Dominga Ángela Contrera, villamariense con reconocido compromiso social y trabajo comunitario, fue reconocida por autoridades locales

Una calle para una gran mujer

El Concejo Deliberante la reconoció hace unas semanas actualizando el nombre de tres calles en el Loteo Portal Buenos Aires, como lo hizo con otras dos mujeres. Y acá su hijo da cuenta de una parte de la vida difícil y a la vez admirable de su madre
lunes, 22 de junio de 2026 · 08:35

Imagine, lector, nacer en situación de gran pobreza. Y que por azares de la mala suerte una mujer, en realidad una niña todavía, sea entregada a una familia porque la suya propia no podía mantenerla, con apenas 8 años. Entonces, a partir de ahí, comenzar a vivir una vida casi esclavizada en casas ajenas, sirviendo a familias de dinero. Y, sin embargo, a pesar de esa vida injusta y llena de vicisitudes que nadie merece vivir, lograr abrirse paso en la vida, tener una familia y ser una referente social, con el principal objetivo en la vidad de ayudar.

Eso es un poco lo que le tocó vivir a Dominga Ángela Contrera (1923-2019), quien este mes fue reconocida por su decidido compromiso social, así como por su labor solidaria y comunitaria, nombrándose una calle con su nombre en el Loteo Portal Buenos Aires, dentro del barrio Malvinas Argentinas. Además, compartirá con otras dos villamarienses este honor por similares razones, Evelina Ramona Bajinay y Gladys Machado.

Sobre Dominga, elDiario charló con su hijo Luis Reynoso, presidente del Centro Vecinal del barrio San Nicolás –además de presidir el Club Los Peregrinos–, quien contó sobre su madre y de la vida muy difícil que vivió, pero que, al final, estuvo llena de amor, entrega solidaria y de cosas admirables.

 

Una carta, un destino

“Mi mamá era muy pobre desde niña. Y cuando tenía 8 años la dieron a otra familia para que fuera sirvienta, casi como una esclava. Nos contó cosas tremendas que le hacían. Luego, cuando fue un poco más grande, pasó por una casa donde le dijeron que ahí vivía  un abogado. Entonces esperó hasta que saliera, a quien le dijo que había escuchado en la radio de que Evita ayudaba a los pobres, y que si, por favor, no le ayudaba para hacer una carta para mandársela, ya que no sabía leer ni escribir. El abogado le dijo que sí y le preguntó qué quería poner en la carta. Ella le dijo de las necesidades que tenía”, contó Reynoso.

Fue así que, con la carta hecha, Dominga fue al Correo y la envió. “No pasaron más de 20 días, cuando recibió un montón de cosas de parte de Evita; hasta un cochecito, porque en la carta le comentaba que estaba embarazada. Desde ese día, mi mamá se sintió siempre en deuda por todo lo que habían hecho por ella, por lo que se acercó al Partido Justicialista para ofrecerse para ayudar a la gente. Y ahí comenzó con un gran compromiso social”, contó su hijo.

Incluso, evocó que una vez que Juan Domingo Perón y Evita pasaron en tren por la ciudad, ella logró llegar hasta donde estaban ellos asomados por una de las ventanillas “y logró tocarles las manos a los dos, mientras llovía torrencialmente, a la vez que todos corrían al lado del vagón. Para ella fue un recuerdo que llevó siempre imborrable en su corazón”.

 

Vivir en el San Martín

“Fue en este barrio histórico de Villa María donde Dominga comenzó su labor social, acompañando a la gente. Después, ya más grande, se acercó a Eduardo Accastello y a militar junto a él en la parte social, ayudando en los barrios más carenciados. Ella estaba muy agradecida, ya que una vez el intendente la ayudó a traer el cuerpo de uno de sus hijos que murió un 31 de diciembre en Buenos Aires y era complicado traerlo en pocos días acá. Mi madre siempre fue una mujer muy agradecida y siempre devolvía el favor, incluso de por vida”.

Luis, el menor de ocho hermanos (siete varones y una mujer; además de 23 nietos y 34 bisnietos), afirmó que  Dominga, más allá de lo político partidario –importante decir que jamás tuvo un cargo en el municipio ni en el partido y lo que hizo fue solo por el simple hecho de ayudar– constantemente estuvo pendiente de las necesidades de la gente que la rodeaba, no solo de los vecinos del San Martín, sino de otros barrios de la ciudad.

“Mi madre era brava, pero era una mujer de palabra. Hasta que no cumpliera con lo que se proponía no paraba. Si ella decía que iba a hacer algo, lo hacía; y si alguien le decía que le iba a dar algo y esa persona no cumplía con su palabra, no paraba hasta que  cumpliera con lo prometido, como ella hacía con sus promesas. Sí, tenía un carácter fuerte, pero se hacía respetar en todos lados. Porque a ella lo que le importaba era ayudar, yendo para todos lados, compartiendo incluso lo poco que teníamos nosotros con los demás”, recordó.

Para Luis, toda esa solidaridad constante, esas ganas de ayudar a los otros, aunque fuera compartiendo lo poco que ella tenía, o gestionando recursos con quienes sí tenían, “son la razón por la que ahora una calle llevará su nombre. Fue una mujer incansable y muy activa hasta último momento, y que soñó con ser enfermera, porque en su gen estaba la esencia de asistir y ayudar, sea compartiendo un pan casero que hacía, cortándole el pelo a quien no podía ir al peluquero o colocando una inyección, lo que fuera”.

 

A terminar la escuela

Además, Dominga, quien siempre supo salir adelante y encaminar a sus hijos –hoy viven cinco de ellos– a pesar de la pobreza, logró finalmente terminar el primario “a los 75 años”, señaló Luis, por lo que aprendió a leer y a escribir ya muy mayor, un gran logro.

“Recuerdo el día que se graduó, con mucha emoción, porque mi mamá fue la abanderada del grupo con el que compartió estos estudios del primario para adultos en el Centro Vecinal San Martín. Así que vivió 20 años, ya que murió hace 7 años, a los 95, sabiendo lo que era y lo que significa leer y escribir. Como dice mi hija, hasta el último momento orgullosa de ayudar siempre a la gente y de ser peronista también”, expresó.

Es así como Dominga Ángela Contrera (viuda de Reynoso), sencilla y gran villamariense, quien vivió una vida dura, pero plena, tendrá una calle con su nombre. Ejemplo de vida, humildad y supervivencia. Un ser humano que siempre pensó en los otros de la misma manera en que se tuvo en cuenta a sí misma y a los suyos, y siempre con la palabra “solidaridad” por delante:  “Es que mi mamá era feliz así; por eso, para nuestra familia es un honor y un orgullo este reconocimiento, porque es algo que quedará a lo largo del tiempo”, finalizó Luis.