La psicopedagoga y escritora Liliana González en La Feria Educativa y ofreció una entrevista exclusiva a elDiario
Sobre bullying, violencia escolar y pantallas
La reconocida experta en educación y comportamiento de niños y adolescentes convocó a un nutrido y variopinto público en su conferencia, mientras que después tuvo tiempo para hablar con este medio y profundizar su visón de estos temas y másEscribe: Juan Manuel Orbea De nuestra Redacción
Se viven tiempos en que la violencia no se introduce en el aula, sino que se multiplica en y desde las pantallas. Por eso, hablar de lo que pasa a chicos y chicas se vuelve vital. Y en ese cruce incómodo entre escuela, redes y la cada vez más difusa realidad, la voz de Liliana González suena clara, precisa, sin vueltas. La psicopedagoga, escritora y una de las referentes más escuchadas cuando se trata de pensar las conductas de niños, niñas y adolescentes, pasó por la Feria Educativa Conectando Saberes 2026 en Villa María para poner sobre la mesa un tema que preocupa y duele: el bullying y sus nuevas formas. Después de su charla, conversamos con ella para ir un poco más allá, tratar de entender qué está pasando y, sobre todo, qué se puede –y se debe– hacer.
Porque los datos encienden alarmas y marcan una tendencia sostenida. En Argentina, distintos relevamientos indican que los episodios de bullying crecieron con fuerza en los últimos años, con saltos que van del 25 al 40% de estudiantes afectados, según algunos informes, y con una mayoría de chicos y chicas que reconoce haber estado involucrada –de uno u otro lado– en esta situación. Se le suman a estos hechos, cada vez más graves, las amenazas masivas en escuelas a comienzos de abril, que obligaron a suspender clases en distintas provincias, evidenciando un clima social cada vez más intenso, y peligroso.
Esto surge de la nada: se da en un contexto donde la violencia verbal, la descalificación y la lógica de “amigo-enemigo” bajan con fuerza desde la esfera pública, muchas veces amplificadas por la propia conducción política, con un estilo confrontativo y agresivo como el que tiene en Javier Milei, su principal exponente. Y la escuela no es una isla: absorbe, refleja y muchas veces reproduce ese clima tempestuoso. En ese escenario, la mirada de Liliana González, autora de “Volver a mirarnos” y “Tiempo de conversar”, entre otros libros, se vuelve imprescindible para entender qué nos está pasando y qué responsabilidad tenemos como sociedad frente a estas violencias. Y ella comenzó haciendo un repaso de su participación en Conectando Saberes 2026: “Mi vista a Villa María fue muy rápida porque tenía compromisos en Córdoba, pero di una fructífera charla y hablé con varios medios. La sala del Leonardo Favio se llenó, con un público muy heterogéneo, ya que había padres, abuelos, docentes y estudiantes. Se ve que el bullying es un tema que convoca a mucha gente. Es una temática difícil y no es agradable. Aunque, dentro del contexto de lo que nos está pasando, es solo una de las múltiples caras de la violencia. Pero como el bullying se desarrolla en las escuelas, es el escenario ideal, porque para que este exista tiene que haber una repetición de una conducta humillante y descalificadora hacia una víctima”, dijo, de arranque, González.
En este sentido, explicó que no se trata “de la burla casual o suelta, sino la sostenida en el tiempo y sistemática, viendo sufrir a la víctima en el contexto escolar, donde el victimario puede “disfrutar” de ver el sufrimiento de su víctima de lunes a viernes. Y cuando aparece ahí, en el colegio, no solo sacude a los docentes y a las autoridades, sino a la comunidad en general, es muy difícil de manejar la situación y parecería que no pudiéramos pararla”.
Pantallas y redes sociales
La psicopedagoga destacó el rol que cumplen en esta violencia las pantallas de los celulares y ese espacio virtual, ideal para que las violencias se siembren y cosechen, que son las redes sociales: “La causalidad es compleja. Creo que poner todas las responsabilidades en internet, WiFi y las redes sociales sería ingenuo. Es un factor muy fuerte, que hace que la burla y el bullying se viralicen. Por ejemplo, cuando circulan fotos falsas o trucadas íntimas, o con un adjetivo calificativo humillante para alguien. Produce también un ‘efecto contagio’ o ‘efecto manada’, y todo eso es favorecido por las redes sociales. Antes también existía el bullying, pero era todo mucho más lento y focalizado. Hoy se replica sin control por el mundo virtual, el daño es mayor y el problema se complejiza mucho”.
Señaló que estar frente a esta nueva tecnología todo el tiempo “no juega a favor, a pesar de que es una herramienta que, bien usada, nos viene muy bien, pero cuando se usa mal nos implica a todos: ciudadanos de a pie, docentes, familias y funcionarios para trabajar y dar solución en conjunto. Porque este problema solo no se resuelve, esto de que cada profe con sus libros o cada papá con su manual no funciona. Esto es un ‘entre todos’ porque la causalidad es compleja, ya que no todo niño que está sometido a esas redes violentas termina siendo un asesino o lleva un arma a la escuela; digo, millones de chicos juegan al Fortnite, un juego violentísimo, y no por eso salen todos a matar. Así que, más allá de esto, y por más que sea un síntoma de la época, favorecido por la tecnología, la crisis de valores y la violencia que baja desde las altas de poder, también con discursos violentos, tiene que haber algo más subjetivo, o gestado en la escena familiar, para que todo eso se encienda y lleve a un niño a hacer bullying o llevar un arma y matar a un compañero. Este es un problema social, que se trabaja en la escuela y la comunidad; y lo subjetivo, que se debe trabajar en la casa y la familia. Desde ahí se debe comenzar a tratarlo”.
Los discursos violentos
La escritora destaca, por sobre todo, que niños y adolescentes “deben ser hijos amados y amorosos con el otro” y que es un trabajo que, principalmente, “se da en casa, como el de contagiar la empatía, construyendo vínculos sanos. Porque niños que se críen sanos y se sientan valiosos, con fuerte autoestima, no van a ser ni victimarios ni víctima. Ahora, cuando el ‘yo’ es frágil, cuando no ha sido amado y ha recibido violencia de parte de los adultos, tenemos, en potencia, un chico que puede caer en estas cosas”.
Sobre si la grave situación económica y los discursos de violencia que bajan desde la política, en su más alta expresión, son factores que exacerban esta situación, dijo que “sí, totalmente. Mi charla en la feria terminó con el ejemplo de un pacientito de 5 años, nuevo, que me miró cuando llegó a la primera sesión y, después de preguntarle ‘¿sabés a qué venís?’, me contestó “sí, sé a qué vengo, parece que no estoy gestionando bien mis emociones”. Se me partió el alma. Y le dije: ‘La verdad, no te aflijas, eso lo vas a ir aprendiendo con el tiempo’. Porque ni yo gestiono bien las emociones, y el presidente mucho menos. Evidentemente, de arriba para abajo hay un discurso de odio, discriminación y exclusión, de matar simbólicamente –o no– al otro, al diferente por raza, color de piel, creencia, condición sexual, o por lo que sea, y así se hace muy difícil la vida. Hay que ponernos las pilas. Mi mensaje a los padres fue que vuelvan a educar, mirar y escuchar a los chicos, porque también ellos están atrapados en las redes y no se dan cuenta de las señales que sus hijos dan. Pero sí la demuestran, enfermándose demasiado, retraídos, dejando de comer o comiendo de más, se ponen violentos, no quieren ir a la escuela, no tienen amigos, pero muchos padres y madres están distraídos en otra cosa”.
“Es fundamental que los adultos vuelvan a ver y oír a sus hijos. Porque en un mundo cada vez más peligroso, los chicos salen cada vez menos a la calle, ¿y qué hacen las familias?, les dan una pantalla. Entonces, ese mundo virtual se convierte en su mundo real, que te promete volverte rico de un día para otro con un video que se viraliza, que no puedes ser feliz si no sos tan linda como esa mujer perfecta, o es el fin del mundo si no viajás a esos paraísos que otros viajan. Necesitamos mamás y papás que le ayuden a ver el mundo real, el deporte, la naturaleza, el arte, la música, los libros. Creo que si algo puede salvarlos es todo eso, porque estas materias, a las que a veces no se les da tanta importancia en el aula, son las que permiten la sublimación. Es por ahí. Basta de crear contenidos de memoria, hay que ayudarlos en la creación, el análisis, la reflexión y trabajar en equipo, aprendiendo del otro y siempre en conjunto. Nadie se salva solo”.
Un trabajo entre todos
Ante los episodios de violencia, más allá del bullying per se, que ocurrieron en varios colegios del país, o el tema de las amenazas escritas en los baños que se viralizaron, dijo que ha sido invitada por autoridades provinciales para trabajar en esto: “Justamente, este mes he tenido dos reuniones con el Concejo Deliberante de Córdoba, una en la Comisión de Adicciones y la otra en la Comisión de Educación para ver el tema de los celulares en las escuelas. No es la primera vez, y siempre que me invitan voy, como a otros expertos de distintos ámbitos. Y bueno, ahí intentamos, entre todos, precisamente trabajando en equipo, encontrar soluciones a todos estos temas, cada uno aportando su conocimiento. Esto es un trabajo entre todos, pero sobre todo de gente que sabe al respecto, porque hoy prendés la tele, ves a periodistas que hablan de estos temas como si supieran, o hablan de todo, y no es así. Hay que hablar sabiendo de lo que se habla”.
Un nuevo libro
“Tras mis dos últimos libros, uno escrito en colaboración con mi hija, Natalia Brusa, quien es escritora y periodista, y el otro en coautoría con ella –me ayudó mucho porque yo crié a mis hijos sin tecnologías y ella sí tuvo que pelear en la crianza contra ella, por lo que me sirvió mucho su mirada–, libros que tuvieron, por cierto, mucha repercusión, estoy escribiendo uno nuevo, el que quizá sea el último que escriba. Me está constando bastante, quizá porque, precisamente, puede ser la última obra mía. Se va a tratar sobre los vínculos, pero todavía no tiene título. Ya más adelante lo daré a conocer”, comentó finalmente la psicopedagoga y escritora en su charla con este medio.
