César Reano, el hombre que enseña con experiencia de mameluco puesto

“La esperanza está en las manos y en saber un oficio”

Profesor de Procesos Constructivos en el IPET 49 y carpintero ebanista, pasa su vida entre el taller de su casa y la escuela. Habló de la salida laboral de los egresados en un mundo marcado por la IA y el “home office”
jueves, 30 de abril de 2026 · 09:21

Escribe: Iván Wielikosielek
ESPECIAL PARA EL DIARIO

“¿Me vas a entrevistar a mí para el Día del Trabajo? ¿Te parece? Mirá que hay muchos mejores carpinteros que yo, y muchos mejores maestros en esta escuela también, ¿eh?”, me dice César. Le digo que eso no importa, que quiero hablar de docencia y oficio en una misma persona, ese “anfibio” en el que muchos se han convertido por necesidad. “Pero también hay muchos que son mejores que yo…”, me refuta con humildad. Y yo le digo que lo siento, que me lo han recomendado expresamente por su talento, amor a la escuela y su hombría de bien. Y horas después estoy en su taller, la carpintería más occidental de la ciudad, en la última cuadra de barrio Carrillo.

“Esta es mi segunda casa -me dice-, así que cuando mi mujer me echa, me vengo acá… Y vengo bastante seguido (risas)… Pero no porque ella me eche, sino porque estoy trabajando en la carpintería cada vez más tiempo…”

-¿Debido a los bajos sueldos?

-Sí, claro… Mirá, desde que me recibí de carpintero ebanista, hace treinta años, mi prioridad ha sido siempre la docencia. Pero hoy no conozco un solo docente, varón o mujer, que no tenga un laburito extra para llegar a fin de mes. El que no tiene un taller, vende ropa o vende Avón, o produce algo. Muchos, incluso, dejan horas del colegio para dedicarse más al emprendimiento. Y nosotros, los cuatro carpinteros de la especialidad, tenemos el taller. Y hoy estoy apostando cada día más a esto…

-¿Cuáles son los trabajos que más te piden?

-De todo lo que te puedas imaginar… Pero como yo no estoy a tiempo completo, agarro trabajos chicos, básicamente de mantenimiento; arreglos de puertas, amoblamientos de cocina, aberturas a medida… Y trato de cumplir cien por cien con todos…

 

Colegios que forman para la vida

-¿Cómo empezaste con la carpintería?

-Mi papá era carpintero y docente en la Escuela del Trabajo, así que él fue mi maestro adentro y afuera de la escuela. Mi viejo estuvo 33 años en el colegio, pero cuando yo egresé, me recibí de profesor de Educación Física. Al poco tiempo, él muere y yo heredo sus máquinas, estas que ves acá… -y César me señala el taller, con orgullosa melancolía-. Así que me puse la carpintería en el barrio…

-Hubo un tiempo en que la especialidad estuvo cerrada…

-Sí, eso fue en el año 98, cuando cambió el plan de estudio. Pero en el colegio, y gracias a algunos docentes, se logró sostener el taller y conservar las máquinas. Cuando diez años después la especialidad volvió, la pudimos abrir sin problemas. Hoy no se llama más “Carpintería”, sino “Técnico en Industrialización de la Madera y el Mueble”. Y somos cuatro profes los que la llevamos adelante; Ezequiel, Javier, Pablo y yo…

-Contame cómo está hoy la especialidad…

-Se está trabajando muy bien, y al ser los profes exalumnos del IPET, cuidamos y mantenemos el taller limpio y ordenado. Hay líneas de trabajo muy claras. Yo doy “Procesos Constructivos”, que es la parte del taller; después está “Diseño”, que es dibujo y programas, y “Máquinas y Herramientas”, que es mantenimiento.

-¿Cómo son esos cuatro años de taller?

-La especialidad arranca en Cuarto año y se empieza de cero, enseñando lo que es la madera, las pequeñas herramientas y las máquinas. A partir de la construcción de un taburete, se les enseña a los chicos todo el proceso; desde hacer un croquis, a tomar medidas y marcar tablas. Pero también a usar la garlopa, la sierra sin fin y la cepilladora… En Cuarto año, además del taburete, hacen un perchero de pie, que es mucho más complicado. En Quinto hacen una mesa tipo escritorio, con cajones, toda de madera maciza, y el mantenimiento de la escuela. De hecho, ya estamos cambiando todas las puertas… En Sexto y en Séptimo ya se ven trabajos en melamina y aberturas.

-¿Cuál es el objetivo final?

-Que nuestros alumnos salgan no solo técnicos, sino también que tengan todos los elementos para estar a cargo de una miniempresa. Por eso, en Séptimo año, los chicos hacen pasantías y presentan proyectos. El año pasado, algunos investigaron para hacer casas con bloques de madera, como en las sierras. Otros pensaron gabinetes para el colegio. Pero al proyecto lo tienen que presentar con las posibles estrategias de venta, pensando directamente como una pyme.

-Contame de las pasantías…

-Por suerte, la mayoría de los chicos que hacen pasantías se quedan trabajando; ya sea en Trevisan, Negrete o Colombano… Otros, al recibirse, se ponen la carpintería propia... Además, hay varias chicas que eligen nuestra especialidad. Hace dos años egresó la primera “carpintera” en casi cien años de historia de colegio. Y fue un gran orgullo para nosotros…

-¿Qué le dicen a los chicos sobre el mundo del trabajo?

-Nuestro mensaje es que sigan estudiando, que con la carpintería no se termina todo. Pero también les decimos que un oficio siempre les dará la posibilidad de trabajar; que se pueden defender con sus manos y una simple valijita de herramientas. Hay muchas carpinterías en la ciudad, pero, por suerte, trabajamos todos.

-¿Cuál es la importancia de la escuela técnica en tiempos de IA?

-La escuela técnica es muy necesaria, incluso en tiempos de la IA. Siempre hacen falta obreros especializados. El avance tecnológico me encanta, y animo a los chicos a que se actualicen, pero en la vida diaria, siempre se necesita del trabajo manual. Les decimos que la esperanza está en las manos y en saber un oficio… Y a ellos les sobran las manos y el entusiasmo.