El Centro Judicial de Mediación cumple 25 años el 9 de junio

Más de la mitad de los casos se cierra con un acuerdo

Hace un cuarto de siglo, abría sus puertas el Centro Judicial de Mediación en esta ciudad, creado por una ley provincial. Depende del Tribunal Superior de Justicia y el trabajo consiste en sentar en una mesa a dos o más partes en conflicto para buscar soluciones
domingo, 17 de mayo de 2026 · 08:14

El Poder Judicial tiene distintas formas de resolver un conflicto. En la mayoría de los casos, es a través de un juicio en el que hay una parte ganadora y la otra, obviamente, es la perdedora. Pero también tiene a disposición el Centro Judicial de Mediación, donde reciben casos con personas que tienen algún tipo de conflicto que pueden resolver hablando.

En Villa María fue creado el 9 de junio de 2001 y desde entonces funciona activamente. Hoy cuenta con una coordinadora y cuatro empleados.

“La ley establece que para cada mediación tiene que haber dos mediadores y uno de ellos tiene que ser abogado. Realizan las reuniones y las entrevistas, donde, a través de preguntas, van buscando los puntos de acuerdo que permitan encontrar una solución al conflicto”, explicó María de los Ángeles Argañaráz, coordinadora del Centro en Villa María.

Los casos provienen, por un lado, desde la Defensoría Pública, con situaciones que aún no han llegado a juicio y que versan sobre asuntos de familia.

 También desde las fiscalías o de los juzgados, que son las causas en las que ya hay un juicio iniciado. Pueden ser penal, penal juvenil, civil o familiar y ya cuentan con abogados que los representan.

Las partes en conflicto, en general, dependen mutuamente entre sí por alguna razón: un contrato, un hijo en común, un divorcio en el que hay que dividir bienes o porque hay un familiar en común que ha fallecido.

“No tratamos de ver quién tiene la razón, sino cuáles son las necesidades y la forma de satisfacerlas”, explicó la coordinadora.

Por supuesto que hay límites: si observan que hay asimetría entre una parte que renuncia a todos sus derechos y la otra, estiman que puede haber algún tipo de coacción o violencia y no continúan con la mediación. Tampoco pueden hacerla entre personas que tienen restricción de acercamiento. Nada se hace fuera del marco legal y, además, para que esté vigente el acuerdo el juez debe homologarlo.

Un dato importante para remarcar es que el tiempo en que ingresa un expediente hasta que se resuelve es mucho más acotado que en un juicio común, dado que en promedio pueden cerrar el caso tras una o dos audiencias.

-¿Los abogados están preparados para recurrir a esta herramienta de solución de conflictos?

-Si bien la ley va a cumplir 25 años, uno de los temas más difíciles fue la de cambiar la cultura del litigio para pasar a la cultura de la paz. Es uno de los temas que más nos interesa trabajar. Creemos que debe partir de la Universidad, donde hay una sola materia de métodos alternativos de resolución de conflictos. En otros países suman conocimientos duros sobre negociación y otras áreas indispensables para la mediación.

“El desafío es cambiar la cultura del litigio por la cultura de la paz”.

 

Nuevas oportunidades

En lo que va del año, ingresaron al Centro Judicial de Mediación de conflictos 197 expedientes. Resolvieron 168 (algunos venían del año anterior), de los cuales, 74 (el 54%) terminaron en acuerdo. Para lograr esos resultados, celebraron 259 audiencias; es decir, más de tres por día hábil.

De todos los hechos analizados, nos detuvimos a preguntar en los de penal juvenil, que son los que tienen como protagonistas a adolescentes de 13 a 18 años que han cometido un delito. “No siempre al damnificado le interesa venir a mediar. En esos casos, lo hacemos igual, poniendo como contraparte a la comunidad”, explicó.

Se basan en un concepto conocido como “justicia restaurativa”. “Para llegar a acuerdos, es necesario que el adolescente asuma la responsabilidad de lo que hizo y el compromiso”, dijo Argañaráz.

“Vimos que en la mayoría de los casos no tienen mucho acompañamiento de adultos para cumplir con los objetivos y por eso creamos un recursero, en el que sumamos a instituciones de la comunidad para que contengan a estos jóvenes”, agregó. Un club, una copa de leche, la escuela, todo lo que represente un espacio seguro para sostener al joven que asumió el compromiso para tener una nueva oportunidad.

En lo que va del año tuvieron 13 mediaciones del ámbito penal juvenil, y en todos los casos llegaron a un acuerdo. “En el Centro seguimos el caso por seis meses y en uno solo no pudo cumplirse acabadamente por quebrantamiento”, dijo.

 

¿Quién puede ser mediador?

En Villa María (y toda el área que abarca la cuarta circunscripción judicial) hay 50 mediadores inscriptos. Cada vez que llega un caso, los sortean para que intervengan en el proceso de lograr acuerdos.

Es importante señalar que para ser mediadores es necesario, primero, tener un título de grado, ya sea abogado, psicólogo, contador o trabajador social, por citar algunos ejemplos. Luego, debe hacer la formación específica de mediación, que se extiende por dos años, y hacer un examen aprobado por la Dirección General de Mediación de la Provincia. Y, antes de poder matricularse, también tienen que hacer horas de práctica e inscribirse en el Centro Núñez del Poder Judicial para formarse como auxiliar de la Justicia. “Son personas altamente capacitadas, acá en Villa María hay un equipo excelente”, agregó. No dependen del Centro, sino que son externos.

En definitiva, el Centro Judicial de Mediación cumple un cuarto de siglo poniendo en valor un espacio en donde las palabras sirven para comunicar, para escuchar y ponerse de acuerdo, algo que, como se sabe, es muy poco común en la actualidad.

 

Casos: días perros

Hay casos que parecen fáciles de llegar a acuerdos, pero que al final, se complican por hechos inesperados. Tal fue el de una pareja de adultos mayores que decidieron divorciarse. Parecía que no tenían nada que discutir: había acuerdo en cómo se repartían los bienes, quién vivía en la casa y además, no tenían hijos en común. El problema era que ambos amaban a los cinco perros que tenían y ninguno quería separarse de ellos. “Lo trabajamos con seriedad y establecimos un régimen comunicacional para que los dos pudieran disfrutar y cuidar a sus mascotas”.

También se dan situaciones especiales, como el caso de una persona que siendo mayor, conoció su identidad y reclamaba a su familia biológica lo que le correspondía. En la sala de reuniones del Centro, terminaron viéndose por primera vez dos “medio” hermanos que nunca se habían conocido.

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