Entre 7 y 8 personas –y varios perros– duermen en el pórtico de la Catedral, tratando de escapar por un rato del frío y la lluvia intensa

“Estamos a la buena de Dios”

Mientras el Gobierno nacional dice que bajó la pobreza, cada vez hay más gente viviendo en la calle. Y este domingo se vio en la entrada del templo villamariense, personas tratando de cobijarse del mal tiempo y las malas temperaturas, junto a varios canes callejeros
lunes, 6 de abril de 2026 · 08:13

Durante toda la noche y gran parte de la mañana de ayer,  Domingo de Pascua, la lluvia se hizo sentir en Villa María. Además, con ella llegó el frío. Una combinación que puede resultar terrible para quienes no tienen dónde vivir, sea por la razón que sea, y deben enfrentar los avatares de la intemperie, sobre todo en condiciones climatológicas adversas.

A las 11, en la Catedral Inmaculada Concepción, justo cuando estaba por comenzar la Misa de Pascua, ese frío y esa lluvia aún se sentían de manera importante. Pero quienes realmente lo sentían –y sufrían– eran las 7 u 8 personas que abarrotaban el pórtico del templo, tapados con colchas y con lo que pudieran, al igual que, por los menos, cuatro perros, que se acurrucaban junto a ellos, seguramente buscando el calor de otro cuerpo.

Esa imagen, antes de entrar a la Catedral para escuchar el rito católico que celebraría y celebró la resurrección de Cristo, no podía ni pudo pasar desapercibida para nadie, aunque para varios de las y los que entraron a la casa de Dios parece que sí; era como que no existían. Una imagen que, sin embargo, no debería de existir. Pero existe. Sin duda existe. Una imagen que se ve cada vez más en otros lugares de la ciudad.

ElDiario intentó hablar con alguna de estas personas sobre el porqué estaban durmiendo ahí, aunque se podía intuir.

Varios tenían tanto frío que ni siquiera asomaban la cabeza por debajo de las colchas. Otro prefería abrazar a uno de los perros para que le diera más calor. Alguno más prefirió el silencio. Pero otro, quizás el más desinhibido de ellos, no tuvo reparos en compartir un breve diálogo.

“Dormimos aquí porque no tenemos dónde vivir. Somos gente de la calle, y nadie nos da una mano, nada. Y bueno, los de la iglesia nos dejan dormir acá cuando no podemos hacerlo en otro lugar, sobre todo con este frío, y eso que todavía no es invierno,  encima con tanta lluvia que no para”, dijo con un tono de voz muy bajo, con poca fuerza, pero incluso con cierta sonrisa triste, Gabriel Aníbal.

Comentó que desde hace tres años vive en la calle, y varios de los que estaban en el pórtico catedralicio también. Y dijo: “Pedimos ayuda, pero no nos da bola nadie. La Municipalidad no nos ayuda, no nos quiere dar nada. Había un refugio, pero lo cerraron, el de la UOM. Pero como soy de Villa Nueva a mí no me dejaron estar ahí. También hay otro refugio, dicen, en el barrio Las Playas, pero la verdad no sé dónde está”. Consultado sobre si fue a pedir ayudar al municipio villanovense, afirmó que “sí, pero tampoco ayudan, es más, nos sacan las cosas que tenemos, las colchas y los colchones. Es como que estamos a la buena de Dios”.

 

“No tengo nada ni nadie en la vida”

Gabriel afirma que está solo en la calle porque “no tengo nada ni nadie en la vida”, y además confesó que consume estupefacientes. Sobre si ha intentado buscar ayuda sobre su dependencia a sustancias, señaló: “Sí, he buscado ayuda, pero la verdad es que no la he encontrado. Todos los que estamos acá estamos en la misma situación”. Afirmó que los religiosos de la Catedral les permiten pernoctar en el pórtico de la iglesia, algo que agradecen mucho: “Por lo menos los padres nos dejan dormir acá durante las noches.?Y ahora más, con la lluvia que ha hecho, mientras ya sentimos bastante frío. Aunque para la comida nadie nos da nada, tenemos que pedir a la gente, pero tampoco es muy fácil que te den, ahora por ejemplo nadie nos ha dado nada, nos miran con miedo”. Se le preguntó qué es lo que siente de que la gente no les ayude, que pasen y los vean como si casi no existieran, y expresó: “La gente es como tiene que ser, quizás si fuera un poco más solidaria no estaríamos así. Igual se entiende,  cada quien tiene sus problemas, pero eso sí, el Gobierno no nos ayuda en nada”.

Se le preguntó si no ha ido a alguno de los centros que existen para  intentar rehabilitarse, aunque expresó que no le ha servido porque, afirmó, “es lo mismo que acá, porque en esos lugares también hay droga adentro, la verdad que no te ayudan, es como que se complica más la situación”, y añadió que sí, tiene familia, “pero tampoco me dan una mano, ellos hacen su vida”. “Acá somos entre 7 y 8 personas todas las noches, más los perros que ves (uno de ellos, de hecho,  entró a la Catedral minutos antes y se dirigió al centro del altar donde se sentó, miró hacia Jesús, casi como rezando, y luego se recostó ahí durante toda la misa); hace dos años que dormimos todos  aquí”,  y cuestionando sobre lo que harán cuando venga el frío en serio, indicó: “Y acá nos quedaremos. Yo quisiera salir de esta situación, pero necesitamos una mano, en serio. Tengo 46 años y sobrevivo pidiendo en la calle como hacemos todos. Ojalá realmente nos pudieran ayudar a salir de esto”.

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