El ingeniero en Alimentos y docente local Tomás Gill habló con elDiario sobre su participación como jurado en el Mundial de la Yerba Mate
“Fue una gran experiencia”
El certamen convocó a 40 jurados, no para elegir a la mejor, sino hacer una evaluación de más de 430 tipos de yerba, dando medallas a la calidad para mejorar los distintos productos de la industria yerbateraLa yerba mate dio un paso histórico a comienzos de junio con la realización del primer Mundial de la Yerba Mate, un certamen internacional que reunió en la Ciudad de Buenos Aires a productores, especialistas y catadores de distintos países con el objetivo de evaluar y reconocer la calidad de la infusión más representativa de la región.
Durante tres jornadas desarrolladas en el Museo del Mate, las muestras fueron sometidas a evaluaciones técnicas y sensoriales bajo un sistema de cata a ciegas, siguiendo estándares similares a los que utilizan industrias como las del vino, el café o los aceites de oliva.
Entre los más de 30 jurados de seis países estuvo el ingeniero en Alimentos y docente de la Universidad Nacional de Villa María, Tomás Gill, sumando una nueva experiencia a su trayectoria como evaluador en concursos de alimentos.
El profesional villamariense integró el panel encargado -como dimos cuenta en estas páginas semanas antes del Mundial- de analizar las distintas muestras presentadas por productores y marcas de Argentina y otros países de la región, en un evento que buscó jerarquizar la cultura matera y posicionar a la yerba mate dentro de los grandes certámenes internacionales de calidad alimentaria.
“El Mundial se realizó el pasado 5, 6 y 7 de junio, en el Museo del Mate que estás sobre avenida de Mayo, en Buenos Aires”, señaló Gill, quien además afirmó que no quería dejar pasar la oportunidad de contarle a Villa María los detalles de esta nueva experiencia para él, que se suma a otras experiencias como jurado en certámenes de alimentos, como del sector lácteo y el de los alfajores, entre otros.
“Todo inició antes del comienzo certamen, el jueves, realizamos una cata a ciegas de distintos productos derivados del mate, como bebidas alcohólicas, alfajores, bebidas energizantes entre otros productos”, contó.
Y ya en lo que se refiere a la yerba en sí, explicó que “fueron más de 430 muestras de yerba, que provenían de distintos países como Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil”.
Cómo fue el certamen
Gill señaló que para elegir las mejores yerbas “se formaron 10 mesas con los 40 jurados, es decir, con 4 jurados por lo menos en cada uno de ellas”.
“Sobre la mecánica para evaluar las distintas yerbas era así: cada mesa recibía las distintas muestras. Cuando las traían había tres fases de evaluación. La primera es visual, que tiene que ver con la proporción de palo, hoja, polvillo y color, y si estos se correspondían con la descripción que había hecho el productor. Después venía la fase olfativa, con yerba en seco, colocada en una copa, donde se valoraba la propiedad olfativa de cada yerba, sus aromas y que también se correspondiera con lo que estaba descripto, por ejemplo, si decía que tenía menta, peperina o algo más, que estuvieran presentes. Y también se hacía una infusión en alcohol, como mates cocido, donde se evaluaba a fondo todo lo aromático”.
La fase 3 de la evaluación, explicó el villamariense “era la gustativa, donde cada jurado tenía su mate y su bombilla de acero inoxidable, de manera que sea inerte en la interacción con cada muestra de yerba. En cada mesa había un voluntario que era el encargado de cebar los mates, con una temperatura de agua estandarizada, y luego de un minuto, tras vertirla -cebarla- se consumía el contenido. Y así era tres veces consecutivas. De cada uno de los atributos teníamos distintos aspectos a evaluar que iba de 1 a 10, con una plataforma exclusiva y bajo el seguimiento de un escribano”.
Además, el ingeniero en Alimentos explicó que de cada una de estas fases también se hacían observaciones porque, dijo, “la idea es que también el productor recibiera esa ficha técnica para utilizarla para mejorar su producto, que es el fin mismo de esta competencia: que las yerbas mejoren y que la industria yerbatera crezca y venda productos de mejor calidad”. Y de acuerdo al valor que tuviera cada yerba, podía alcanzar una Medalla de Bronce, Plata, Oro o gran Oro, porque la ideal del Mundial no es ser una competencia entre las distintas yerbas, sino que cada yerba compita consigo misma. Porque puede pasar, y de hecho pasó, que hubo varios tipos de medallas para cada yerba, y hasta 300 se otorgaron, además de una distinción especial a la yerba con el mejor puntaje, que fue una de Concepción del Uruguay (Entre Ríos), la Uruguay.
“La verdad es que fue una gran experiencia para mí ser parte del jurado, muy fructífera, porque además me nutrí de esta cultura yerbatera y con yerbas de varias partes del mundo, y conociendo a colegas y amigos de muchas partes del mundo y distintas disciplinas”, finalizó.
