Testimonio - Jimena García Correa es víctima de violencia de parte del entorno de su ex, quien, pese a ser de otra provincia, llegó a enviarle mensajes intimidatorios a través de terceros en Villa María
“Quiero tener el derecho a vivir sin estar en peligro”
Jimena García Correa pasó años junto a un violento. Cuando logró separarse, el hostigamiento a través de terceros no cesó. Vino a Villa María para no estar en peligro, pero acá también recibe los mensajes intimidatoriosÉl nunca le pegó una cachetada, por eso ella tardó años en darse cuenta de que vivía en un ambiente violento.
Fue una frase de su hija la que le permitió correr el velo y descubrir cuánto había naturalizado vivir así. “Ella me dijo que su papá no me había hecho nada, que solo rompió un mueble porque había perdido Newell’s y eso lo ponía nervioso. Yo estaba al lado del mueble”, relató Jimena García Correa a elDiario.
Su expareja y padre de sus dos hijos sigue viviendo en Rosario, donde ocurrieron los hechos en la primera parte de esta historia de violencia, pero su presencia amenazante se extendió hasta Villa María, ciudad natal de Jimena, adonde llegó hace algo más de un mes porque supo que su vida estaba en peligro.
Aquí, cuando creía que no la iba a encontrar, comenzó a recibir mensajes desde un teléfono con característica de Rosario: “Sé lo que tenés puesto”, decía una voz. “No te lleves mal con tu ex”, señalaba otra. Nunca fue él directamente quien amenazaba.
“La verdad es que después de eso no supe bien qué hacer. Ya lo había denunciado en Santa Fe y no tuve una buena experiencia. Acá fue distinto”, planteó.
En la Justicia de Villa María la escucharon, la ayudante fiscal evitó que se implementaran medidas que podían revictimizarla y junto al Polo de la Mujer le garantizaron resguardo en un lugar seguro.
No fue todo perfecto, pero sí tuvo un trato diferente al de la Justicia santafesina. “Sin embargo, sigo recibiendo llamadas de números de Rosario y, en definitiva, no puedo recuperar mi vida”, dijo.
La historia
Jimena contó que muy joven dejó su Villa María natal para ir a estudiar a Rosario. Se recibió de kinesióloga y por esos años conoció a un abogado penalista que, a primera vista, era un encanto de persona. “Es un hombre socialmente correcto y hasta va a la iglesia”, contó.
Con la convivencia y el nacimiento de los hijos empezó a sufrir violencias. “Por cualquier discusión terminaba tratándome de loca”, contó. “Efectivamente, tuve un problema de salud mental, depresión. Ahora me dieron el alta y me indicaron que el principal origen de mi estado fue a consecuencia de lo que se conoce como estrés postraumático. Era como si hubiera vivido en guerra”, dijo.
También estuvo diagnosticada con una grave y dolorosa enfermedad: fibromialgia. “No sufrí ni un dolor más desde el día que me separé”.
Al momento del divorcio, “yo estaba todavía muy mal y para terminar todo firmé lo que él quería: un auto para él, una máquina de coser para mí. Así de explícito fue la forma de negociar conmigo la división de bienes”.
Con pocos recursos y muchas horas de trabajo, sobrevivía junto a sus dos hijos como podía. Lo que ya no pudo soportar fue un acoso judicial, dado que el ex conoce el sistema y le hizo denuncias por todo. En una nota sobre el tema realizada en el diario Página/12 remarcaron que, de diez denuncias, la Justicia desestimó seis.
“Por darte algunos ejemplos de las denuncias que hacía en mi contra, te cuento que además de mi trabajo en un sanatorio manejaba un Uber para completar un ingreso mejor. Él me denunciaba porque Uber era ilegal. Otro caso: iba a buscar los chicos en el horario convenido y él no estaba o no me atendía. Después me denunciaba por llegar tarde”.
“Debo decir que el Poder Judicial de Santa Fe es un lugar donde él tiene muchos contactos y amigos”, dijo.
Pero todavía no había llegado lo peor. La primera señal de que estaba en peligro fue en las elecciones de octubre de 2025. Jimena milita en el Frente Amplio por la Soberanía (FAS) y a pocas cuadras del local partidario la detuvo la Policía. “Me dijeron que una persona con mi fisonomía había robado un chocolate en un quiosco. Con ese argumento me llevaron a la Comisaría y estuve horas incomunicada. Por supuesto que no tenía nada que ver y no me hicieron ninguna causa, pero esa detención me impidió ir, como había prometido, a la Comunión de mi hija”, contó.
Y hubo más, cuando volvió a su casa después de esa situación estaba todo destruido. “Casualmente, las cámaras del edificio no funcionaron y nunca se pudo esclarecer quién fue”, contó. Pero le hicieron ver de qué lado estaba el poder. “No robaron nada, solo rompieron”, reiteró.
Decidió irse de esa casa, que había sido la vivienda familiar y en la que, tras el divorcio y como parte de los alimentos, pudo quedarse con sus hijos. Sintió que ya no era un lugar seguro y comenzó a habitar en un departamento de alquiler temporal. “Lo poco de plata que me iba quedando se me fue en eso”, contó.
Así llegó enero de este año, cuando ella circulaba manejando un auto por Rosario y se le cruzaron dos personas que iban en moto. Se bajaron y la “molieron a palos”. “Me decían: esto es por llevarte tan mal con tu ex”. Esa frase la iba a volver a escuchar.
Fue tal la golpiza que un juez dispuso que ingresara al programa de protección de testigos, “que, en realidad, es andar con custodia todo el tiempo”.
Mientras tanto, Jimena no bajaba los brazos. “Con el partido y las organizaciones de mujeres milité siempre por nuestros derechos”, dijo.
Precisamente, al finalizar la marcha del 3 de junio, día en que se conmemora el nacimiento del movimiento “Ni Una Menos”, fue abordada otra vez por un desconocido. “Esta vez me pegó un puntazo que por suerte dio en la cartera”.
Ahí decidió no volver a denunciar y buscó un lugar seguro: Villa María.
Eso sí, contó públicamente -como hace ahora, a manera de resguardo- su historia en un programa del periodista Carlos Del Frade. “Al otro día le incendiaron el local”.
Con la poca ropa que se pudo comprar después de que quedaron todas sus pertenencias en la vivienda familiar llegó a esta ciudad, confiada en que la sombra de su ex no la alcanzaría.
Mientras tanto, siguió buscando promover acciones para cuidar a otras mujeres. “En este caso, pensé en hacer un podcast contando historias de vida después de la violencia, para mostrar que se puede salir de esos círculos. Fue justo cuando lo empecé a difundir ese proyecto que me llegaron las amenazas de ese teléfono de Rosario y otra vez me sentí en peligro”, dijo. Ahora procura retomar su vida. “No tengo trabajo, estoy lejos de mis hijos y la verdad es que hay días en que no sé en quién confiar”, dijo.
Y lo peor, planteó, es que aún las personas bienintencionadas ponen el foco en la culpa de ella: “¿No te diste cuenta antes, cómo era?” o “¿cómo te van a creer si andás militando en un partido de izquierda?”.
“Muchas veces yo también me eché la culpa. La terapia, el tener algo de contención de personas que te reafirmen que no estás loca es lo que me sostuvo y sostiene para poder llegar hasta acá”, concluyó.
“En tiempos brutales de saqueo, desprecio y desarticulación de políticas públicas sensibles, que mujeres que atraviesan situaciones de violencia vuelvan a poner el cuerpo para construir espacios de escucha es un gesto de una profundidad humana enorme”, sostuvo Del Frade, quien fue uno de los que dio difusión pública en Rosario de las denuncias de Jimena. Remarcó, además, que la violencia no solo crece sobre los bienes comunes y los sectores populares, sino también sobre los cuerpos, “especialmente de las mujeres y de las infancias”, y llamó a multiplicar encuentros de escucha.
¿Dónde acudir si sos víctima? En Villa María hay espacios para mujeres víctimas de violencia. 0800-888-9898, la línea gratuita del Polo Integral de la Mujer. La sede de Villa María está ubicada en Ramiro Suárez e Independencia y el teléfono de guardia es el 3534294215. También hay un equipo nocturno de Abordaje en la Emergencia, ubicado en la calle General Paz 317 (Unidad Judicial). El espacio, articulado con el Ministerio Público Fiscal, brinda contención, asesoramiento y acompañamiento en horario nocturno, de 21 a 6.
Lo que dice la ley - La violencia no es solo física
En Argentina, la Ley 26.485 define la violencia contra las mujeres “a toda conducta, acción u omisión que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder”, menoscabe su integridad.
A la hora de enumerar los tipos de violencia, la normativa de nuestro país menciona los siguientes:
- Física: es la que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato.
- Psicológica: es la que causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal o que busca degradar o controlar sus acciones mediante amenaza, acoso u hostigamiento. “Incluye también la culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia o sumisión, coerción verbal, persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de circulación”, enumera la norma.
- Sexual: cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva.
- Económica y patrimonial: la que se dirige a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la mujer, a través de la perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes; la pérdida, sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales; la limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida y la limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario menor por igual tarea, dentro de un mismo lugar de trabajo.
- Simbólica: es la que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.
