La psicóloga Silvana Pons comparte una reflexión sobre la exigencia deportiva, profesional y social del individuo hacia la perfección
El mandato de rendir: cuando el bienestar se hace exigencia
Según la profesional, parecería que no hay límites para que una persona haga hasta lo imposible para ser y estar física y mentalmente perfectaEscribe: Silvana Pons (*)
ESPECIAL PARA ELDIARIO
Durante mucho tiempo el deporte estuvo asociado al juego, al encuentro, al disfrute o incluso al descanso mental; sin embargo, algo parece haber cambiado: hoy entrenar ya no aparece tan ligado al placer o a la salud, sino, muchas veces, a la exigencia, la culpa y la necesidad constante de superación.
Vivimos en una época donde no alcanza con ser, además hay que rendir: rendimiento físico, emocional, laboral, social, todo debe optimizarse. El cuerpo, el descanso, la alimentación, los hábitos, incluso el tiempo libre deben “rendir”, “maximizar resultados”. En ese escenario, el bienestar comenzó a transformarse también en una competencia.
Aplicaciones que cuentan pasos, calorías y horas de sueño, rutinas perfectas ejecutadas por famosos e influencers en redes sociales y discursos que repiten permanentemente: “Si querés, podés”, “no aflojes”, o “salí de tu zona de confort”. El alto rendimiento salió del deporte y se instaló en la vida cotidiana.
Cuando el cuerpo deja de ser disfrute
En este nuevo universo de exigencias, el valor de una persona empieza a quedar ligado exclusivamente a su capacidad de rendir, donde aparece la culpa por descansar y frenar se vive como un fracaso. Lo que está mal no es el ejercicio ni el cuidado personal, el problema aparece cuando el cuerpo deja de ser un cuerpo vivido para convertirse en un cuerpo constantemente observado.
Antes, el conflicto subjetivo estaba más ligado a la prohibición, al “no podés”; hoy, en cambio, el mandato parece ser lo opuesto: “Tenés que poder todo”, ser productivo, saludable, equilibrado, disciplinado, fuerte y todo esto siendo FELIZ al mismo tiempo.
Esa lógica produce agotamiento. Muchas veces, al cuerpo cansado del entrenamiento le sumamos el peso de tener que responder permanentemente a la exigencia de excelencia.
Infancias bajo presión
El deporte infantil, que tradicionalmente era un espacio de juego, socialización y aprendizaje, comienza muchas veces a organizarse alrededor del resultado. Cada vez aparecen agendas más estructuradas, competencias más tempranas y adultos excesivamente pendientes del desempeño.
Y, si bien la competencia en sí misma no es cuestionable y competir puede ser saludable y enriquecedor, preocupa cuando el niño deja de jugar para empezar únicamente a responder a expectativas externas.
Incluso, tanta presión suele llevar a la deserción: chicos que abandonan deportes que aman no porque no les gusten, sino porque dejan de disfrutarlos. A veces, incluso antes de descubrir el placer del movimiento, sienten frustración y miedo a equivocarse o a no estar a la altura.
Recuperar el deseo
Quizás una de las preguntas más importantes hoy sea: ¿qué buscamos realmente cuando entrenamos? Porque muchas veces detrás del ejercicio no solo aparece el deseo de salud o bienestar, sino también la necesidad de reconocimiento, pertenencia o validación.
Las redes sociales intensifican todavía más este fenómeno: cuerpos entrenados, rutinas perfectas y vidas aparentemente equilibradas funcionan como modelos permanentes de comparación; y, frente a eso, hacer una pausa o simplemente no poder, muchas veces genera culpa o sensación de insuficiencia.
En ese marco, resulta fundamental recuperar algo que parece cada vez más difícil: la posibilidad de habitar el cuerpo también desde el disfrute y no únicamente desde la exigencia, entender que descansar no es fracasar y que no todo en la vida necesita transformarse en una competencia.
Tal vez el verdadero desafío no sea formar personas que rindan cada vez más, sino sujetos que puedan sostener el deseo y el vínculo con su propio cuerpo más allá de los resultados, porque cuando todo queda organizado alrededor del rendimiento, incluso ganar puede dejar de disfrutarse.
Salud mental y deporte: una deuda pendiente
El deporte ocupa, en muchos casos, un lugar muy importante en la construcción de la identidad; por lo tanto, una lesión, una derrota o quedar afuera de una competencia no impactan únicamente en lo deportivo, también pueden afectar la autoestima, la confianza y el deseo de seguir.
Durante mucho tiempo se pensó el rendimiento únicamente desde lo físico o lo técnico. Sin embargo, hoy resulta imposible separar el desempeño deportivo del estado emocional, de la presión subjetiva y del modo en que cada persona transita la frustración, la competencia o la exigencia.
Hablar de salud mental en el deporte no implica “debilitar” el rendimiento; por el contrario, implica comprenderlo en mayor profundidad. Un deportista que siente que solo vale si gana, difícilmente pueda sostener su deseo.
En este punto, resulta fundamental que clubes, instituciones deportivas y espacios de formación comiencen a incorporar la salud mental de manera seria, sostenida y profesional, no como un recurso ocasional frente a una crisis, sino como parte constitutiva del desarrollo deportivo.
(*) Lic. en Psicología (MP 4816) Especialista en Salud Mental Comunitaria.
