LAS CALLES - Gervasio Posadas
El padre de las exposiciones rurales
La denominación de la calle fue impuesta por Ordenanza Nº 1.232, con fecha 25 de junio de 1966, bajo la Intendencia de Porfirio Juan SeppeyGervasio Antonio de Posadas y Dávila nació en Buenos Aires, el 18 de junio de 1757. Era hijo de Felipe Santiago de Posadas y de María Antonia Dávila.
Se había casado con María Luisa Ciriaca de Castro y Careaga, con quien tuvo los siguientes hijos: Luis María, Gervasio María, Francisco María, María Teresa, María Catalina y María Rafaela.
Realizó sus estudios primarios en varias escuelas parroquiales. Se licenció en Filosofía y Teología en el convento de San Francisco y, posteriormente, efectuó estudios de Derecho. Ejerció como abogado en el despacho de Manuel José de Labardén.
En 1789 fue seleccionado como general notario por la Diócesis, cargo que ocupó hasta los eventos ocurridos en la Revolución de Mayo. Fue inconsciente de la inminente Revolución y se llevó una sorpresa cuando el Cabildo fue ocupado el día 25 de mayo de 1810.
Un mes después fue nombrado procurador y protector de la Ciudad de Buenos Aires, remplazado por el doctor Miguel Mariano de Villegas, un jurisconsulto de la Real Audiencia de Buenos Aires, el 17 de octubre del mismo año, ya con el cargo de síndico procurador general del Cabildo de la ciudad.
Sus donaciones a la Sociedad Patriótica lo asociaron con los seguidores de Mariano Moreno, por lo que los líderes de los sucesos del 5 de abril de 1811, leales a Cornelio Saavedra, lo expatriaron de la ciudad, confinándolo en Mendoza.
El 31 de enero de 1814 asumió el cargo de director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, cargo que ocupó hasta el 9 de enero de 1815.
Integró el Segundo Triunvirato junto a Nicolás Rodríguez Peña y Juan Larrea, desde donde obedecieron los términos que habían sido establecidos en la Asamblea del Año XIII, que le dio el Poder Ejecutivo. Como su labor como triunviro fue muy valorada; poco después se decidió, el 22 de enero de 1814, concentrar en él todo el Poder Ejecutivo con el título de director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Durante su breve mandato, Cornelio Saavedra y Joaquín Campana fueron expulsados del país.
Una de sus principales medidas fue nombrar a San Martín como gobernador de Cuyo, enviándole tropas y dinero, y facilitar y apoyar la creación de la escuadra que en la Campaña Naval de 1814 derrotó a la Real Armada Española en el Río de la Plata asegurando la caída de Montevideo y desviando por consiguiente la expedición española de Morillo. Ese año dispuso que, tras su abandono del sitio de Montevideo (1812-1814), el prócer independentista rioplatense José Artigas en Provincia Oriental fuera considerado sedicioso y rechazó a sus diputados en Buenos Aires, provocando la constitución de la Liga de los Pueblos Libres de las Provincias Unidas que incluiría a la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe.
Nombró a su sobrino Carlos María de Alvear nuevo general en jefe del Ejército del Alto Perú en remplazo de José Rondeau, lo que motivó que los oficiales del mismo se sublevasen y rechazasen el nombramiento.
Esta sublevación y la recuperación del trono español por parte del rey Fernando VII provocaron graves problemas a su gobierno, por lo que terminó renunciando a su cargo el 9 de enero de 1815, 22 días antes de cumplir un año de mandato. Lo sucedió en el cargo su sobrino segundo Carlos María de Alvear, pero tras la caída de este en abril de 1815, Posadas fue encarcelado, ocupando 22 diferentes celdas en los siguientes seis años, hasta ser liberado a mediados de 1821.
En 1829 empezó a escribir sus Memorias, terminándolas tiempo después.
Falleció en Buenos Aires, el 2 de julio de 1833.
Posadas: el hombre que sabía escuchar
Hay una particular anécdota que se refiere a la personalidad de Posadas: a los pocos días de haber asumido su cargo de director supremo, se cruzó en un pasillo de la sede del Gobierno con uno de los empleados de su Secretaría General, de origen español, y se produjo el siguiente diálogo:
-Perdóneme, Excelencia, ¿existiría la posibilidad de que pueda hablar diez minutos con usted?
-Como no, acompáñeme-, le dijo Posadas.
Ya en su despacho invitó a sentarse al empleado, visiblemente nervioso.
-Lo escucho-, le dijo el director supremo.
-Gracias. Sucede que mi jefe, que es pariente de Juan José Paso, no solo me enrostra mi origen español, sino que amenaza con despedirme, porque yo manifiesto mi simpatía por la monarquía española.
-¿Y usted querría que volviésemos a depender del trono español?
-Sí, señor director supremo. Ese es mi pensamiento.
En ese momento, Posadas mandó llamar al jefe del atemorizado empleado.
-Explíqueme por qué se burla usted y molesta a este caballero, subordinado suyo.
Y el jefe respondió:
-Porque es español y exterioriza ser partidario de la monarquía, que rige su Patria.
Y entonces Posadas mostró su nobleza de espíritu, diciendo:
-Es de valientes manifestar los ideales. Tiene este hombre, la dignidad de manifestar lealtad hacia su rey, con la desventaja que eso le significa. Pero no ejerce ninguna actitud violenta ni de rechazo contra los actuales gobernantes de nuestra Patria. Y esa lealtad hacia su monarca hace a sus valores como hombre, como sin duda también es leal a nosotros en el desempeño de su tarea.
Cuando el campo criollo salió a escena
El 15 de abril de 1858 se inauguró la primera gran exposición ganadera e industrial del país; fue el día en que el campo criollo salió a escena.
Aquel día, en el caserío de Palermo, sobre terrenos que habían pertenecido a la antigua residencia de Juan Manuel de Rosas, abrió sus puertas una muestra que buscó exhibir el potencial productivo de Buenos Aires y del país en un momento clave de organización económica.
La iniciativa contó con el importante impulso precisamente de Gervasio Posadas y con el respaldo del gobernador bonaerense Valentín Alsina, y es recordada como uno de los antecedentes más importantes del movimiento rural y agroindustrial argentino.
Más que una simple feria, aquella exposición fue una vidriera del trabajo, la producción y la modernización que empezaban a perfilarse a mediados del siglo XIX. Entre los productos exhibidos hubo trigo de Chivilcoy, cáñamo, lino, cabuyería, además de terneros, toros, caballos y ovejas de raza. También se otorgaron premios y menciones a distintas producciones, en una señal clara de que la mejora agropecuaria, la incorporación de nuevas técnicas y la valorización de la industria rural ya ocupaban un lugar central en el debate público. Aunque la muestra no alcanzó todo el éxito esperado, en parte por las tensiones políticas entre el Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina, dejó sembrada una idea decisiva: la necesidad de organizar, fomentar y profesionalizar la producción agropecuaria.
Aquella exposición fue vista como un antecedente directo de los proyectos que pocos años más tarde desembocarían en la consolidación de la Sociedad Rural Argentina y en el desarrollo de las grandes exposiciones rurales posteriores.
En perspectiva, aquella jornada no solo inauguró una exposición: inauguró una manera de mostrar el país que venía. Fue el momento en que la ganadería, la agricultura y la industria vinculada al mundo rural comenzaron a presentarse como emblemas del progreso argentino, en una escena pública que uniría producción, prestigio, innovación y poder económico durante décadas.
