Las calles - Juan Carlos Mulinetti
Homenaje al héroe
La denominación de la calle fue impuesta por Ordenanza Nº 3.916, con fecha 3 de abril de 1997, bajo la Intendencia de Miguel Ángel VegliaHabía nacido el 20 de mayo de 1951 en Ticino, justo el mismo día y el mismo año en que Bautista Gianinetto, Enrique Masetti y un grupo de amigos fundaron el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Villa María.
Era hijo de Victoriano Alfredo Mulinetti y María Rosa Greppi.

El Mula, como todos lo llamaban, era hermano de Miguel Ángel, José Alberto y de María Elena, su melliza.
Estaba casado con Noemí Carmen Gobatto, “Beba”, con quien tuvo cinco hijos: Nelson, Jorge, Verónica, Alejandra y Laura.
Su hermano Miguel Ángel dialogó con nuestra radio 90.1 y elDiario en las Calles y recordaba: “Juan Carlos fue muy inquieto desde su nacimiento. Nosotros estábamos en una fábrica de queso, a la orilla de Ticino, nuestro pueblo. Y a la hora de nacer, cuando lo fui a ver, porque yo soy 8 años mayor, me llamó la atención por lo inquieto. Movía las piernas, las manos..., movía todo. Fue creciendo en el campo y hay un hecho que muestra lo inquieto que era: se agarraba de las colas de los caballos y el caballo disparaba y él corría por detrás a gran velocidad. Pero en una de esas oportunidades, el caballo tiró una coz y le pegó en el centro del pecho. Recuerdo todavía la marca del vaso del animal sobre el pechito de Juan Carlos. Por suerte no pasó a mayores, quedó todo morado, pero siguió siempre inquieto; ya le digo, muy inquieto”.
“Terminó sus estudios primarios en la Escuela Vélez Sarsfield y al secundario lo realizó en la Escuela del Trabajo.
Éramos una familia muy humilde, así que nosotros vendimos todo lo que teníamos en Ticino para poder adquirir una casa en Villa María y nuestro padre se quedó trabajando allá; vivíamos en el barrio Güemes.
Juan Carlos siempre andaba callejeando, se hizo de un perro al que le puso el nombre de León. Y todos los días, con sus amigos, entre ellos Miguel Andreis, por ejemplo, y con otra barrita que tenía allí, se iba al río... No estaba el Balneario todavía, había un canal en ese tiempo y él aprendió a nadar agarrándose del perro. Y bueno, nosotros regresábamos de nuestros trabajos y no estaba, había que salir a buscarlo. No nos dio nunca ningún disgusto ni nada, pero era de andar; pero no hizo ninguna travesura que lo pudiera dañar. Inclusive, cuando tuvo edad, trabajó también e hizo trabajos duros, como sacar arena del río en la zona que hoy sería barrio Palermo.
Nuestra madre quería que estudiara, así que lo mandaba a la Academia Alberdi, lo traía, lo dejaba ahí, en el colegio, y él escapaba por la ventana y se iba a los Bomberos. No salía por la puerta porque lo controlaban, se iba por la ventana. Y tanto entusiasmo tenía que don Bautista Gianinetto lo adoptó como un hijo y lo llevó a trabajar con él. Allí comenzó con muchísimo entusiasmo, fue en el año 1963. Dormíamos en la misma habitación, sonaba la sirena, por ejemplo, porque no había teléfono, y saltaba por la ventana y se iba corriendo a la hora que fuese, hasta que al último se terminó instalando allí, en el mismo Cuartel. Yo trabajaba muchas horas de noche y Juan Carlos te aparecía a la 1 o a las 2 de la mañana, a la hora que fuese, para hacer un trabajo para el Cuartel. Una madrugada se rompió la sirena y los Bomberos no podían estar sin sirena. Así que llegó a mi casa y me dice: ‘Me tenés que hacer este buje’. Hacía un frío impresionante. Lo hicimos, nos fuimos al Cuartel y él se subió a la torre, allá arriba, con ese gran frío; a las 5 de la mañana la sirena ya funcionaba y recién entonces se quedó tranquilo...
Cuando se hizo la autobomba inventó un diseño con una tecnología que todavía hoy te puede sorprender, porque hicimos los carreteles para desenrollar la manguera ya llena de agua. O sea que antes de desenrollar las mangueras ya estaba saliendo agua, y estamos hablando de 60 años atrás; una cosa que no se puede creer. Como la creación de la Escuela de Bomberos: él le decía a los chicos que había que estudiar para ser bombero, que había que formarse, que no era solamente la voluntad, que había que tener mucho conocimiento. Hoy, la escuela es modelo, viene gente de todo el país a formarse. Fíjese qué paradójico, ¿no? Él, que se escapaba de la escuela, después, a los chicos que estaban allí les daba ese mensaje”, señalaba oportunamente Miguel Ángel.
Mulinetti creó el Departamento de rescate en alturas, que fue el primero en el interior del país, y fue fundador de la primera Escuela de Capacitación y Programación de Bomberos Voluntarios de la provincia de Córdoba.
Todos recuerdan aquel viaje de bodas a Carlos Paz con Beba en autobomba: cuentan sus allegados que había que probarle el motor recién hecho y el Mula aprovechó y la invitó a Beba a pasear por las sierras.
Aquella tarde en el Balneario
En la tarde del domingo 23 de octubre de 1983, Juan Carlos se encontraba con un grupo de bomberos reparando las compuertas del Balneario y dos jóvenes que navegaban en una piragua fueron arrastrados por las caudalosas aguas del río. El Mula no lo dudó ni un instante y acudió en su auxilio. Ese fue su último acto de servicio, su última enseñanza, su último gran mensaje. En ese rescate dejó su vida. Los vio venir en la piragua, y luego, pasar increíblemente por abajo de las compuertas; la pequeña embarcación se rompió y los despidió al cauce del río, quedando atrapados en el lugar donde la fuerza del torrente provoca una serie de grandes remolinos.
Alcanzó a rescatar a uno de los jóvenes y, cuando estaba por auxiliar al otro, un tronco que apareció de la nada golpeó su cabeza y acabó con su vida.
