 80 años, dejando un total de 1093 inventos patentados, alzándose con el título de uno de los grandes inventores de todos los tiempos.

Edison fue autor además de innumerables frases que quedaron en el tiempo como “la genialidad es 1 % inspiración y 99 % transpiración”.

Falleció en West Orange, New Jersey el 18 de octubre de 1931.

Edison y la sopa

Cuando necesitaba contratar a un empleado, el inventor lo invitaba a almorzar o cenar sopa. Si el posible futuro empleado le echaba sal o pimienta antes de probarla, Edison decidía no contratarlo. Pensaba que a una persona con tantos supuestos en la vida cotidiana (como, por ejemplo, que a la sopa siempre le falta sal) le sería muy difícil entrenarlo y pensar de forma creativa.

 

Escondido en un abanico...

Cuando Edison consiguió que su bombilla destellara 40 horas de manera continua no se conformó y siguió experimentando con materiales carbonizados, probando hasta 6.000 tipos de materiales para crear el filamento ideal. En sus investigaciones, usó en su laboratorio bambú (utilizado en la estructura de un abanico plegable) y, al probarlo como filamento, obtuvo excelentes resultados.  Así, envió investigadores por todo el mundo en busca de bambú adecuado para tal fin.  En 1880, uno de sus investigadores descubrió el bambú Hachiman, que crecía de forma silvestre alrededor del santuario Iwashimizu Hachimangu, en Japón, y que era muy  duradero y flexible, de fibras gruesas y resistentes y no se quemaba fácilmente, permitiendo un tiempo de iluminación continuo de 1.200 horas. Resultó ser el filamento ideal que el gran inventor buscaba.