Cristina López trabaja de lo que pocos hacen en la ciudad y su hijo sigue el legado
“El papel sigue siendo un respaldo”
Desde 1993, la vecina lleva adelante “Intonso”, uno de los pocos talleres de encuadernación y restauración de libros en la ciudad. Habló de un oficio con mucha más vigencia de lo que la tecnología haría suponer“No, este no es un oficio en extinción… -me dice Cristina en una gélida mañana de abril, aún nublada-. Si bien hay épocas en que se encuaderna más que otras, muchas de las nuevas tendencias tienen que ver directamente con esto. Hay muchas chicas nuevas que están encuadernando también, porque este es un oficio muy amplio…”
-¿Chicas que se dedican a los libros como vos?
-No, pero por eso te decía que esto es muy amplio… Ellas hacen cosas de papelería artesanal a demanda; como agendas, libretas o cuadernos… Yo, en cambio, que trabajo desde los quince años en este rubro, siempre me metí en lo más clásico, que es la restauración y el arreglo de libros. Pero hago de todo y para todos los clientes…
-Muchos de esos clientes son de la parte pública, ¿no?
-Sí, porque hacemos encuadernación comercial y trabajamos mucho con bibliotecas y escuelas encuadernando diarios y fascículos. El trabajo de hemeroteca es muy importante. Hicimos muchos trabajos para la Medioteca y para elDiario. Y a la Biblioteca Rivadavia le encuadernamos varios ejemplares del periódico “El Heraldo”, que salía en los años treinta...
-¿Y ese montón de carpetas que estás prensando ahí?
-Eso que ves ahí es media escribanía (risas)… ¡De verdad! En este momento estamos trabajando mucho con los escribanos porque tienen que entregar los protocolos y las intervenciones para enviarlas al archivo provincial. A eso aún no lo digitalizaron. Pero, aunque lo hagan, es muy probable que lo sigan guardando en formato libro… El papel sigue siendo el gran respaldo de todo…
Biblias de cada día
-¿Qué pasa con los clientes que vienen a restaurar libros?
-Eso ha disminuido considerablemente en los últimos años. Había empezado tras la pandemia, pero no repuntó todavía. Y en los últimos tres o cuatro años, la gente ya casi no destina dinero a restaurar libros, aunque cada tanto aparece alguno.
-Dame un ejemplo…
-Por ejemplo, es muy común que me traigan Biblias todo el tiempo. ¿Las ves?, -y Cristina me señala un montón de libros como una pila de ladrillos-. Hay gente que la usa muchísimo y la trae a restaurar. No la tiran ni la cambian, ya sea porque es un libro caro o porque la tienen subrayada. También tengo varios libros antiguos que me han traído chicos jóvenes… Se ve que han revisado la biblioteca de sus padres o abuelos y han rescatado cosas que no están dispuestos a tirar.
-¿Por qué se están tirando o descartando tantos libros?
-Se debe a que hay muchas casas que, en otro tiempo, han tenido mucho espacio. Y los libros eran muy necesarios cuando no teníamos el acceso a la información de ahora. Pero cuando los dueños murieron, a esas casas hubo que venderlas, subdividirlas o vaciarlas. Y los libros empezaron a sobrar... Hoy, los ambientes de las casas se han reducido muchísimo. Pero siempre que nos sentemos tranquilos, además del teléfono, vamos a tener a mano un libro…
-Hace poco regalabas ejemplares encontrados en la calle...
-Sí, porque ni yo ni mis hijos podemos dejar un libro tirado en la vereda… Y a esos que decís vos, los habíamos rescatado… Hay un chico que trabaja en una cadetería y que cada tanto viene a arreglar sus libros. Son novelas que se encuentra tiradas en la calle todos los días. Y como es un gran lector, siempre me trae sus hallazgos…
-Contame sobre de la otra mitad de “Intonso”…
-Desde hace 12 años, mi hijo Martín está trabajando conmigo... Él hace todo menos arreglar libros (risas). Lamentablemente, mi compañera Mirta dejó de venir después de la pandemia, y eso cambió muchísimo el ritmo del taller. Así que ahora estamos con Martín acá; y en el local del lado está mi hija Virginia, fabricando cuadernos y libretas artesanales. Ella está en las redes, pero su taller físico es al lado… Como ves, este es un emprendimiento familiar total…
Y entonces Martín me cuenta su historia: “Me recibí de diseñador industrial en Córdoba, pero cuando decidí volver a Villa María no conseguía trabajo. Hasta que ella me ofreció estar acá, aprendiendo el oficio... Lo bueno es que puedo poner mi inventiva en las máquinas, ya sea en el desarrollo o en el mantenimiento. Y eso es lo que más me gusta…”
Y si de máquinas se trata, el taller de Cristina está plagado de maravillas; prensas y guillotinas de acero fundido como en la Edad Media.
“Yo también había empezado en Córdoba la carrera de Encuadernación y Conservación de Libros -comenta Cristina-, pero como había que viajar se me hacía inviable con el taller y los chicos… Por suerte pude hacer un montón de cursos on line…”.
-La última pregunta, Cristina. ¿Qué se hace cuando se encuentra un libro antiguo?
-Lo primero es agarrar un pincel y limpiarlo suavemente, sacarle el polvo y todo lo que se pueda, desde hongos hasta manchas. Después hay que dejarlo ventilar, pero sin que le dé la luz del sol. Y si vas a pegar algo, que sea con muy poca plasticola, porque es uno de los pocos materiales removibles. Lo que no hay que hacer es pegar las hojas con cinta adhesiva, scotch o aisladora, porque el pegamento genera un óxido que mancha la hoja y no sale… Y por último, si al libro lo querés mucho, lo traés a Intonso, en calle Antonio Sobral… Con Martín lo vamos a tratar como a un hijo más.
Y madre e hijo posan para la foto junto a todos los “hijos” restaurados, con el primer sol de la mañana.
