El impacto de la reforma a la Ley del Libro
Defender la ley para salvar la bibliodiversidad
Gustavo Calleri, titular de la librería local LibreLibro, advirtió sobre la concentración del mercado, el paralelismo con gigantes como Amazon y la caída del consumo cultural frente a la retracción del poder adquisitivoLa intención del Gobierno nacional de derogar la Ley 25.542, que desde 2001 regula el precio único de venta de los libros en todo el país, reavivó un debate histórico en el sector. La medida, impulsada por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, busca que cada comercio fije libremente los valores y aplique descuentos sin restricciones. Ante este escenario, Gustavo Calleri, referente y fundador de la librería local LibreLibro, analizó las consecuencias que esta modificación traería para el mercado cultural argentino y, en particular, para los espacios independientes.
En vísperas de cumplir dos décadas de trayectoria en la ciudad -un proyecto que comparte con su hermana desde 2007, tras reconvertirse de profesión-, Calleri detalló el complejo panorama económico que atraviesa el rubro: “Hay una depresión muy grande en el consumo, lo que, por supuesto, repercute fuertemente en las ventas y en la edición también, porque las editoriales editan cada vez menos títulos y menos ejemplares por tirada”. A esto se le suma un factor tecnológico y comercial arrollador porque “la competencia ya no es el otro local, sino las plataformas”.
Frente a la consulta de si esta merma responde a un desinterés de la sociedad por la lectura, el librero explicó que “la baja en las ventas se debe a que el poder adquisitivo de la gente ha tenido un retroceso muy grande y empezó a priorizar otras cosas”. En esta línea, agregó: “Ante esa retracción, lo que primero dejamos son los consumos culturales para anteponer la alimentación, la escolaridad de los chicos, el alquiler, los impuestos, las facturas, los servicios... No es que lean menos, sino que no llegan a comprar lo que antes sí".
El rol de la Ley 25.542
El núcleo de la controversia actual radica en la intención oficial de modificar o derogar el régimen de precio fijo. Frente al argumento gubernamental de que la desregulación generará “mayor competencia y precios más baratos” para los lectores, Calleri desarmó el planteo explicando el espíritu de la normativa: “Esta desregulación que intenta hacer el Gobierno deroga una ley donde el valor de venta del libro lo fija el editor, no el librero, ni el escritor, ni el distribuidor, por lo que todas las librerías, sean grandes o pequeñas, deben vender el libro a ese mismo precio”. Asimismo, mencionó que “esa ley, que se aprobó en 2001, tiene como objetivo fundamental defender a las librerías pequeñas de las grandes cadenas, que tienen mayor oportunidad de hacer descuentos y vender los libros a mejor precio".
El resultado de estas dos décadas de vigencia, según el titular de LibreLibro, está a la vista: “El objetivo se ha cumplido absolutamente. Si hay algo que caracteriza a la Argentina respecto de otros países latinoamericanos y del mundo es la gran cantidad de librerías independientes y pequeñas que tiene”.
Para entender la dimensión cultural de este fenómeno, Calleri recurrió a una analogía futbolera: “¿Cuál es el beneficio de tener muchas librerías independientes? La bibliodiversidad. Las librerías pequeñas son las que promueven la venta de libros de editoriales independientes y de autores no tan conocidos. Haciendo una analogía con el fútbol, las librerías independientes son el semillero donde los escritores nobles, los que todavía no están para las grandes editoriales y editan en sellos chicos, pueden darse a conoce”.
En este punto, recordó nombres consagrados de la literatura contemporánea que transitaron ese camino: “Escritoras que están ganando premios a nivel internacional ahora, como Samanta Schweblin, Mariana Enríquez o Gabriela Cabezón Cámara, son todas autoras que han publicado en editoriales independientes, pequeñas, y que luego dieron el salto por la calidad que tienen. Esas editoriales son las que promueven sus libros en las librerías pequeñas, porque las grandes cadenas no van a promocionar un ejemplar de alguien que nadie conoce todavía”.
El resto del mundo
El riesgo de avanzar hacia un mercado desregulado no es una hipótesis abstracta, sino un modelo ya probado en otros países, con consecuencias devastadoras para el sector cultural.
Calleri contrastó la realidad europea con el caso norteamericano: “Pasa en países de Europa que mantienen esta ley, como Francia, Alemania e Italia, justamente, porque les interesa la bibliodiversidad. Estados Unidos no la tiene y allí no hay librerías independientes, predominan las grandes cadenas”. En este marco, advirtió sobre las tácticas comerciales de los gigantes tecnológicos y las grandes plataformas de consumo masivo: “Amazon, por ejemplo, lo cuentan ellos mismos, comercializó libros a precios muy baratos y utilizó esto como anzuelo para que entraras, te descargaras la aplicación y te convirtieras en cliente para venderte otras cosas. A las grandes cadenas de supermercados o plataformas no les interesa el libro en sí, sino usarlo como llamador. Eso destruye el ecosistema del libro”.
Con la mira puesta en el escenario local, el librero no descartó réplicas de este modelo: “No me extrañaría que MercadoLibre se sume con una librería a hacer lo que hizo Amazon. El sector en sí, las pequeñas librerías, vamos a ser las grandes perjudicadas; y cuando se perjudica a las librerías independientes, lo que se destruye es la bibliodiversidad, fundamental para un país, porque el libro es el vehículo donde se expresan ideas y se forma conocimiento”.
Un rechazo unánime
Uno de los datos más llamativos del conflicto es la absoluta falta de consenso sectorial en torno al proyecto oficial. Lejos de responder a una demanda de los actores productivos, la medida carece de aval en toda la cadena de valor: “Ningún integrante de la cadena del libro, llámese editor, escritor, librero o distribuidor, está hoy a favor de sacar esta ley. Al contrario, todos están en contra. Nadie pidió que saquen esta ley, ningún actor de la cadena pidió que se derogue porque, de esta manera, el mercado se va a concentrar y los únicos ganadores van a ser las grandes cadenas, que son una o dos, y, por supuesto, las plataformas”, subrayó.
Ante la promesa oficial de una baja en los valores de los libros, el referente de LibreLibro expresó que “es probable que la cadena o el supermercado baje los precios para utilizar el libro hasta que desaparezca la competencia; una vez que desaparezca, va a aumentar. Funciona así”. Y agregó: “Es probable que por un tiempo disminuya su precio a costa de destruir no solo a las pequeñas librerías, sino también a las editoriales independientes que promueven nuevos valores, porque las grandes cadenas no le prestan atención”.
Finalmente, al reflexionar sobre las verdaderas razones detrás de este cambio, el referente de LibreLibro conectó la medida con un conflicto de raíces más profundas: “En la cadena del libro, todo el mundo está en contra de que se derogue esta ley. Me parece que lo que está haciendo esto es romper algo muy importante, sobre todo para la cultura de un país, y que, por supuesto, se inscribe también dentro de esa batalla cultural que teóricamente el Gobierno impulsa, porque la producción de libros y la gente de la cultura tienen un perfil distinto al del Gobierno en su mayoría, y por eso también se apunta ahí”.
