El exconcejal e integrante de la Pastoral Social, Luis Martínez, dialogó con elDiario, a propósito de la situación actual
“No hay un Vaca Muerta en cada pueblo”
Preocupación de un hombre comprometido socialmente: “A esto ya lo vivimos y no una sola vez”Ocupó una banca en el Concejo Deliberante de la ciudad durante dos períodos, integra el Equipo de Pastoral Social en la Diócesis, también es miembro de la Fundación Universidad Nacional de Villa María, participa del Sindicato del Seguro... Es decir que a la realidad, Luis Martínez la observa desde ámbitos diferentes.
“Si bien los tiempos no se repiten exactamente, ni con las mismas características, observo un alto grado de preocupación en mucha gente, aunque todavía no llega a la angustia”, dijo.
Y agregó: “Cuando uno anda en la diaria, que es lo más cercano, lo que tenemos ante nuestros ojos, imposible no ver los locales vacíos, desocupados”.
-Como en 2001...
-Y diría que como en 1976, cuando también se abrió la importación de manera descontrolada y nuestros comerciantes no podían competir contra los precios desleales de la importación. Las fábricas dejan de producir, surgen los despidos, falta dinero en las familias; los que conservan el trabajo no tienen convenciones colectivas que les permitan seguir el ritmo inflacionario. No hay consumo... Es cíclico. Ya lo vivimos más de una vez... Recordemos que en el 76 aparecieron los autos importados y ya entonces nos decían que así nos íbamos a integrar al mundo.
-¿Cómo se sale?
-No como en el 99, que fue el final de la década del 90, la del menemismo y las privatizaciones, con la venta de las joyas de la abuela. Porque ese armado, el de la Alianza, duró hasta la renuncia del vicepresidente Chacho Álvarez... Hay que pensar mucho más, con profundidad, y fundamentalmente en la Patria, que son todas las personas que habitamos este suelo y nos debe contener a todos. ¿A cuántos ministros de Economía hemos escuchado en los últimos años diciendo lo mismo: modernización laboral, recorte, achique, que los empleados del Estado son vagos...? Y el resultado de sus políticas no fue bueno. A los de ahora no se les cae de la boca Vaca Muerta. ¡Paren un poco! No hay un Vaca Muerta en cada pueblo. Uno lee en elDiario a Poncio, Seggiaro, Costa, Koncurat y entiende. Mando sus notas por WhatsApp y me preguntan de dónde son esos economistas... Pero uno escucha a los de Buenos Aires y va dejando de ver los canales, porque a esta altura uno no les cree. No coinciden sus palabras con lo que uno ve en la calle...
“Pido que los que tienen la responsabilidad de conducir los destinos del país dejen de tomar su función con liviandad”.
-Volvamos a eso que usted ve.
-Bueno, cuando viajaba para Cúspide, la compañía de seguros, lo hacía en un radio de 50, 60 kilómetros alrededor de Villa María. Iba a Las Varillas y me recibían en Zanello, que tenía unos 500 trabajadores. En el 98, 99, ya empecé a notar que estaban en crisis. O sea que 2001 fue consecuencia de todo lo anterior. Cerró Zanello y es inimaginable el daño que sufrió la economía de Las Varillas por varios meses hasta que luego la salvaron los trabajadores a través de Pauny. Y en la misma década del 90 cerraron cerca de cien compañías de seguros y Cúspide fue la última que cerró. Y nos arremangamos con un grupo de compañeros de trabajo, con Néstor Tosello, con Omar Bonoris y con Miguel Toranzo. Nos fuimos a Cooperación Seguros, en Venado Tuerto y nos abrieron las puertas y nos dieron el abrazo, el respaldo necesario para que el 20 de julio próximo cumplamos 25 años como Grupo Asesor. La Universidad Nacional de Villa María también nos dio una mano a través del contador Alberto Costa y de Aldo Paredes, que sabía mucho de cooperativismo. Ellos estaban en el Instituto de Extensión de una incipiente universidad que tenía 4 o 5 años y fueron un poco nuestros guías. A las reuniones las hacíamos en la Municipalidad, porque entendíamos que no era un problema nuestro, sino de todos y que el Estado tenía que estar presente. Lo mismo que hicieron ustedes con elDiario, que tenían el despido en la vereda y barrieron la vereda, con el acompañamiento del gran profesor Juan Espíndola. Lo que veo actualmente, quiero decir, es que muchas empresas están asfixiadas como en aquel entonces, por esta política que se está aplicando sin pensar en las personas. Las universidades están asfixiadas, los jubilados están asfixiados, los discapacitados están asfixiados...
-En el sector del seguro ¿cómo se percibe la situación? ¿Hay asegurados que tienen que dar prioridad a alguna necesidad básica antes que a la cuota?
-Acá se están salvando cuatro sectores solamente: minería, etcétera, etcétera... Cuatro sectores y ninguno de ellos está en Villa María. Y repito en contra de los discursos de los economistas estos: no hay un Vaca Muerta en cada pueblo. Por eso es que pido que los que tienen la responsabilidad de conducir los destinos del país dejen de tomar su función con liviandad y lo hagan con una gran seriedad. Porque la mayoría de esas personas que hoy tendrían que ser serios, nunca estuvieron ni cerca de saber qué es lo que es la angustia de perder la fuente de trabajo, la angustia de tener en riesgo su puesto de trabajo. Son una generación o dos generaciones de familias medianamente acomodadas que a eso no lo sufrieron. Tuvieron la heladera llena.
-¿Qué se le puede transmitir desde la fe a quienes lo están pasando mal?
-No soy especialista, pero diría que hay que buscar siempre la contención. Fundamentalmente en la familia. La familia es nuestro pilar fundamental. Hablar con la pareja, con los hijos, con el amigo... Y, en algún punto, hasta con el patrón, que también tiene una carga de angustia importante, porque la cantidad de cheques sin fondos que se han librado en los últimos meses rompe una cadena de pagos, pero también una cadena de confianza, que es esencial para que cualquier actividad pueda desarrollarse normalmente, con dignidad para todos. Nunca soluciones drásticas. Mucho diálogo. También diría que hay que buscar buena información, para tomar las mejores decisiones. En Villa María hay muy buenos profesionales que nos pueden asesorar. Sobre todo para las Pymes, porque en este escenario también hay firmas que han acumulado grandes riquezas, en desmedro del pequeño empresario, que es el gran dador de trabajo. Las estadísticas dicen que el 80% de los trabajadores se desempeña en empresas de tres, cuatro, cinco, seis empleados. Y si todo trabajador, de grandes y pequeñas compañías, estuviese en blanco, tendríamos un poco más de dinero en el bolsillo y de la gente, que va a ir y te lo va a gastar en tu mismo negocio. Es decir, algo que ya se ha dicho mucho últimamente: nadie se salva solo. Tenemos que romper el paradigma y agruparnos.
