Abriendo paso a las buenas noticias

Algo extraordinario pasa en Las Playas y convendría que tomásemos nota

De la pollada solidaria récord de febrero, que se viralizó a través de las redes sociales y alcanzó miles de likes, hasta la increíble unión de corazones y banderas que parecían irreconciliables
lunes, 27 de abril de 2026 · 08:30

El público se renueva, como suele decir la señora de la TV, por lo que me atrevo a recordar que lo que hoy conocemos como barrio Las Playas fue una pedanía, es decir, un núcleo urbano separado, aunque dependiente administrativamente de la Municipalidad de Villa María. Es más, si hoy mismo alguien ingresa en la página de Unidades Territoriales del Estado nacional, encontrará la “localidad Las Playas” y hasta sus coordenadas (-32.418079376 y -63.209281921).

Tan separado estaba del resto de la Villa, tanto campo intermediaba, que existía un tren que unía aquel caserío con el centro de la ciudad: el Trencito de Las Playas, que todavía circula por las vías del recuerdo de los más longevos.

Que se tiraran a la parrilla ¡780 pollos! para ayudar a un vecino que muy enfermo y que surgiera el “todos para uno…” puede ocurrir en cualquier lado, por aquello de que “la solidaridad es la ternura de los pueblos”. Que la misa central en conmemoración del Papa Francisco, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento, se realizase en la Capilla del Sagrado Corazón, en el barrio, no es un dato menor…

 

Traspasar un límite

Pero en aquella pedanía, que tantas veces apareció en las páginas dedicadas a los temas policiales, como menospreciada por nosotros, los medios, están pasando cosas lindas y también merecen ser contadas. Resulta que Las Playas estuvo históricamente dividida por un límite que nadie, absolutamente nadie, se atrevió a traspasar por décadas: de la plaza hacia las vías, todos de San Lorenzo. De la plaza hacia la ruta 9, todos de Juniors. Hasta que apareció el Loco Tito, también llamado Jonathan Aguirre, director técnico del primer equipo de San Lorenzo, que juega en la B de la Liga Villamariense.

“Mi viejo, el Zapatucho, era de Juniors a morir. Murió sin pisar jamás el San Lorenzo. Y como la juventud estaba en el San Lorenzo, yo me fui con los jóvenes. Era lo único que nos dividía, porque yo también juré que no entraría jamás a Juniors”, le dice Tito al cronista de elDiario.

-Pero ahora sos el bufetero de Juniors…

-Yo era el que hacía los asados en el Desagüe y un día aparecen los de la Comisión de Juniors y me piden que me haga cargo. Yo lo hablé con mi mujer y enseguida coincidimos: era mi viejo que desde arriba me preguntaba cuánto lo quería; era él quien me lanzaba en desafío. Y fui…

-¿Hace cuánto?

-Un año y medio.

-¿Y es verdad que los jugadores de San Lorenzo vienen después de entrenar al Juniors a comer o tomar algo?

-Sí. Me siguen. Y se ponen en unas mesas, mientras que en las otras están los jugadores de Juniors, que tiene equipos en las categorías Senior y Maxi Senior de la Asociación de Fútbol Comercial. Bromean de una mesa a la otra, y si se pasan un poco, saco la tarjeta amarilla. Primero, el respeto, como en la cancha. Y te digo más, cuando con San Lorenzo jugamos un viernes o un sábado, me tomo el domingo para la familia y les cierro el bufet. Entonces empiezan a caminar para el San Lorenzo para “vermutear” allá. Y nos encontramos allá. No pasó nunca, nunca, eso. Los otros días uno de los más mayores me dijo: “Loco, solo vos sos capaz de conseguir esto”. Y me alegró la vida. Fue como un abrazo de mi viejo, el Zapatucho.

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