El 13 de junio se celebró el Día de San Antonio de Padua y el médico Esteban Ancarani evocó cuando sus reliquias estuvieron en la ciudad

Recuerdo de una visita histórica

El acontecimiento se dio en el centenario del Instituto San Antonio y fue su esposa, histórica docente del colegio, quien hizo las gestiones para que aquel “tesoro religioso” pudiera venir a Villa María
martes, 16 de junio de 2026 · 08:30

Este sábado que acaba de pasar se conmemoró el Día de San Antonio de Padua, justo en el año en que el Instituto San Antonio celebra sus 125 años de trayectoria, una historia que, por motivo de una visita muy especial, vuelve a cobrar vida entre los recuerdos de quienes forman parte de esta comunidad educativa.

Se trata de la visita de las reliquias de San Antonio de Padua a Villa María, ocurrida en 2001 con motivo del centenario de la institución, un acontecimiento que movilizó a alumnos, docentes, familias y vecinos de toda la ciudad.

Respecto a este hecho histórico habló el médico traumatólogo Esteban Ancarani, cuya familia mantiene un vínculo de varias generaciones con el colegio, y compartió con elDiario detalles de aquellos días que quedaron grabados en la memoria colectiva.

 

Centenario y reliquias

San Antonio de Padua, destacado predicador y teólogo, nació en Lisboa en 1195 y falleció en la ciudad italiana de Padua el 13 de junio de 1231. Su figura da nombre a una de las instituciones educativas más emblemáticas de Villa María.

Según recordó Ancarani, fue su esposa, María Leticia Martilotti, histórica docente del establecimiento, quien impulsó las gestiones para que las reliquias llegaran a la ciudad en el marco de los festejos por el centenario.

“Mi esposa, Leticia, se enteró de que las reliquias de San Antonio llegaban a la Argentina y solicitó que pudieran estar presentes en Villa María para conmemorar los cien años de la institución”, señaló Ancarani.

Aquellas reliquias fueron recibidas en el ingreso a la ciudad por una caravana encabezada por los Bomberos Voluntarios y, posteriormente, trasladadas hasta la Catedral, donde permanecieron expuestas para la veneración de los fieles.

 

Una visita inolvidable

La presencia de las reliquias incluyó distintas actividades organizadas junto a la comunidad franciscana y la Diócesis local.

“Al día siguiente fueron llevadas al Instituto San Antonio, donde fray Constardo Miglioranza explicó a los alumnos la vida del Santo. Otra de las reliquias fue trasladada a la cárcel para acompañar tanto al personal como a los internos”, recordó Ancarani.

También tuvo una participación destacada quien era entonces obispo de Villa María, monseñor Roberto Rodríguez, muy cercano a la comunidad educativa y religiosa de la ciudad.

 

El privilegio de recibirlas

Uno de los aspectos menos conocidos de esa visita es que los frailes franciscanos llegados desde Padua se alojaron en la casa de la familia Ancarani.

“Los frailes se alojaron en nuestro hogar y tuvimos el privilegio de que una de las reliquias nos acompañara durante esos días”, contó.

Aquella experiencia dio origen a una amistad que continuó mediante cartas e intercambios entre ambas familias.

 

El viaje a Padua

Tiempo después, los vínculos construidos durante aquella visita tuvieron su devolución.

“Los mismos frailes nos alojaron a mí y a toda mi familia en su histórico seminario de Padua. Éramos once personas en total. Allí conocimos de cerca la tarea solidaria que realizaban con personas privadas de la libertad y con extranjeros que necesitaban asistencia. Permanecimos cinco días con pensión completa y cuando intenté pagar no aceptaron dinero alguno”, relató.

 

Cuatro generaciones

La historia refleja también el fuerte vínculo de la familia con el Instituto San Antonio.

María Leticia Martilotti desarrolló allí gran parte de su carrera docente. Además, los siete hijos del matrimonio cursaron todos sus estudios en la institución, desde el jardín de infantes hasta el nivel secundario. Y actualmente son 17 los nietos de la familia que continúan asistiendo al colegio.

Ese recorrido familiar es también el de cientos de familias villamarienses que, generación tras generación, encontraron en el Instituto San Antonio un espacio de formación, encuentro y pertenencia.

La zona de la Capilla de San Antonio donde estuvo el aparato vocal

Recuerdo intacto

A veinticinco años de aquella visita y en el marco de los 125 años del Instituto San Antonio, el recuerdo de las reliquias vuelve a ocupar un lugar especial en la memoria de la ciudad.

Más allá de su significado religioso, aquel acontecimiento, sin duda, permanece como una de las postales más recordadas de la historia reciente de la institución y como parte del patrimonio afectivo de generaciones de alumnos, docentes y familias que forman parte de una de las comunidades educativas más tradicionales de Villa María y que merecen ser recordadas, no solo por la institución, sino por toda la comunidad.

 

Las reliquias

En el caso de San Antonio de Padua, las reliquias más conocidas son su lengua y su mandíbula. Cuando su sepulcro fue abierto por primera vez, en 1263, 32 años después de su muerte, se comprobó que la lengua estaba en un notable estado de conservación, hecho que la tradición católica interpretó como un signo de la extraordinaria capacidad de predicación del Santo. También se conservan otras reliquias corporales y objetos relacionados con su vida religiosa.

Custodiadas en la Basílica de San Antonio, en Padua (Italia), estas reliquias son veneradas por millones de fieles en todo el mundo y a veces son trasladadas a distintos países para acercar el legado espiritual del Santo a la comunidad católica. Cabe recordar que el 6 de enero de 1981 se inició una importante investigación sobre los restos del Santo, en ocasión del 750º aniversario de la muerte de San Antonio. Una comisión religiosa y una comisión técnico-científica nominadas por la Santa Sede cuidaron la apertura de la tumba. Entre los restos fueron individuadas las frágiles partes del aparato vocal del Santo, como para confirmar el prodigio de su lengua incorrupta.