Lo peor de la semana - Un festejo maravilloso e histórico por donde se lo mire se transformó en una noche para el olvido en la ciudad

Crónica de un operativo furioso

La victoria de Argentina sobre Inglaterra que la puso en una nueva final del mundo desató una celebración masiva en Villa María. Pero lo que comenzó como un festejo histórico nunca antes visto acabó en un operativo policial insólito
lunes, 20 de julio de 2026 · 08:30

Escribe: JUAN MANUEL ORBEA DE NUESTRA REDACCIÓN

 

1. El camino hacia la fiesta

Cuando el árbitro marcó el final del partido y Argentina eliminó a Inglaterra, en un encuentro tan sufrido como inolvidable, aún permanecían en la pantalla las imágenes de Lionel Messi abrazado con sus compañeros y la emoción de un plantel que acababa de escribir otra página gloriosa de su historia. Y hubo una escena que terminó de darle un significado especial a la noche: la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, desplegada por los jugadores después del encuentro. Más tarde se conocería que había sido pintada sobre una sábana por un grupo de jóvenes argentinos que logró ingresarla al estadio para entregársela al plantel. Para la historia.

Con esa emoción todavía encima, que se respiraba igualmente en la calle, salí de mi casa, en barrio Güemes. Caminé por San Juan, pasé por la Placita Ocampo y seguí rumbo al centro. A cada cuadra, la ciudad explotaba de felicidad más y más. Autos tocando bocina, familias enteras con camisetas celestes y blancas, chicos envueltos en banderas argentinas, adolescentes cantando y autos a bocinazo limpio rumbo a la plaza Centenario. Había estado en los festejos de los octavos y los cuartos de final, pero esto era muy distinto.

 

2. Una ciudad desbordada

Ya en la esquina de Alem y Santa Fe apareció el primer control policial. Allí, los efectivos impedían el paso a quienes llevaban bebidas alcohólicas. Algunos jóvenes escondían las latas o botellas para intentar ingresar por otra calle. Sin embargo, bastaba caminar una cuadra más para advertir que en la Buenos Aires el criterio cambiaba, ya que prácticamente no había controles y la gente ingresaba con mochilas sin ser revisada.

Como sea, me interné en la muchedumbre y el ruido que lo inundaban todo. Cruzar apenas una cuadra me demandó cerca de veinte minutos. El centro estaba completamente colmado. Había familias, niños, adolescentes, vendedores ambulantes, bombos, banderas y miles de celulares registrando el momento. Y banderas, muchas banderas celestes y blancas. Me quedé apenas unos minutos, ya que debía ir a elDiario a trabajar. Así que dejé atrás una ciudad que seguía cantando y que parecía celebraría por siempre.

No imaginaba que, al volver, encontraría un escenario completamente distinto.

 

3. Una fiesta se desmadra

Salí de elDiario alrededor de las 20.50 y tomé por Tucumán rumbo al centro. Ya a pocas cuadras observé a cuatro jóvenes que circulaban en dos motocicletas romper el espejo retrovisor y uno de los vidrios laterales de un automóvil estacionado. No advertí una discusión previa ni una situación que explicara el ataque. Fue un hecho aislado, pero marcó el primer contraste con la postal festiva que había visto pocas horas antes. Este hecho fue presenciado por varias personas, la mayoría, con la camiseta de la selección, unos que parecían irse del festejo y otros buscando ser parte de él.

Tras seguir caminando y llegar a la San Martín, lo que más me sorprendió fue ver a tanta gente regresando. Eran apenas pasadas las 9 de la noche y parecía demasiado temprano para que los festejos hubieran terminado. Sin embargo, la respuesta apareció unas cuadras más adelante.

Las motocicletas policiales comenzaron a avanzar para despejar la zona de Buenos Aires en el punto donde San Martín se transforma en General Paz. Llegaron más efectivos, móviles y personal de Infantería, y un grupo de estos avanzó en el medio de la calle como una piña -¿maniobra táctica?- hacia la Santa Fe, a puro disparo de postas, detenciones y gases pimienta o lacrimógenos (tosía fuertemente y me lloraban los ojos). Todo está registrado en video y en algunas fotos que tomé gracias a que me identifiqué como periodista de este medio.

Continué por General Paz. Frente a un banco vi cómo reducían a un joven que lloraba. Más adelante aparecieron policías equipados con escudos y armas de lanzamiento menos letales. Seguí registrando todo con video, foto y mis propios ojos. Luego, mientras fotografiaba la escena, uno de los efectivos levantó su arma hacia mí e incluso unos motociclistas comenzaron a rodearme, no con buenas intenciones.

Ahí fue que de una les avisé que estaba ahí como periodista de elDiario. Y seguí trabajando en medio de lo que parecía una réplica de escenas que vemos por televisión en represiones u operativos -que cada quien lo llame como quiera- en la capital del país desde hace dos años y medio. O hasta de una guerra.

 

4. No parecía Villa María

A medida que avanzaba por General Paz hacia Santa Fe, el aire comenzó a llenarse cada vez más de gases irritantes. Los ojos ardían y la garganta nos obligaba a toser a mí y a varias personas que buscaban refugio.  Frente a un local de ropa vi a una adolescente sentada que se quejaba por el impacto de una posta antidisturbios. Un policía le tiró gas pimienta, tras agitar la lata como si nada, en la cara a una chica que pedía pacíficamente que se calmaran. Insisto: tenemos registro de este y todos los hechos descritos en esta crónica.

En la esquina de General Paz y Santa Fe un policía utilizaba la columna de ochava de un edificio, donde está un conocido restaurante frente a la estación de servicio, como cobertura mientras apuntaba calle abajo con un arma de dispersión.

La imagen era difícil de asociar con la Villa María que conozco. Y es que después muchos años recorriendo la ciudad como periodista, nunca vi una escena semejante durante un festejo popular o un alboroto masivo.

Continué caminando y registrando imágenes. Y sí, vuelvo a insistir: salvando las enormes diferencias de contexto y escala, por momentos sentía que estaba observando escenas similares a las que desde hace meses llegan desde Buenos Aires durante las manifestaciones frente al Congreso: motocicletas avanzando para despejar la calle, cordones policiales, gases irritantes, postas antidisturbios y vecinos buscando resguardo. Por un momento olvidé que estaba en la hermosa, tranquila y pacífica Villa María.

 

5. La salida y otras versiones

Después de alejarme hacia Alem y salir del área de conflicto hablé con algunas personas que fueron a festejar y que habían permanecido en el lugar, ya que, literalmente, estaban en shock. Muchos coincidían en una misma versión: sostenían que la intervención policial había sido el punto de quiebre que transformó la celebración en una situación de violencia. También reconocían que, una vez iniciadas las corridas, algunos jóvenes -varios de ellos, visiblemente alcoholizados- respondieron arrojando distintos objetos hacia los efectivos. Esa fue la versión que escuché repetirse una y otra vez.

También surgieron comentarios sobre comerciantes que, según distintos testimonios, habrían sido advertidos con anticipación para cerrar sus locales antes de lo habitual porque “algo iba a pasar”. Durante esa misma noche no pude corroborar de manera independiente esa información, pero fue una versión que circuló con insistencia entre quienes intentaban reconstruir lo ocurrido y durante el día después.

Cuando finalmente abandoné el centro ya no quedaba nada de la ciudad de los abrazos, las canciones y las banderas argentinas que había encontrado unas horas antes.

Solo quedaron el olor persistente de los gases, las luces azules de los patrulleros, el despliegue policial, el ruido de una posta aislada y la gente entre la alegría por jugar una final -que igual se perdió- y una pregunta que aún hoy sigue abierta: ¿Cómo una noche destinada a celebrar una clasificación histórica terminó convirtiéndose, quizás, en uno de los operativos de seguridad más violentos que recuerde Villa María?