Las calles
Christian Matcovich: la calle del Polaco
El nombre de la calle fue impuesto por Ordenanza Nº 7.394, con fecha 28 de marzo de 2019, durante la Intendencia de Martín GillChristian Matcovitch Telgarecz nació en Villa María el 16 de abril de 1984.
Era hijo de Víctor Hugo Matcovich y de Silvina Telgarecz, quienes, además, eran padres de Irina.
A sus estudios primarios y secundarios los realizó en el Instituto del Rosario.
Oportunamente, elDiario, en su Suplemento Deportivo, publicaba lo siguiente: Christian formó parte de una familia identificada con el rugby del Jockey Club. En septiembre de 2009, cuando el Hípico se quedó con aquella final frente a La Tablada por 12 a 10, en el estadio Córdoba (hoy Mario Kempes), el Polaquito jugó aquel partido ingresando por Francisco Massanet. En esa campaña formó parte del plantel que consiguió el título y aportó dos tries a lo largo del campeonato.
Tras aquella memorable jornada, Horacio Nonis, integrante del cuerpo técnico campeón, le había contado a elDiario una anécdota que dejaba en claro el sentimiento hípico y lo que representa el apellido Matcovich para la entidad: “Cuando logramos el primer ascenso fue ante Colegio Taborín, al que le ganamos 12 a 10 en cancha de ellos. El autor de uno de los tries fue Víctor Matcovich (papá de Christian). Tiempo después, precisamente el 12 de setiembre de 2009, logramos el primer título de primera y ganamos 12 a 10, y en el equipo estaba Christian, el hijo del Polaco mayor”.
Al rugby llegó casi por herencia genética y desde muy chico se vinculó al Jockey, donde su padre fue jugador, entrenador y dirigente; y su abuelo, un destacado dirigente del Club Alumni. Precisamente, integrando el “bloque juvenil”, Víctor fue su entrenador.
Christian Matcovich jugó al rugby hasta el 2012 y sumó dos finales (subcampeón en 2008 y campeón en 2009); además, fue tercero en 2006. También algunos registros deportivos recuerdan que participó, posteriormente, de alguna prueba de triatlón.
Luego trabajó en el Banco Galicia, donde, según testimonios, también cosechó un sinnúmero de amigos entre los compañeros de trabajo y los mismos clientes de la entidad bancaria.
elDiario en las calles dialogó con Pablo Matcovich, primo del Polaquito, quien comentó: “Era un ser maravilloso, un ser especial, en un tiempo yo tuve un cyber y él trabaja conmigo, y allí, la gente, los clientes que concurrían al local, preguntaban por él cuando no estaba, era increíble la cantidad de amigos que se hacía, preguntaban siempre por él”.
“Cuando trabajábamos en el banco juntos y salíamos a almorzar, saludaba a los limpiavidrios y les daba algo cuando podía, siempre trataba a todos por igual, una vez le pregunté por qué, si en realidad era el Estado quien debía ayudarlos, y me dijo: cuando espero en el semáforo, no puedo mirar para otro lado... En su vida llevó naturalmente los valores que de chico le enseñaron en rugby, respeto total hacia los demás, compromiso con lo que hacés, ir siempre para adelante, ser solidario con el de al lado y mirar siempre de frente. Nunca hablaba de personas, hablaba de ideas”, concluía Pablo.
Por su parate, Marcelo Telgarecz, tío y padrino de Christian, lo recuerda así: “Tata, como le decía, era un fuera de serie, un ser muy cariñoso, que todo el tiempo abrazaba y te besaba, muy familiero, lo recuerdo con mucho amor”. “Solíamos ir a pescar con familiares y en un momento dado, cuando el abuelo se dormía, salíamos con la lámpara de carburo a ver dorados y sábalos, y entre medio se nos aparecían cascabeles y yararás, Christian, como buen amante y respetuoso de la naturaleza que era, tampoco le hacía nada y seguíamos”, agregó. Y remarcó: “Compartí mucho con él, desde buscarlo de chiquito a la escuela como ir de grande a toda carreras de autos y motos que pudiéramos. Le gustaba también tocar la guitarra”.
“Vivió la vida como si supiera que la misma se le iba a terminar pronto. A la vez, solidario como era, ayudaba en merenderos y, cuando él ya no estuvo más con nosotros, su labor en esos centros de ayuda es continuada por sus padres y su hermana Irina”, concluyó Marcelo.
Antes de su partida, el Polaquito estuvo un par de días internado en una clínica local, pero varios de sus amigos contaron una anécdota que dejaba en claro su forma de ser: antes de llegar a la clínica, pidió caminar alrededor del Polideportivo. Este guerrero (como muchos lo definieron), presintiendo su final, quiso dar una vuelta por la pista antes de internarse.
El Polaquito falleció el 22 de julio de 2018 en nuestra ciudad.
Tras su muerte, el Jockey Club designó a uno de sus nuevos salones de la institución con el nombre de Christian “Polaco” Matcovich Telgarecz.
Polaquito fotógrafo
Cuando a Christian le descubrieron la enfermedad que finalmente lo doblegaría, renunció al rugby y se dedicó a otra de sus pasiones, la fotografía.
En algún momento hasta pudo unir sus dos pasiones, ya que fue uno de los fotógrafos que estuvieron en uno de los clásicos villamarienses, debido a que era fotógrafo deportivo, aunque también desempeñaba la actividad en el ámbito social.
En cada lugar del mundo que visitaba aprovechaba para registrar una “imagen mágica”, y buscaba durante algunos minutos el momento preciso de disparar su cámara. A veces se pasaba varios minutos buscando el mejor lugar para encontrar la mejor imagen, lo que pensaba a representar.
Cuando el exboxeador Sergio “Maravilla” Martínez estaba de paso por la ciudad, el Polaquito aprovechó para hacerle una sesión de fotos. A algunas de sus producciones las compartía en sus redes sociales y en distintas páginas de fotografía.
