Malvinas - La carta que no se pudo leer
“La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad”
El padre Bustamante, presbítero de la Diócesis local, deja un mensaje importante, que se había preparado para la vigilia que finalmente se suspendió por mal tiempoMensaje escrito para la vigilia por Malvinas:
Providencialmente, participamos de esta vigilia en la Semana Santa. Cristo es nuestra paz, el vencedor del pecado y la muerte, el que nos dice que morir no es para siempre, que morir se pasa y se pasa a la vida eterna en la que, creemos, están descansando nuestros héroes fallecidos.
En este contexto, decimos que:
Conmemorar el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas es una ocasión para volver a reafirmar que el conflicto es una parte oscura de la historia argentina que solo adquiere luz desde el coraje y la valentía de los que lucharon allí, tanto los que descansan en tierra y aguas propias como los que volvieron.
También es ocasión para volver a gritar que toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado. Que la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal.
Tomemos contacto con las heridas, toquemos la carne de los sobrevivientes. Volvamos a contemplar a los masacrados, a los mutilados. Preguntemos a las víctimas. Prestemos atención a las mujeres que perdieron sus hijos, prestemos atención a la verdad de esas víctimas de la violencia, miremos la realidad desde sus ojos y escuchemos sus relatos con el corazón abierto. (A veces tengo la sensación de que hacemos discursos de ocasión sobre ellos, pero nunca desde ellos). Así podremos reconocer el abismo del mal en el corazón de la guerra y no nos perturbará que nos traten de ingenuos por elegir la paz, por elegir tener siempre la mano extendida y nunca el puño cerrado, por reconocer siempre que el abrazo es más razonable que el insulto, por seguir creyendo que el enemigo es un amigo mal conocido. Qué tristeza nos causa ver cómo en nuestra Patria se ha naturalizado el insulto, la agresión verbal, incluso en nuestra dirigencia, que tendrían que dar testimonio de sabiduría, de mesura, de honestidad.
Herida abierta
En nuestra Patria hay una herida abierta que sigue sangrando en el dolor de las madres y otros familiares que comparten con orgullo la gloria de los que ofrendaron su vida. El drama de los que lucharon y volvieron de Malvinas, el drama de quienes se suicidaron tiene que ser nuestro drama porque nos pone delante de nuestra indiferencia y desamor de años. Nuestro estilo de vida exitista rechaza el fracaso, lo desvaloriza o lo esconde; no se deja enseñar por el fracaso. Esa indiferencia, ese desamor, ese mirarlos derrotados, ese enviar a los sobrevivientes a sus casas de noche escondidos, fue la vergonzosa reacción de gran parte de la sociedad y no solo del Estado. Tuvieron que pasar, lamentablemente, años para que se los reconociera y valorara, para que se los mirara.
Es de buen argentino reconocer la valentía, tanto de los que cayeron en esa guerra como de los que murieron después a causa del silencio y la indolencia de la sociedad, o de los que sobrevivieron y hoy son testigos vivos de esa gesta. Todavía existe una ‘deuda histórica’, que solo será saldada cuando cada 2 de abril sea motivo de reflexión, de afirmación de la identidad nacional, de trabajo por la paz y la amistad social; solo así la sangre de los 649 caídos no habrá sido derramada en vano.
Oramos, además, por sus parientes y familiares, que los seguirán llorando y añorando.
Honramos a los excombatientes aquí presentes y no olvidamos a los ausentes. Ellos nos ayudan a mantener en alto los ideales de recuperación de estas islas y los objetivos de nuestros justos reclamos de soberanía.
Elevamos nuestra oración a Dios para que su sangre derramada en las islas, para que muchas de sus vidas truncadas en el regreso, haga que se nos caiga la cara de vergüenza a quienes tenemos en el presente la grave responsabilidad de aportar a la realización común de la Patria, y muchas veces nos quedamos enredados en la telaraña del chiquitaje de nuestros enfrentamientos, de la búsqueda desenfrenada de nuestros oscuros intereses personales, de la corrupción, que hipotecan un futuro de desarrollo para todos y que hace que los pueblos se derrumben para su vergüenza y dolor.
Dan ganas de preguntarnos: ¿qué nos pasa, qué nos ha pasado como Nación? ¿Cómo nos invadió la pandemia de mediocridad intelectual? ¿Qué pobreza espiritual nos arrasó? ¿Qué ambiciones personales y corruptas nos devastaron? No fue un virus, fuimos nosotros. Estamos como estamos porque somos como somos.
Al mirar la sangre entregada de nuestros héroes, no hay derecho a que en nuestra Patria estemos como estamos. Pareciera que con el Martín Fierro tuviéramos que volver a decirnos: “Tiene el gaucho que aguantar hasta que lo trague el hoyo o hasta que venga algún criollo en esta tierra a mandar” (Martín Fierro, cap. 12, 358).
Nuestros héroes de Malvinas nos invitan a decir sí a la fraternidad social, sí a la entrega generosa y patriota, sí a la vida honesta, sí al respeto de toda vida, sí al cuidado de los frágiles, sí al trabajo, sí al esfuerzo compartido, sí a la dedicación. No a la violencia, no a la agresión social, no a la desidia, no a la vagancia, no a la red clientelista, no a la corrupción.
Escuchemos el llamado que nos hizo el Domingo de Ramos el Papa León XIV: “Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la Paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: ‘Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!’ (Is 1,15).
Al mirarlo a Él, que fue crucificado por nosotros, vemos a los crucificados de la humanidad. En sus llagas vemos las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy. En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. Y, sobre todo, escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra.
Cristo, Rey de la Paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡Recordemos que somos hermanos!!!!!!!!!”
Argentina, levántate y camina.
Oración
Jesucristo, Señor, Dios de la historia, te rogamos que brindes el descanso eterno a los héroes que custodian nuestras Islas Malvinas.
Te rogamos que traigas paz y el justo reconocimiento a todos los veteranos que sufren por las consecuencias de la guerra y el abandono.
Calma el dolor de aquellas familias que perdieron a sus seres queridos.
Protege a la familia de los que han vuelto, dales fortaleza para continuar en el camino de la vida.
Bendice a cada veterano de guerra.
Perdona nuestro desamor e indiferencia.
Perdona la naturalización de la agresión.
Que María, Nuestra Señora de Luján, madre del pueblo argentino, siempre caminando al pie de las cruces de su pueblo, abrace en el cielo a nuestros héroes difuntos, dé consuelo a sus familias, fortalezca a los excombatientes, cure sus heridas, y a todos los argentinos nos dé la valentía de servir a nuestra Patria con desapego de intereses personales, generosidad y honesto patriotismo. Amén.
Pbro. Alberto Bustamante Vicario general
