Manuela Solá y el oficio de cuidar a los abuelos

Cuando el trabajo se vuelve entrega

Nacida como un emprendimiento familiar, la residencia alberga a 23 adultos mayores de ambos sexos. Allí, bajo supervisión a tiempo completo, comparten actividades y generan vínculos. Una de las gestoras habló delproyecto
jueves, 30 de abril de 2026 · 09:15

Habría que empezar diciendo que la Residencia Solá no se parece a ninguna, sobre todo por su génesis, ya que, al decir de Manuela Solá, “esto nace como un proyecto familiar a partir de una enfermedad prolongada de nuestro padre, el doctor Enrique ‘Gallego’ Solá. En un primer momento, él estuvo en una residencia. Pero luego volvió a su casa porque no encontramos un formato que nos representara. Entonces, entre los miembros de la familia, y con el apoyo de amigos, armamos un proyecto de lo que creíamos debía ser una residencia geriátrica”.

Parte del equipo de cuidadoras: Natalia, Nadia, Ivana y Jaquelina

-Y ese proyecto fue innovador, incluso en el diseño, ¿no?

-Sí, porque la mirada arquitectónica formó parte del proceso. Entendimos que el diseño del espacio era una parte fundamental del cuidado. De hecho, nos propusimos limpiar el fantasma de la palabra “geriátrico” para transmitir tranquilidad y confianza. Y en 2019 abrimos las puertas, con 10 camas, apostando a crear un lugar diferente.

-¿Y cómo es el Solá puertas adentro?

-Somos una residencia mixta y de puertas abiertas. Hoy contamos con 23 residentes, entre hombres y mujeres. No tenemos horarios rígidos de visita y los familiares pueden ingresar de acuerdo a su disponibilidad. Continuamos generando proyectos y trabajando en la adaptación de los espacios, así como en la variación de talleres y en la alimentación diaria, junto a un equipo de nutricionistas. Y, lo más importante, acompañamos las necesidades de los residentes.

-¿Qué dirías del trabajo que realizan?

-El trabajo en una residencia de larga estadía es una actividad continua, son las 24 horas todos los días del año. Acá se pasa Navidad, Año Nuevo, feriados, cumpleaños... Esto requiere un compromiso permanente de todo el equipo.

-¿Qué es para ustedes un cuidador?

-El cuidador de atención directa tiene un rol central, con una dedicación especial que requiere vocación, empatía y capacidad de trabajo en equipo. No es solo una tarea técnica, sino profundamente humana. Las cuidadoras son las que están en el día a día, acompañando, observando y respondiendo a las necesidades de cada persona, porque cada residente es distinto.

-A la vocación de servicio le suman capacitación…

-Sí, porque nos hemos formado en gestión de residencias en la UNVM y en la Unión Argentina de Prestadores de Servicios Gerontológicos. También impulsamos la formación de cuidadores en el Politécnico de Córdoba. Creemos que la profesionalización del sector permite su crecimiento y revalorización. Este es un trabajo exigente, pero también muy valioso. Implica estar presentes todos los días y entender que del otro lado hay personas y familias que confían en nosotros.

 

Nadia y la vocación por cuidar

Pese a su juventud, Nadia Rocha es una de las cuidadoras con mayor antigüedad en el geriátrico. Y así relata sus inicios: “Arranqué en septiembre de 2020, en plena pandemia. Mi hermana Fernanda, que ya trabajaba acá, me dijo que necesitaban personal y presenté mi currículum. Jamás había trabajado en el área, así que arranqué sin saber cambiar ni un pañal. Sin embargo, con el tiempo, me fui afianzando. Este es un trabajo que me gusta mucho. El año pasado hicimos un curso de auxiliar gerontológico y pude confirmar mi vocación, además de aprender un montón de cosas nuevas”.

-Para muchos, no sería nada fácil trabajar acá…

-Totalmente. Y de hecho, muchos me lo dicen. Pero yo les contesto que esto te tiene que gustar y que hay que tener mucha paciencia. Entiendo que es difícil tratar con personas que muchas veces padecen alguna demencia o te preguntan mil veces lo mismo. Pero yo hago mi trabajo con paciencia y con amor. Si no, no podría...

-¿El secreto de tu vocación?

-Saber cuidarte a vos para luego poder cuidar a los demás… Por eso, entre otras cosas, me hace tan bien venir a trabajar acá... Yo tengo mis problemas personales, como todo el mundo, pero el geriátrico es mi cable a tierra. Sé que tengo que estar bien para poder atenderlos a ellos como se merecen. Y eso me obliga a no dejarme estar.

-¿Cómo es un día de trabajo con los residentes?

-No es solamente levantarlos, higienizarlos y sentarlos a tomar el desayuno como algunos piensan… Es estar pendientes de lo que ellos necesitan, curar escaras a los que están con pañal o tienen poca movilidad, ayudarlos a caminar y alentarlos para que no se caigan anímicamente. Y también es establecer vínculos, ser un nexo permanente entre ellos y los familiares… Cada vez que salgo del geriátrico me vuelvo a casa contenta… Siento que hice algo por los demás, pero que también lo hice por mí.