Las calles

Gustavo Cerati: una calle nada personal

El nombre de la calle fue impuesto por Ordenanza Nº 7.698, con fecha 16 de abril de 2021, bajo la Intendencia interina de Pablo Rosso
domingo, 3 de mayo de 2026 · 08:30

Gustavo Adrián Cerati nació el 11 de agosto de 1959 en el barrio de Palermo Chico, en la ciudad de Buenos Aires. Era hijo de Lilian Clarke (de ascendencia irlandesa y vascofrancesa) y Juan José Cerati (italiano), quienes también tuvieron dos hijas: Estela y Laura.

Estudió en un colegio estatal y su primera pasión fue el dibujo: leía cómics y recreaba historias de los mismos.

Su pasión por la música comenzó a los 6 años cuando descubrió Los Beatles: cantaba “Twist and Shout” con una escoba. Luego, sus padres le regalaron una guitarra criolla con la que adquirió conocimientos a través de distintos profesores. Uno de ellos le dijo cierta vez que jamás tocaría bien la guitarra por tener un “dedo pulgar alargado y medio tirado para atrás”.

A los 12 años formó su primera banda con la que se presentó en fiestas particulares y eventos escolares.

En 1979 se inscribió en la Universidad de El Salvador, donde estudiaba publicidad debido a su facilidad por el dibujo. En ese tiempo se cruzó con Héctor “Zeta” Bosio, con quien formaría Soda Stereo tras sumar a Charly Alberti, tres años más tarde. Antes de conformarse como trío probaron distintas formaciones, por las que pasaron Richard Coleman, Daniel Melero y Andrés Calamaro, entre otros músicos.

A inicios de los 80 se presentaron  en  locales emblemáticos de la época como el Café Einsten y el Stud Free Pub, donde tocaban Sumo y Los Twist.

 En ese tiempo, ya como Soda Stereo, los invitaron al programa de televisión Música total. Cerati trabajaba como visitador médico y, como justo coincidía con su horario laboral, pidió el día libre por enfermedad para poder asistir.  Sus jefes descubrieron su aparición en TV, lo que significó su inmediato despido y allí decidió dedicarse por completo a la música.

En 1984 la banda sacó su primer disco homónimo con la producción artística de Federico Moura, líder del legendario Virus.

 Luego le siguió Nada Personal (1985), que tuvo su presentación oficial en el Estadio Obras con cuatro conciertos, alcanzando, al poco tiempo, récord de ventas y el premio del un disco de oro y otro de platino.

Luego de la publicación de su tercer disco Signos (1986), en el que participaron Fabián Von Quintiero, Richard Coleman y Celsa Mel Gowland, la banda realizó una gira por las principales ciudades de Latinoamérica, abriéndole las puertas del mercado latinoamericano al rock nacional.

Tal fue la aceptación, que en 1987 el grupo realizó un tour por Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Costa Rica y México, realizando 22 conciertos.  La gira fue registrada en el disco en vivo Ruido Blanco (1987). Luego graban Doble Vida, en Nueva York, y se presentan en México y Colombia, además del concierto en el Estadio Obras, al que asistieron 25.000 personas; y al “Festival Tres Días por la Democracia”, frente a 150.000 espectadores.

A principios de 1990, la banda se presentó por primera vez en un estadio de fútbol de Argentina, compartiendo escenario en Vélez Sarsfield con el dúo inglés Tears For Fears.

Ese mismo año el grupo grabó Canción Animal (1990) con el aporte conceptual de Daniel Melero y la participación de Andrea Álvarez y Tweety González, que significó la apertura al mercado español.

La maratónica “Gira Animal” abarcó 30 ciudades del país; entre ellas, algunas donde nunca antes se había presentado una banda importante.

Soda Stereo irrumpió en el circuito under de los 80 con una propuesta musical original, raros peinados, un maquillaje singular y un vestuario estrafalario

En 1992 Cerati editó Colores Santos, junto a Melero, con la participación de Flavio Etcheto y Carola Bony, además de grabar Dynamo (1992) con Soda,  presentado durante seis días en Obras. En enero de 1993 el grupo emprendió su sexto tour latinoamericano y a finales de ese mismo año se editó Zona de Promesas.

 Un año después, lanzó su primer disco solista Amor Amarillo (1993), con la participación de Zeta Bosio. En 1995, el grupo regresó a escena con la edición de Sueño Stereo (1995).

Durante un descanso de la banda, Cerati armó un proyecto electrónico denominado Plan V, con músicos chilenos.

En mayo de 1997, Soda confirmó los rumores de su separación mediante un comunicado de prensa. Para despedirse, la banda organizó una gira por México, Venezuela, y Chile, y el histórico concierto en River  que  Cerati cerró con la apoteótica frase que aún sigue resonando: “¡Gracias totales!”. El show fue inmortalizado en un disco doble titulado “El Último Concierto A y B” (1997).

Desde entonces, Gustavo Cerati desarrolló su etapa como solista grabando los discos Bocanada (1999), Siempre es hoy (2002), Ahí vamos (2006) y Fuerza natural (2009).

En 2001 había grabado 11 Episodios Sinfónicos, un álbum en vivo acompañado por una orquesta de 43 músicos.

Interrumpió su labor como solista en 2007 para participar con Soda Stero de la gira Me verás volver, que los llevó a realizar 22 conciertos en nueve países (Argentina, Chile, Ecuador, México, Estados Unidos, Colombia, Panamá, Venezuela y Perú) y el disco en vivo que fue editado por BMG en 2008.

Mientras daba un concierto en Caracas, Venezuela, Gustavo Cerati sufrió un ACV en la madrugada del domingo 16 de mayo de 2010 y, luego de ser trasladado a nuestro país, permaneció internado hasta su fallecimiento, el 4 de septiembre de 2014.

A 40 años de Soda en la ciudad

La fría noche del viernes 9 de mayo de 1986, el Club Ameghino de nuestra ciudad fue testigo de la presentación de Soda Stereo. El Diario del Sur de Córdoba, como se llamaba entonces, estuvo presente a través de nuestro compañero Daniel Rocha, y en la crónica posterior (foto izquierda) se leía, entre otros conceptos: “Arriba en el escenario se apostaron los cuatro, Gustavo en la viola, Charly a bordo de una batería, más bien producto del siglo XXI, Zeta con su inconfundible bajo azul y Fabián Von Quintiero, una especie de invitado permanente, al mando de los teclados.

El fervor se hizo pasión, la luz se convirtió literalmente en fuego y la música penetró sin miramientos en la sangre de quienes compartían el espectáculo. Y así, sin pausas, durante 83 minutos extenuantes. El recital se desarrolló sobre 17 temas y un bis con un público que, al comienzo, no superaba las mil personas, por el alto costo de la entrada de entonces (4 australes). Luego, con las boleterías levantadas, sumó 1.200 seguidores”.

Publicidad publicada en El Diario anunciando el recital