Celebró su cumple 100, rodeada de su familia
Carmen, otra vecina centenaria
El festejo de Carmen Álvarez Santamarina se llevó a cabo en un salón de fiestas villanovense, donde estuvieron sus tres hijos, sus 14 nietos, una gran cantidad de bisnietos y amigos. Y en el centro de todo, una mujer muy sonriente sopló las velitas por haber cumplido diez décadas de hermosa vidaUn siglo, o simplemente 100 años, caben en la historia misma: hubo una guerra que duró todo ese tiempo; hay quienes en un libro maravilloso lo vivieron en soledad; esa cantidad de tiempo puede tener la forma de un puente de latidos que pueden unir dos siglos entre sí; y solo en el siglo XX, la civilización cambió más en menos tiempo que durante en toda la existencia de la humanidad.
Y sí, un siglo, 100 años, son precisamente los que cumplió Carmen Álvarez Santamarina el 10 de abril, quien nació en 1926 en Castrelo do Val (norte de Galicia), España, pero que desde hace más de 70 años vive acá, donde es una villamariense más, y muy bien conocida por propios y extraños.
La historia de su vida da para escribir un libro, quizás una bella novela, de acuerdo a lo que cuenta sobre ella Juan Antonio Sabariz, su segundo hijo, quien relató cómo y por qué Carmen y su esposo, ambos gallegos, quienes se casaron allá y tuvieran una hija antes de llegar acá, terminaron haciendo su vida en esta ciudad que ha abrazado a tantas y tantos inmigrantes haciéndolos suyos y ser parte intrínseca de su historia.
“Mi padre, Manuel Sabariz Varela, se dedicaba al campo en Galicia. Y a los tres años de casado con mi madre, y con una hija, mi hermana María Luisa, deciden irse a Uruguay. En ese tiempo tenías que estar apadrinado por alguien para poder venir. Y un amigo que lo iba a hacer y que tenía todos los papeles ya para viajar se asustó, y mis papás tomaron su lugar y se vinieron. El tema es que estuvieron pocos años en la Banda Oriental, donde yo nací, porque mi papá quería venir a la Argentina”, contó.
Rosario quedaba cerca
Juan Antonio señaló que su papá tenía una hermana en Rosario. Así que se vino a probar suerte junto con él, y entraron de contrabando, y comenzó a trabajar en los mercados de abastos. Aquel es un capítulo aparte de su vida. Finalmente, después de un tiempo, no solo pudo traer a Carmen y a su hija, sino arreglar los papeles y estar legalizados en el país. Cabe decir que el hijo menor de su mamá, Amílcar, ya nació en la Argentina.
“Yo tenía 2 años. Y me acuerdo que mi papá nos subió a una lancha, y de ahí a un pequeño avión junto al río Uruguay. Estuvimos unos años ilegales, medio escondidos. Incluso cada dos por tres mi tía me escondía dentro de un colchón de resortes en su casa para que no nos deportaran. De hecho, Interpol nos estuvo buscando, ya que mi papá, para que la gente de Uruguay no le pareciera raro que yo había desaparecido junto con él, le dijo a Carmen, mi mamá, que denunciara que su esposo se había ido con mi hijo, todo arreglado entre ellos obvio, algo así como de película, porque si no hubiera parecido raro que ella había hecho desaparecer a su esposo e hijo, imaginate”, detalló.
Destino final: Villa María
Finalmente, tras solucionar todo el tema de la papelería y estar ya legalizados en el país, como cuenta Juan Antonio, llegaron todos juntos a Villa María.
“Todo fue gracias a un hombre que vendía bananas en Rosario, también originario del pueblo de mis padres, que le dijo que se fuera a Villa María a venderlas, y que se las daba en principio fiadas. Él comenzó como ‘changarín’, mientras mi mamá se dedicaba a cuidarnos, pero finalmente tuvo un puesto en el Mercado de Abasto de Villa María. Primero lo hizo en el Mercado Colón, donde luego estuvo el Salón de los Deportes, y luego en el actual, donde fue fundador y accionista, y en el que trabajó hasta su muerte con 73 años, así que mi mamá quedó viuda hace 27 años”.
Una mujer incansable
Sobre Carmen contó que “siempre fue ama de casa”, y le gustaba y le gusta hacer de todo, “era y es muy polifacética, y una mujer independiente, que disfrutó de la vida y de criarnos porque gracias a Dios tenía y tiene un buen pasar. Además, le encantaba viajar y pasear mucho. Mi mamá está muy bien, lúcida y sin problemas, claro, con su vagón de pastillas que tiene que tomar, pero la verdad que bastante bien, y siempre sonriendo”.
“Mi mamá siempre fue muy buena administradora de los ahorros que hicieron junto con mi papá además de las jubilaciones de él y de ella que recibe. Nadie le enseñó cómo hacerlo, lo hizo sola, muy hábil para todo eso de los números, y hasta construyó un par de casas en la ciudad. Primero nos afincamos en Villa Nueva, pero desde 1978 vivimos en una casa en calle Lisandro de la Torre, frente al Centro Vasco, donde aún sigue viviendo ella, feliz y con el entusiasmo de siempre”, expresó.
Otra de las cosas que Juan Ramón contó de su mamá, es que siempre ha sido muy activa y movida, incansable “y le encantaba hacer todo caminando, así que seguramente eso tiene que ver mucho para que ella haya llegado a esta edad tan bien, y este sábado rodeada de todos sus seres queridos y amigos, y hasta con sobrinos que llegaron desde España para acompañarla en un día tan importante para ella, y claro, junto a sus tres hijos, sus 14 nietos y sus 6 bisnietos, una familia muy grande y hermosa la verdad”.
“Es curioso: mi hermana nacida en España tuvo ocho hijos -el último ahijado de Carlos Menem-; yo, que nací en Uruguay, tuve cuatro hijos; y mi hermano menor, que nació en la Argentina, tuvo dos, todos números par, como el mes en el que nació mi mamá abril (4), el día de su nacimiento (10) y el año en que nació (26), no sé, es como un detalle llamativo. El tema es que Carmen, mi mamá, cumplió 100 años y lo festejó a lo grande. Y esperamos -y creemos que será así- que siga cumpliendo y que continúe disfrutando de la vida y de su familia, y de su querida Villa María y amigos, donde es más conocida que la ruda macho, además de ser una de las mujeres que han hecho esta ciudad”, finalizó.
